
Koala, irónicamente significa «color ceniza», cenizas que se desvanecen en este mar de desilusión, de egoísmo y locura que es el mundo gracias a los humanos, porque somos partícipes tanto por contaminar, sobre poblar y sobre consumir desde nuestro ancestros (aquellos que masacraron sin temor alguno a 8 millones de koalas con tal de portar sus pieles), así como aquellos que fueron partícipes de los incendios, pues directa o indirectamente, lo hemos hecho, paulatinamente, y no solo con los koalas, con otras especies, con nuestra misma especie.
Guerras, lo que nos antecede, lo que ha definido la generación de nuestros padres y para algunos abuelos (baby boomers) y nuestra propia generación, y que nos ha definido no sólo como el fruto de los sobrevivientes si no como una huella de lo que nos destruye más sin embargo, la prueba de la maldad y la ambición que aún permanece en nuestra especie y desde los primeros conquistadores de nuestro mundo moderno.
¿Será que la extinción y la guerra son el fin de nuestro mundo como también lo fue el inicio del mismo con los dinosaurios y las cruzadas?
¿Será que nos importamos más nosotros mismos que nuestro propio hábitat?
¿Qué buscan quienes extinguen, quienes hacen la guerra, quienes generan caos, quienes no saben bien quién son?
Reconocimiento, tal vez, respeto?, una forma retorcida de orgullo y ego?, simplemente no lo quisiera entender, pues estaríamos hablando de aceptar lo que aparentemente es nuestra humanidad, esta última palabra siempre con un un significado alterno intrínseco al menos en la mente de las personas, como si ya se diera por un hecho, la dignidad. Pero en su misma definición se concluye que no es lo mismo, ya que la dignidad habla de pensar en los demás también, de respeto ajeno y a si mismo, mientras que la humanidad es la capacidad de sentir comprensión o afecto por los demás.
Por qué por supuesto todos podemos amar pero no todos tenemos la capacidad de pensar primero en las consecuencias de nuestras acciones para con los demás antes de ejercerlas y de pensar en los demás antes que en nosotros, no existe esa empatía, no respetamos ni nuestro cuerpo, ni nuestro hábitat, ni nuestros compañeros y por consecuencia ni a nosotros o nosotras mismas.
ROXANA OLVERA / Cara o cruz / San Luis Potosí, S.L.P. / Enero 8 de 2020.

