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El que tenga ojos que vea y el que tenga oídos escuche. Elecciones EE.UU. 2020 vs China

Dándose cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido?  TENIENDO OJOS, ¿NO VEIS? Y TENIENDO OIDOS, ¿NO OIS? ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Doce.… Marcos 8:18.

China dominará al mundo. Según el club de Roma, la economía del gigante asiático crecerá con vigor mientras que la estadounidense pasará a un plano secundario. Se dice que una empresa cuenta con poder de mercado cuando puede aumentar y mantener el precio de sus productos o servicios por encima del nivel que existiría en un mercado perfectamente competitivo. Debido al aumento del precio, puede reducirse la demanda.

El Club de Roma, Fundado en 1968, está compuesto por profesionales del mundo de la ciencia, la política y la economía, cuya tarea es identificar los principales problemas a los que se enfrentará la humanidad. Pronósticos globales para los próximos 40 años» apunta que Estados Unidos se deslizará pacíficamente a un «rol secundario» en la escena mundial, sobre todo por la incapacidad de sus gobernantes para actuar a largo plazo.

En los próximos 40 años Estados Unidos pasará a tener un “papel secundario» a nivel mundial y será reemplazado por China como “principal potencia del planeta”. Los cálculos políticos a corto plazo y la polarización del electorado dificultarán los logros de los legisladores estadounidenses en las próximas décadas, pronostica el estudio del Club de Roma, un think-thank que analiza los problemas a los que se enfrentará la humanidad en el futuro. (La voz de Galicia).

Por el contrario, el gobierno “autoritario” de China tendrá libertad para tomar decisiones a largo plazo sin ser entorpecido por el proceso democrático. Sus sistemas de gobierno difieren, diferirán y ayudarán a China a moverse más rápidamente cuando Estados Unidos esté luchando para mantenerse a flote», escribió el autor del informe, Jorgen Randers, miembro del Club de Roma.

Randers no cree que la lucha ideológica entre Washington y Pekín vaya a transformarse en un conflicto militar ya que históricamente «la ambición de China es ser independiente». La economía del gigante asiático crecerá con vigor mientras que la estadounidense se ralentizará, lo que supondrá un cambio en el nivel de vida en ambas potencias.

Sorprendentemente, los principales perdedores serán la actual élite económica global, especialmente en Estados Unidos», donde los salarios permanecerán invariables durante una generación y con una tendencia a la baja en los ingresos netos per cápita. Sin embargo, los pobres campesinos que actualmente emigran a las enormes ciudades chinas experimentarán en los próximos 40 años el aumento más espectacular en sus ingresos. En 2052, China contará con un producto interior bruto (PIB) per cápita de 56.000 dólares anuales, unas tres cuartas partes del nivel que tendrá Estados Unidos en ese momento.

China dominará al mundo. Según el club de Roma Algunos conocidos volvieron de China impresionados. Un producto  del que Brasil fabrica un millón de unidades, China, en una sola fábrica, produce 40 millones. La calidad es equivalente  y la velocidad de distribución impresionante. Los chinos colocan cualquier producto en el mercado en cuestión de semanas, a precios que son una fracción de los brasileños. Una de las fábricas se está trasladando al interior porque los salarios de la región en que se halla instalada son demasiado altos: 100 dólares.

Un obrero brasileño gana 300 dólares mínimo, que sumados a los impuestos y otros beneficios equivalen a 600 dólares. Cuando  los comparamos con los 100 dólares que reciben los chinos sin prácticamente ningún otro beneficio… nos hallamos frente a una esclavitud amarilla y la alimentamos… Luciano Pires columnista y conferencista brasileño. ¿Horas extra? En China… ¡Olvídelas! La gente allí está tan agradecida por tener un empleo que trabajan horas extra a cambio de nada.

Detrás de esta “situación” está la gran trampa china. No se trata de una estrategia comercial sino de una estrategia de “poder” para conquistar el mercado occidental. Los chinos se están aprovechando de la actitud de los “comerciantes” occidentales, que prefieren enviar a maquilar o tercerizar la producción  quedándose sólo con lo que le agrega valor: La Marca. Difícilmente podrá usted comprar en las grandes redes comerciales  de los EEUU  algún producto “made in USA”.

Todo es “made in China” con una marca estadounidense. Las empresas ganan montañas de dinero comprándole a los chinos por centavos y vendiendo luego por centenares de dólares. Sólo les interesa el lucro inmediato a cualquier precio. Aún al costo de cerrar sus fábricas y generar un brutal desempleo. Es lo que podría llamarse “la  estrategia del precio”. Mientras los occidentales tercerizan sus empresas y ganan en el corto plazo, China aprovecha ese enfoque para instalar unidades productivas de alto rendimiento para dominar en el largo plazo.

Mientras las grandes potencias mercantiles se quedan con sus marcas, con el diseño… en sus garras, los chinos se quedan con la producción, ayudándolos, estimulándolos y contribuyendo al desmantelamiento de los escasos parques industriales occidentales. Muy pronto ya no habrá más fábricas de calzado ni de zapatos deportivos en el mundo occidental.  Solo existirán en China.

De modo que en el futuro próximo veremos cómo los productos chinos aumentan sus precios produciendo un “shock manufacturero” como sucedió con el shock petrolero en los años 70. Y entonces ya será demasiado tarde. Entonces el mundo se dará cuenta de que levantar nuevas fábricas tendrá costos prohibitivos y deberá  rendirse al poderío chino. Se dará cuenta de que alimentó a un enorme dragón y se convirtió en su rehén.

Un dragón que aumentará gradualmente sus precios, puesto que será quien dicte las nuevas leyes del mercado y será quien mande, pues tendrá el monopolio de la producción. Ya que será también el dueño de las fábricas, de los inventarios, y de los empleos y regulará los precios. Nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos veremos una inversión en las reglas del juego actuales, lo que producirá en las economías occidentales el impacto de una bomba atómica… China. En ese momento cuando el mundo occidental se dé cuenta será demasiado tarde.

Ese día los ejecutivos occidentales mirarán tristemente las ruinas de sus antiguas fábricas, sus técnicos jubilados jugando a las cartas en las plazas y llorarán sobre la chatarra de sus parques industriales destruidos. Y se acordarán entonces, con mucha nostalgia, del tiempo en que ganaban dinero comprando “toneladas de mercancías de los esclavos” y  vendiendo caras sus “marcas registradas” a sus  compatriotas. Y entonces, entristecidos, abrirán sus despensas y se comerán sus marcas que ya estarán pasadas de moda y que por tanto habrán dejado de ser poderosas, porque todas habrán sido copiadas.

Otra de las conclusiones del documento del club de Roma es que la población mundial se estancará: alcanzará su punto álgido cerca de 2040 con 8.100 millones de personas y después comenzará a descender, debido a que quienes emigran a las ciudades suelen tener menos descendencia. Dentro de 40 años, 3.000 millones de personas seguirán siendo pobres, pero para la mayoría de la población la esperanza de vida superará los 75 años gracias a los sistemas de salud públicos.

Por otro lado, el informe de 374 páginas del Club de Roma apunta al aumento de los gases de efecto invernadero y la destrucción de la biodiversidad como una de las mayores amenazas para las generaciones venideras. Aunque «los problemas climáticos y de recursos no serán catastróficos antes de 2052, habrá «mucho sufrimiento innecesario» debido al aumento de las disputas sociales como consecuencia de los climas extremos.

El Club de Roma pronostica un aumento del riesgo de sequías en algunas regiones -como el centro de Estados Unidos, el norte de África y el Amazonas- mientras otras zonas se verán amenazadas por inundaciones. En estas áreas, la población podría no adaptarse lo suficientemente rápido a los cambios de las precipitaciones.

El Club de Roma además, aumentará el nivel del mar, lo que podría provocar el desplazamiento de millones de personas en algunas regiones costeras. También predicen intensos huracanes y el aumento de epidemias transmitidas por el agua. Según el Club de Roma, la actual respuesta al cambio climático «podría ser demasiado lenta», lo que podría poner al planeta en una senda «peligrosa e imparable» en la segunda mitad del siglo XX.

Randers, que comentó el informe en Rotterdam un día antes de su publicación, da algunas recomendaciones para aquellos preocupados por el futuro: mudarse a zonas no demasiado expuestas al cambio climático -como Europa central-, buscar trabajo en el sector de la eficiencia energética y animar a sus hijos a estudiar chino mandarín.

En un artículo de Macarena Vidal Liy publicado en el periódico El País puntualiza que el presidente chino, Xi Jinping, quiere que Pekín ocupe el vacío geopolítico que deja EE UU. Sus inversiones en diplomacia, armamento e inteligencia artificial lo prueban.

“Esconder la fuerza y aguardar el momento”. Deng Xiaoping, el gran protagonista del aperturismo económico chino, recomendaba mantener a China en un segundo plano en el escenario global, mientras el país luchaba por salir de la pobreza y dejar atrás el marasmo de 10 años de Revolución Cultural. Ya no; esa etapa ha quedado atrás. En la “nueva era” que ha proclamado el presidente Xi Jinping, China está decidida a ocupar el papel protagonista en el escenario mundial que, a sus ojos, le debe la historia.

De la mano de Xi, el líder más poderoso del país en décadas y que continuará en el poder más allá de los 10 años inicialmente previstos, quiere moldear el orden mundial para colocarse como referente, crear oportunidades estratégicas para sí y para sus empresas y legitimar su sistema de gobierno. Y ya no se recata en anunciarlo. “Nunca el mundo ha tenido tanto interés en China ni la ha necesitado tanto”, declaraba solemnemente el mes pasado el Diario del Pueblo, la más oficial de las tribunas oficiales de Pekín.

El momento actual —con un Estados Unidos que bajo la presidencia de Donald Trump ha abdicado de su papel de líder mundial, una Europa presa de sus divisiones, un mundo que aún arrastra las consecuencias de la crisis financiera de 2008— presenta una “oportunidad histórica” que, sostenía el comentario, “nos abre un enorme espacio estratégico para mantener la paz y el desarrollo y ganar ventaja”. La firma como “Manifiesto” indicaba que representaba la opinión de los más altos dirigentes del Partido. Esa ambición no es nueva: la catástrofe que fue el Gran Salto Adelante (1958-1962) vino provocada, al fin y al cabo, por la voluntad de Mao Zedong de convertir China en una potencia industrial en tiempo récord.

Lo que sí es nuevo es que ahora se proclame a viva voz, y cada vez más alto. En su discurso ante el XIX Congreso Nacional del Partido Comunista en octubre, cuando renovó su mandato para otros cinco años, Xi anunció la meta de convertir su país en “un líder global en cuanto a fortaleza nacional e influencia internacional” para 2050.

La fecha no es casualidad: para entonces, China ya habrá agotado su dividendo demográfico (ahora, la estructura de edad de su mano de obra, todavía relativamente joven, resulta beneficiosa para el crecimiento económico del país). A ojos de Pekín, China nunca ha tenido tan al alcance de la mano ese objetivo. La diferencia no solo la marcan las circunstancias geopolíticas o su auge económico.

También su situación interna: nunca, desde los tiempos de Mao, un líder chino había contado con tanto poder, ni se había sentido tan seguro en el cargo.

Pero si China hoy genera más simpatías que EE UU en numerosos países —incluidos aliados tradicionales de Washington como México u Holanda, según apuntaba el Pew Research Center en 2017—, su auge también suscita desconfianzas. Eurasia Group ha descrito la influencia de China en medio de un vacío de liderazgo global como el primer riesgo geopolítico para este año.

“Está fijando estándares internacionales con la menor resistencia jamás vista”, sostiene la consultora. “El único valor político que China exporta es el principio de no injerencia en los asuntos internos de otros países. Es atractivo para los Gobiernos, acostumbrados a las exigencias occidentales de reformas políticas y económicas a cambio de ayuda financiera”. Mención especial, entre otras cosas, merece la inversión china en inteligencia artificial: “Procede del Estado, que se alinea con las instituciones y compañías más poderosas del país y trabaja para garantizar que la población se comporte más como el Estado quiere. Es una fuerza estabilizadora para el Gobierno autoritario y capitalista del Estado chino. Otros Gobiernos encontrarán seductor ese modelo”.

Pero el tiempo corre, para Xi, para Pekín y para implementar las reformas. Uno de los grandes obstáculos que afronta el país es, precisamente, su rápido envejecimiento. La desastrosa política del hijo único hace que el dividendo demográfico se esté agotando. Pese al fin de la prohibición en 2015, la natalidad no tiene visos de repuntar. En 2020, 42 millones de ancianos no podrán cuidar de sí mismos y 29 millones superarán los 80 años. Todo un desafío para unos sistemas de seguridad social y de sanidad aún muy débiles.  Para 2050, cuando aspira a haberse convertido en una gran potencia, contará con 400 millones de jubilados.

Para entonces, deberá haber completado sus ambiciosos planes de reforma militar y económica; la prioridad será atender a ese gran segmento de población envejecida. El plazo de “oportunidad estratégica” habrá expirado. La nueva era de Xi tiene, por tanto, prisa. Hoy puede movilizar a la población en busca del sueño chino; mañana podría ser tarde. En unos años, esta nueva era puede haberse quedado demasiado vieja.

Reflexionen y comiencen ya a comprar productos de fabricación nacional, fomentando el empleo en su país, por la supervivencia de su amigo, de su vecino y hasta de usted mismo… y, sobre todo, la de sus descendientes. Piensen además: ¡estamos alimentando hoy al dragón que nos clavará los dientes en el futuro! el que tenga ojos que vea y el que tenga oídos escuche.

Dándose cuenta Jesús, les dijo: ¿Por qué discutís que no tenéis pan? ¿Aún no comprendéis ni entendéis? ¿Tenéis el corazón endurecido?  TENIENDO OJOS, ¿NO VEIS? Y TENIENDO OIDOS, ¿NO OIS? ¿No recordáis cuando partí los cinco panes entre los cinco mil? ¿Cuántas cestas llenas de pedazos recogisteis? Y ellos le dijeron: Doce.… Marcos 8:18.

 

Monterrey, Nuevo León

Diciembre 14, 2020

 

ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS

Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García

E-Mail: ferdelafuenteg@gmail.com

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WhatsApp: 4444-16-9864

EL QUE TENGA OJOS QUE VEA Y EL QUE TENGA OÍDOS ESCUCHE ELECCIONES EE.UU. 2020 VS CHINA.

FERNANDO DE LA FUENTE / Entre griegos y troyanos / Monterrey, N.L. / Diciembre 12 de 2020.

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