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¿Está México al borde de la quiebra?

¿Está México al borde de la quiebra, dando dinero que, no produce riqueza?

México atraviesa un momento económico complejo que merece atención y debate serio. Aunque el discurso oficial suele resaltar indicadores de estabilidad macroeconómica, la realidad cotidiana de millones de familias y empresas refleja una presión financiera creciente: menos dinero alcanza para más gastos, el crédito se encarece y la incertidumbre limita la inversión.

Uno de los factores más preocupantes es el limitado crecimiento económico. Una economía que avanza lentamente genera menos empleos formales y, este es el mejor programa social, en nuestro País. Caen empleos, hay menores oportunidades de expansión empresarial y una recaudación fiscal más débil. Cuando el crecimiento es insuficiente, el Estado enfrenta mayores dificultades para financiar infraestructura, salud, educación y seguridad sin recurrir a mayores niveles de endeudamiento o ajustes presupuestales, siempre indeseables los dos caminos.

A ello se suma la presión sobre las finanzas públicas. El aumento del gasto gubernamental, los compromisos sociales, los proyectos de infraestructura de gran escala y la necesidad de sostener apoyos en un contexto de desaceleración económica han elevado la discusión sobre el déficit fiscal y el manejo de la deuda pública. El desafío no consiste únicamente en gastar, sino en gastar mejor y con mayor transparencia. La República lo necesita hoy más que nunca.

La inflación, aunque más moderada que en años recientes, dejó secuelas importantes. El costo de vida sigue afectando el poder adquisitivo de las familias mexicanas. Productos básicos, vivienda, transporte y servicios representan una carga más pesada para amplios sectores de la población, especialmente para quienes viven al día o tienen ingresos fijos.

Las empresas tampoco son ajenas a este entorno. Pequeños y medianos negocios enfrentan mayores costos operativos, dificultades de financiamiento y un entorno regulatorio que muchos consideran incierto. Sin inversión privada sostenida, difícilmente se puede construir una economía robusta y generadora de empleo.

Sin embargo, hablar de la mala situación financiera del país no debe convertirse en un ejercicio de fatalismo. México mantiene fortalezas importantes: una posición geográfica estratégica, integración comercial con Norteamérica, capacidad industrial y una población joven con potencial productivo. El problema es que las oportunidades no se transforman automáticamente en bienestar; requieren reglas claras, certidumbre jurídica, disciplina fiscal e incentivos para producir e innovar. Todo ello de la mayor trascendencia.

La pregunta no es si México puede salir adelante. La pregunta es cuánto tiempo estamos dispuestos a perder antes de construir consensos que permitan estabilidad, crecimiento y confianza. Las economías no mejoran por discurso ni por improvisación: mejoran con responsabilidad, visión de largo plazo y decisiones que privilegien el interés nacional por encima de la coyuntura política.

@jaimechalita

JAIME CHALITA ZARUR / Espacio de Reflexión / San Luis Potosí, S.L.P. / Mayo 21 de 2026.

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