
Hay historias de la vida de los migrantes que te erizan la piel, así lo pude constatar la última vez que fui de visita a la Casa del Migrante, aquí en San Luis Potosí.
Pude ver a una joven con su niño de pocos meses de nacido en brazos, una mujer que fue engañada por su pareja y luego de quedar embarazada, al poco tiempo fue abandonada. Y así comenzó la historia de vida de un bebé que tiene ahora más de 150 familiares residiendo en su hogar, el Hogar del Migrante.
Su madre se ve obligada a trabajar para sacar adelante la vida de su hijo, al igual que quien la empleé deberá aceptar que acuda al lugar de trabajo acompañada de este nuevo connacional mexicano.
El niño y su madre, gracias a los donativos que llegan a la Casa, tienen lo indispensable para vivir y sobrevivir, pero por mucho se ven vulnerados sus derecho humanos inherentes a la niñez, la maternidad, a la salud, al libre esparcimiento, a la calidad de migrante de la madre, a la nacionalidad, al simple hecho de ser un nacido mexicano.
El fenómeno migratorio es sin duda algo que tendrá que estar en la agenda política y social de todos los ciudadanos, un fenómeno que no deja de ser latente y más aún, alarmante en nuestro territorio nacional.
No olvidemos que el dicho fenómeno migratorio resulta inherente al hombre, y más cuando se vincula al instinto de sobrevivencia. Así como desde la Segunda Guerra Mundial, la inmigración más característica sigue siendo la causada por factores económicos.
Este movimiento voluntario entre naciones, y como apunta el medio electrónico 20 minutos, se aprecia principalmente entre la población joven, que llega a su nuevo destino a establecerse para trabajar y así prosperar.
Como la historia de esta familia monoparental, hay muchas más escalofriantes y conmovedoras y son las que cohabitan en el medio de las paredes que ocupa la Casa, historias que deben sensibilizarnos y ocuparnos como ciudadanos, como seres humanos.
ALEJANDRO ZEPEDA LÓPEZ-MENDÍA / Adigma / San Luis Potosí, S.L.P. / Abril 10 de 2018.

