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Cucarachas

Jesús Arturo del Bosque de la Peña

En el año de 1994 en Ruanda, país del continente africano, se perpetró un genocidio extremadamente cruel, como lo son todos los que ha sufrido la humanidad a lo largo de la historia, en el que se estima que más de 1 millón de personas fueron asesinadas, la mayoría de la etnia tutsi pero también se cuentan entre las víctimas miles de personas provenientes de las etnias hutu, twa y otras. Además de las víctimas mortales, hay que sumar a las más de 250.000 mujeres que fueron violadas, dejando al país africano con un trauma social de amplio alcance.

Si bien el conflicto hizo eclosión en 1994, ya existían antecedentes de enfrentamientos y matanzas entre los dos grupos étnicos mayoritarios del país: los hutus y los tutsis. Cuando Ruanda pasó a pertenecer a la órbita de Bélgica, tras la primera guerra mundial, los hutus ocuparon el escalón más alto de la sociedad y los tutsis el más bajo, revirtiendo el orden imperante durante el siglo XIX en ese país africano.

Tras el proceso de independencia de Ruanda y la definitiva descolonización, el primer brote de violencia entre las dos etnias principales estalló en 1956 y cientos de tutsis fueron masacrados a manos de los hutus. Por esos años se inició un proceso de huida de muchas personas que pertenecían a la etnia tutsi y a finales de los años 80 eran cerca de medio millón los ruandeses refugiados en Zaire, Tanzania, Burundi y Uganda.

El gobierno de transición conformado en 1993 por integrantes de ambas etnias y destinado a apaciguar el conflicto culminó con la muerte del presidente Juvénal Habyarimana, el 6 de abril de 1994, dando inicio a un periodo de masacres masivas y violaciones a cientos de miles de mujeres, lo que en pocos meses se conocería como el genocidio en Ruanda.

Se dice que, para que las cosas existan, han de ser nombradas, lo mismo las personas, los astros, las galaxias todas, si existen es porque les nombramos, el poder del lenguaje quizá, rebase muchas veces a nuestra comprensión, con señas, con ademanes y gestos, con palabras escritas y habladas, con imágenes que comunican, las personas pueden generar ambientes, modas, tendencias, algunas de sino positivo, otras, tristemente provocan situaciones y momentos de encono, furia incontrolable, agresiones verbales que desencadenan en agresiones físicas, es el lenguaje, como dijo el gran pensador, José María Pérez Gay, el limite del mundo de las personas.

En el ejemplo que nos ocupa, el genocidio en Ruanda, a los miembros de la etnia Tutsi, se les empezó a nombrar cucarachas, los soldados de la etnia Hutu, alienados, llenos de odio y con una crueldad inusitada, encontraban en esta despectiva manera de nombrar a los Tutsis, un elemento de asociación, simbiosis letal que derivaba en acciones crueles e inhumanas, asesinatos, violaciones, tortura, sin importar género, edad o condición física de las víctimas, es muy probable que, cuando llegaban a sus casas, los soldados de la etnia Hutu, lo hacían con la estúpida satisfacción del deber cumplido.

Quizá la comparación que a continuación desarrollaremos pueda parecer absurda o desproporcionada, si lo es, pero sirve de ejemplo que ilustra, lo que el lenguaje es capaz entre otros factores, de detonar y generar, situaciones que, en la mayoría de las veces se salen de control y terminan en hechos y acciones vergonzantes, crueles e inhumanas.

En nuestro país, a raíz de la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia de la república y desde antes, se ha desatado una campaña de odio y descalificación tanto al hoy presidente como a quienes junto con él, se convirtieron en protagonistas del cambio, “resentidos, chairos, peje zombis”, son algunos de los motes con los que se señala a este sector de la población que, por fortuna es hoy mayoría en el país, al presidente se le llama loco, pejelagarto, anciano, mesías tropical, dictador, populista y otras linduras que, el decoro no permite enumerar en esta colaboración, siempre en un tono de desprecio, en el cual se adivina el racismo y clasismo larvado por años de desigualdad social y económica en el que, las clases bajas han sido consideradas como analfabetas, incultas y prescindibles.

Es precisamente en las campañas electorales en las que se exacerban las pasiones y salen , más que en otras circunstancias, a relucir los mas bajos instintos y pasiones de las personas, y es en el lenguaje en donde se manifiesta y el que desnuda a los santurrones, a los políticos corruptos que gritan al ladrón al ladrón, a candidatos y candidatas mediocres e insulsas que, es en el uso de un lenguaje mal sonante y grosero, pretenden alcanzar una identidad con las mayorías del país, a juicio de los asesores, los intelectuales orgánicos, este lenguaje soez y vulgar le es atractivo al pueblo, a ese por el que sienten un enorme desprecio y sobre todo una falta total de conocimiento del mismo.

En días pasados irrumpió en el escenario electoral, el hoy gobernador de Nuevo León, Samuel García como aspirante a la presidencia de la republica bajo las siglas del partido Movimiento Ciudadano, esto causo una ira pocas veces vista de aquellos que, por ignorancia o soberbia, se sienten dueños de las voluntades de las clases medias, vieron en este acto de Samuel Gracia, una intentona por minarles éste, su mercado electoral, a decir de ellos, e iniciaron una confrontación verbal en todos los medios convencionales. Personajes como Vicente Fox, en un exceso y un  acto de misoginia, llamo Dama de Compañía a la esposa del hoy ex candidato de Movimiento Ciudadano, la influencer Mariana Rodríguez, lo cual le valió severas críticas de parte del esposo Samuel García y muchas personas mas que vieron o entendieron en este mensaje, un intento del expresidente Fox por denigrar la condición de la influencer, una de las voces que se indigno por tal atrevimiento fue la candidata del llamado frente opositor, Xóchitl Gálvez, esta descalificó los dichos del presidente Fox y terminó diciendo con enjundia, “si tocan a una, nos tocan a  todas”, hasta ahí muy bien.

Pero como es notorio y público, la consistencia no es precisamente una de las cualidades de la candidata de la derecha, a los pocos días, en un evento controlado en una universidad privada para personas de clase alta, al terminar su discurso, es decir, al terminar de leer su discurso, exhibió tres carteles, diciendo que se tendrá oportunidad de votar por tres opciones, “la disque nueva política” y exhibe unos tenis fosforescentes en alusión a la pareja Samuel García y Mariana Rodríguez, luego dijo o “la vieja política” y muestra un cartel con la figura de un gusano y un rostro que hace alusión a la candidata de la izquierda, la Dra. Claudia Sheinbaum, finalmente se muestra a si misma en un cártel diciendo “o por una vieja chingona”.

Es de nuevo el uso del lenguaje para generar ambientes de odio, de descalificación y desprecio, es el recurso de espíritus parcos de luces que, encuentran en estas expresiones denigrantes un extraño placer, es decir, no solo es un instrumento o parte de una estrategia política, es que así es la candidata de la derecha, majadera y vulgar, sin mayor propuesta que la mofa, el escarnio, una candidatura que se dirige al fracaso total, pero que en su infinita soberbia e ignorancia la candidata no advierte y se regodea en su propia mediocridad, no exagero si digo que, como los que llamaban cucarachas a sus enemigos, la candidata de la derecha llega a su casa igual, con la absurda satisfacción del deber cumplido, por fortuna este globo desinflado desaparecerá de la escena política, justo el tres de junio, a ver si alguien le toma una llamada o le invita un café, a ver quién.

JESUS ARTURO DEL BOSQUE DE LA PEÑA / Opinión / Saltillo, Coah. / Diciembre 5 De 2023.

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