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Los derechos políticos también son derechos humanos

 

“Todos los seres humanos nacemos libres e iguales”. Este enunciado tan sencillo pero a la vez tan profundo, resume la búsqueda histórica e incesante de la humanidad, por acercarse a que las libertades y la igualdad se vuelvan una realidad palpable.

Así, podemos repasar cientos de episodios y gestas heroicas en muy distintos sitios de nuestro planeta, en donde la lucha por los derechos, por la libertad y la igualdad han sido las banderas que apuntalan esas luchas. Y cuando estas triunfan se ha pretendido que tan altos valores queden plasmados en los documentos más importantes de los pueblos, sus Constituciones.

Y entonces una vez consagrados en tan magnos textos, se reconocen también derechos que permitan construir Estados sólidos que los preserven a través de mecanismos de inclusión y participación para sus ciudadanos precisamente en condiciones de igualdad para todas y todos.

De ahí, la importancia de reconocer que los derechos políticos también son derechos humanos, y es que, ya lo decía Aristóteles: el hombre es un animal político, luego entonces por más que escuchemos personas que nieguen su interés por la política, no es posible abstraerse ni ser ajeno a lo que le ocurre a la sociedad en la que se vive, pues la política es inherente a la persona.

Vendrán para este país en los próximos meses, “tiempos políticos”,  aunque validando la premisa del párrafo anterior, “si todas las personas somos entes políticos ergo todos los tiempos también son políticos”; por ello sería más correcto aseverar más bien, que lo que se aproximan son “tiempos electorales”, y en este contexto precisaríamos aún más: “vienen tiempos de ejercer derechos, derechos políticos.”

A nivel constitucional, convencional y legal, en México tenemos reconocidos estos derechos, que no sólo se reducen al de votar y ser votado, derechos tan valiosos entre otros como el de petición, reunión, asociación, manifestación, expresión que, en conjunto se convierten en herramientas para tomar las decisiones más trascendentes, pues aunque suene exagerado, estas decisiones cambian la vida de las personas.

Por tanto, la reflexión para los tiempos que se aproximan, consiste en asumir que los derechos políticos también son derechos humanos, que son además fundamentales y por ende justiciables pues están previstos de un andamiaje jurídico para su protección, que los partidos y agrupaciones son entidades de interés público formadas por ciudadanos, pero sobre todo reflexionar que la buena política, la que mejora la vida de las personas, empieza por el conocimiento y reconocimiento de nuestros derechos, como el motor generador de sociedades críticas, participativas, propositivas  y transformadoras.

Que no nos gane la apatía, ni nos derrote el pesimismo, ejerzamos nuestros derechos humanos y no perdamos la oportunidad de contribuir a mejorar nuestro entorno.

Es cuanto.

@PRESIDENTEDHSLP

JORGE ANDRÉS LÓPEZ ESPINOSA / La Opinión del Ombudsperson / Agosto 15 de 2017.

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