
“Hablar de mi infancia es contrastante, porque hay recuerdos que atesoro profundamente, pero otros que quisiera no tener, recuerdos que me atormentan y que no pedí tener. Me divertía jugando con mis amigos y mis primos, hacíamos shows de talento y sin duda me gustaba brillar en el escenario improvisado en donde las únicas luces sobre el telón, eran los focos de la casa que de vez en cuando anidaban uno que otro bicho. Pero fue en la transición de los 5 a los 6 años cuando todo cambio. Aún no puedo poner todo en palabras, y a la fecha después de tantos años no logro entender ¿por qué a mí? Recuerdo que un día fui al baño y una vez ahí, él llego, se metió al baño y yo no entendía que pasaba, se comenzó a bajar el cierre de la bragueta y rápidamente me puse de pie e intente subirme el pantalón pero el no me dejó, comenzó a jalonearme, le dije que me estaba lastimando y nada cambio, comencé a llorar y me puso la mano en la boca y me pegó, me puso contra la pared y solo recuerdo que me dolía, y entre lágrimas y un intento de gritos le decía que me dejara, me hice pipi encima y luego el solo me aventó, y mientras se subía el pantalón me amenazó, entre lo que dijo mencionó cosas que a la fecha recuerdo. “Eres sucio” “Nadie te va a querer ahora, porque das asco” “Tu tuviste la culpa”. Eso solo fue el comienzo de múltiples abusos constantes, manipulación, amenazas, golpes, torturas. A partir de ahí fui cambiando, comencé a aislarme poco a poco, me sentía muy inseguro, orinaba la cama cada noche. Conforme íbamos creciendo los abusos eran peores y las amenazas aun más. Así que solo evitaba estar con él, evitaba ir a su casa, lloraba cuando me llevaban o me mandaban a su casa, prefería que me regañaran o incluso me golpearan por tal de no estar en algún lugar con él. Realmente era doloroso y es algo que te marca de por vida. Sentí alivio cuando dejó de hacerlo, cuando nos mudamos, pero como lo dije, te marca de por vida, no es algo que se olvide con el tiempo, es algo que llevas contigo como si fuera una cicatriz, aunque ésta no es visible. O, mejor dicho, no todos quieren ver. Cargué con esto muchos años en silencio, y hace apenas unos años lo pude decir en voz alta, creí que me liberaría, que el sería señalado, pero no fue él quien estuvo en juicio, fui yo. Fui yo por no decirlo antes, fui yo porque ¿Para qué hable? ¿Por qué le hice eso a la familia? Su familia quien también es parte de la mía lo protegió, hubo quien incluso dijo que si no lo dije antes era porque me gustaba. A su madre, mi tía se le debía cuidar y se le debe cuidar, porque se deprime, porque no hay que alejar a la familia, porque ella no tiene la culpa de haber criado a un violador y protegerlo. No hay que alejar a la familia porque total, ya hablé, ya me “desahogué” y entonces mi madre convive con ella como si nada. Aquí y para ellos la víctima es mas culpable que el culpable, no hay que desunir a la familia, hay que cuidar las apariencias. Ojalá hablarlo me quitara el dolor y los pensamientos que de pronto me atormentan, ojalá me quitaran el asco y me permitieran disfrutar de una sexualidad plena, ojalá no me sintiera como me siento, por que no ven las cicatrices, pero las tengo, y no pasan y no duelen menos con los años. No sabía que había un manual de cómo debe actuar la víctima y vigencia. Si alguien me puede decir cuándo dejaré de sentir esto y cuándo dejará de doler, estaría perfecto, porque realmente lo quiero saber. “Somos familia” a veces es algo tan absurdo porque ¿No éramos familia antes? ¿Yo no era de la familia o de su familia cuando ÉL DECIDIÓ abusar de mí? ¿En qué sí y en que no aplica el “somos familia”? Ya no pienso callarme, les puede parecer incomodo escucharlo o leerlo, pero les aseguro que no es más incómodo, doloroso y asqueroso que vivirlo“.
Este es solo un testimonio de los millones que existen, de los muchos que desafortunadamente conozco. El abuso sexual infantil es un problema alarmante que afecta a miles de niños en todo México. Según datos recientes, se estima que alrededor del 30% de los niños en México han sufrido algún tipo de abuso sexual, lo que representa una cifra impresionante que muestra la magnitud del problema.
Los lugares más recurrentes donde ocurre el abuso sexual infantil son el hogar, la escuela y los lugares de culto. Además, la mayoría de los agresores son personas cercanas a los niños, como miembros de la familia, amigos o conocidos. En muchos casos, los abusadores son personas en posiciones de poder, como maestros, entrenadores o líderes religiosos. Cuando la agresión sexual hacia un menor proviene de un miembro de la familia, la dinámica familiar puede cambiar dramáticamente. En muchos casos, hay un encubrimiento por parte de otros miembros de la familia, lo que hace que el menor víctima se sienta completamente aislado y desprotegido.
En algunos casos, los otros miembros de la familia pueden ser cómplices o actuar en contra de la víctima. El abusador puede amenazar a la víctima con represalias si habla, o puede tratar de manipularla emocionalmente para que se calle. En general, la víctima puede sentir que no tiene a nadie en quien confiar o buscar ayuda. Es importante señalar que la agresión sexual por parte de un familiar es un acto especialmente traumático para la víctima, ya que la persona que debería protegerla es la misma que la está lastimando. Esto puede dejar cicatrices psicológicas profundas, así como una pérdida total de la confianza y seguridad en uno mismo.
Es preocupante que la mayoría de los casos de abuso sexual infantil no sean denunciados. Se estima que solo alrededor del 10% de los casos son reportados a las autoridades, lo que significa que la gran mayoría de los niños que sufren abuso sexual nunca obtienen la ayuda y el apoyo que necesitan. El impacto que tiene el abuso sexual infantil en la vida de los niños es devastador. Puede causar traumas emocionales profundos que pueden durar toda la vida. Las víctimas de abuso sexual infantil pueden sufrir depresión, ansiedad y otros problemas psicológicos que pueden afectar su capacidad para llevar una vida normal y saludable.
La ley mexicana tiene medidas para prevenir el abuso sexual infantil y proteger a los niños, como la prohibición de difundir imágenes de menores de edad en actitudes sexuales explícitas. Además, hay penas severas para los agresores sexuales, incluyendo largas penas de prisión. Sin embargo, más allá de la ley, es importante que la sociedad en su conjunto tome medidas para prevenir el abuso sexual infantil y proteger a los niños. Se deben promover campañas educativas para que los niños aprendan a reconocer el abuso sexual y a denunciarlo, así como también sensibilizar a los adultos sobre los riesgos y las consecuencias del abuso sexual infantil. En conclusión, el abuso sexual infantil es una problemática que tiene un impacto muy profundo en la sociedad mexicana. La prevención, la protección de los niños y el apoyo a las víctimas son fundamentales para erradicar este flagelo y garantizar que los niños puedan crecer en un ambiente seguro, salvo y feliz.
@joss_espinoo
JOSS ESPINO / Tu Voz mi Voz / Ciudad de México / 16 de Mayo 2023.

