¿Puede extrañar que la prisión se asemeje a las fábricas, a las escuelas, a los cuarteles, a los hospitales, todos los cuales se asemejan a las prisiones?
Michel Foucault.
El motín que en vísperas de navidad se verificó en el penal de La Pila no significa que la inseguridad y autogobierno en las cárceles sea privativo de San Luis Potosí. Sin ánimo de justificar lo injustificable debe leérsele totalmente inscrito en el contexto nacional en donde miles de éstas manifestaciones se realizan año con año. No se trata de asumir la actitud de que “mal de muchos consuelo de tontos” y menos aún quitarle culpas a quien las tenga. Culpables los hay en cada uno de esos motines que soloen el año 2011 la Secretaría de Seguridad Pública Federal calculó en más de 3200.
El último de La Pila fue atribuido por las autoridades estatales a varias y diversas causas que durante los días en que se estuvieron presentando las reyertas, iban modificándose de la boca de un funcionario a la de otro: así, se habló del ingreso de un reo conflictivo y peligroso que inquietó sobremanera a los reclusos; también de una disputa por plazas de trabajo en la carpintería; y se argumentó como causal la falta de medicamentos denunciándose que el proveedor es familiar de un directivo.
Si juntamos todas esas causales tampoco tendremos la solución, aunque no deben excluirse del análisis como las gotas que derramaron el vaso. Lo que sucede en San Luis y en todos los Estados de la República, en los Penales Distritales, Estatales y Federales es el reflejo de varios factores insoslayables:
El uso irracional e intensivo de la cárcel, porque en la realidad no existen sanciones alternativas, ya que las multas y sanciones pecuniarias que los Códigos Penales establecen, no representan más que en muy pocos casos alternativa para los acusados ante las circunstancias económicas obvias y porque existe una justicia retributiva que no es otra cosas que la venganza social contra el reo a quien hay que darle precisamente lo que se merece, y lo que se merece tiene que ser del tamaño de la indignación social, de la apreciación de los periodistas de nota roja, de la valoración de un impacto social medido por burócratas detrás de un altero de expedientes.
Así tenemos que los 242 mil prisioneros (con cifras de 2013) el 58.8% cumplen condenas por delitos comunes y menores; ahí habrá que considerar que 60% de los reos lo son por delitos contra la salud, 38.5% de los casos se trata de posesión simple y de ellos el 58.7% se refieren a la marihuana (datos del CIDE) Muchos de ellos fueron errónea o dolosamente condenados por posesión de marihuana sin que en realidad el gramaje de esa sustancia excediera los limites internacionales para consumo personal que son 28 gramos, cuando en México creemos que más de 5 gramos le “causan un gran daño a la sociedad”, seguramente más importante que la manutención del reo.
Aquí vale recordar que la manutención de reos en el país nos representa diariamente un gasto de 32 millones aproximadamente. También se calcula que 97 mil no han sido condenados; así mismo los Código Penales y Leyes especiales deben ser revisados con sus procedimientos; los Consejos de Judicaturas deben ser auténticos garantes de una verdadera impartición de justicia y sus componentes no pueden ser entresacados del mismo cuerpo de funcionarios judiciales para no trasladar los vicios e intereses, cuatismo y nepotismo que repercuten en solapar la corrupción y la negligencia; deben establecerse las sanciones alternativas de trabajo a la comunidad y rectificar sanciones exageradas para delitos patrimoniales.
El déficit de 50 mil espacios, la cifra de 722 riñas, 316 muertes, 320 fugados, 50 homicidios, 83 suicidios y 107 huelgas de hambre, tan sólo en un período entre 2010 y 2011 registrados oficialmente por la SSPF, hablan también de los embates de neoliberalismo, de un modelo económico en el que el Estado suelta las riendas, vende y empeña fuentes estratégicas justificándose en leyes de mercado que no operan por la corrupción, por los rescates y proteccionismo para los que de por si son muy poderosos.
Las cárceles son cajas de resonancia de lo que ocurre en la sociedad: negocios y corrupción, violación de derechos humanos, justicia tardía; la ley del más fuerte en todo su esplendor. Si las cárceles reflejan los problemas de la sociedad habrá que hacer algo de raíz… tantos motines AVISAN.

