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Fuero ¿Para qué Sirve?

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GABRIEL GAYOSSO BERMAN / La Cicuta / San Luis Potosí, S.L.P.

“Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento”. Abraham Lincoln (1809-1865) Político estadounidense, decimosexto presidente de los Estados Unidos.

La política, puede definirse como una manera de ejercer el poder, con la intención de resolver o minimizar el choque entre los intereses encontrados que se producen dentro de una sociedad.

Es decir, el ejercicio del poder público para lograr la conciliación de los diversos beneficios particulares y grupales, dentro del tejido social, buscando la mejor solución que ayude a la mayoría de los integrantes de esa sociedad.

Por ello, el político o servidor público que asume las decisiones necesarias para lograr estos objetivos, deberán tomar en consideración, siempre y casi en todos los casos, los intereses generales de la sociedad, anteponiendo las ventajas de grupos o personales, particular y esencialmente, las propias.

Ahora que la contienda electoral del proceso 2015 se está definiendo, vemos con admiración, cuantas personas, en una considerable cantidad, están dispuestas a “sacrificarse” por el bien común.

Muchos y variados personajes, hombres y mujeres, se aprestan a, primeramente, mostrar a los partidos políticos y posteriormente a la ciudadanía, sus virtudes y cualidades, claro, las mejores, que son trabajadores, honestos, probos, castos y puros, transparentes, y sobre todo comprometidos con los necesitados y los que menos tienen, según ellos y ellas.

Lógicamente, seria malévolo e insano pensar, que su intención principal sea obtener una jugosa dieta económica sin el menor esfuerzo, que su actividad legislativa o administrativa consista en elucubraciones permanentes sobre como componer el mundo, claro a su beneficio; la oportunidad de contar con información privilegiada que no llega al vulgo, para realizar jugosos negocios o ayudar a parientes y amigos cercanos, obtener alguna ganancia extra ante tan precarios emolumentos y sobre todo, ejercer el poder público con equidad, justicia, solvencia y ética, pero nunca, jamás, en beneficio propio.

O en el peor de los malos pensamientos que el ciudadano común pudiese tener, sea el objetivo la búsqueda de un mal llamado Fuero, para protegerse de la acción de la justicia por irregularidades, tropelías, ilícitos y acciones indebidas cometidas en el desempeño de algún cargo o responsabilidad pública anterior, gozando de la impunidad gubernamental e institucional.

Así tenemos que abnegados alcaldes provincianos buscan afanosamente, por cualquier color o posibilidad, llegar a sentarse en una curul en el Congreso local o federal; como legisladores federales y locales ansían su importante presencia en el Congreso o en la silla presidencial del algún Ayuntamiento, pero todos con el único y muy importante objetivo, de servir a sus conciudadanos.

Los incipientes políticos, ciudadanos de a pie, que pretenden incursionar por primera vez en esta abnegada y sufrida carrera que es la política, se conforman con una regiduría o sindicatura, aunque esta última, está reservada, en algunos casos, para profesionales del Derecho, pero siempre, debiendo aparecer en la lista de salarios llamada nómina.

La cuestión es participar en aras del servicio, la entrega, el cumplimiento de la responsabilidad ciudadana que se encuentra plasmada en el Artículo 35, fracción II de nuestra Carta Magna.

Seria malévolo pensar, que en algunos casos, personajes que han detentado un cargo público buscarán la protección constitucional que otorga el Fuero, para no responder de algunas pequeñas conductas ilícitas, sin mayor importancia, cometidas durante el desempeño de su función.

La doctrina jurídica clásica concibe al fuero como aquella prerrogativa de senadores y diputados -así como de otros servidores públicos contemplados en la Constitución- que los exime de ser detenidos o presos, excepto en los casos que determinan las leyes, o procesados y juzgados sin previa autorización del órgano legislativo al que pertenecen.

Y como dice el viejo refrán popular que “los burros se buscan para rascarse”, pues resulta casi imposible que un legislador o algunos de los servidores públicos que se amparan en esta figura jurídica, sea desaforado, procesado y juzgado, máxime si la denuncia se efectúa por parte de la ciudadanía, porque si sale de dentro del sistema, la celeridad en la procuración e impartición de justicia, es asombrosa.

Y en muchas e incontables ocasiones, el mal interpretado fuero, ha servido para que viles delincuentes ordinarios, se sustraigan de la acción de la justicia, evadan la detención y hasta el proceso penal; que actúen con impunidad y desfachatez superlativa, amparados en el cargo legislativo o concejil que ostentan.

Afortunadamente, en la actualidad, las redes sociales han sido y siguen siendo, el medio barato, efectivo, común y a la mano, con el que dispone la población para dar a conocer las irregularidades, anomalías y delitos que comenten los funcionarios y empleados públicos, muchas veces sin que medie una denuncia formal y se active el aparato de impartición de justicia, pero el descredito público se hace patente y, en ocasiones, viral.

Es la credibilidad y la confianza, la principal carencia que gozan nuestros ilustres políticos.

Incursionar en la actividad política partidista es sinónimo de holgazanería, desfachatez, despilfarro, abulia, tráfico de influencias, ignorancia de la ley e impunidad, corrupción, mentira y muchas otras finesas más que los distinguen como una casta privilegiada.

Pronto tendremos completo el ramillete de excelsos ciudadanos dispuestos a sacrificar sus más altos valores en pro de la igualdad, la equidad, la transparencia, el bienestar y la seguridad pública. Prestos a tratar de convencernos de todas sus virtudes y bondades, y de demostrarnos que el erario, el dinero público que puedan administrar o meterle mano, servirá para nuestro beneficio, con tarjetas de prepago de vivieres, televisores de pantalla plana; gorras para el incandescente sol, tortas de jamón con jitomate, bebidas refrescantes con sabor a frutas, y transporte en viejos y folclóricos autobuses o vehículos de amigos.

En tanto, ellos se presentaran con vestimenta informal, con las mangas arremangadas, con la sonrisa a flor de labios, saludadores con excesiva familiaridad y confianza, trasportados en vehículos recientes, lustrosos, consumidores de cantidades enormes de combustible, rodeados de un sequito de individuos que estarán al pendiente de que se le puedan acercar, pero sin ensuciarlo, muchos menos hacerle alguna sugerencia o reclamo que pudiese ensombrecer tan distinguida visita, pues, una vez que logren su propósito, solo se le volverá a ver en los medios de comunicación, cual figurín o galán de telenovela, o emula de la mujer mejor vestida de México, o sea, algún apodo de avecilla; o dentro de otros tres años, cuando vuelva a buscar el sufragio.

Para los dos o tres lectores de estas líneas, les sugiero que no atendamos tanto al colorido de los pendones, las cachuchas, los mantelitos, los delantales o las mantas donde se exhibirán fotografías, debidamente retocadas; de los aspirantes a candidaturas; ni tampoco despreciemos los 200, 300 o hasta 500 pesos que estarán ofreciendo por un voto a su favor; ni los electrodomésticos o los paquetes de construcción o laminas; atendamos más bien a las propuestas racionales y objetivas; al desempeño anterior de quienes quieren repetir en esta abnegada labor, a conocer si sigue viviendo con la modestia que un salario bien devengado logra; si aún conserva a su familia o ya la cambio por una nueva, vistosa, arreglada o despampanante damisela, toda fashion, que ahora lo acompaña y lo aconseja.

Veamos si realmente pretende servir a la población, a la ciudadanía, a su tierra y a su gente, si no se ha olvidado de sus compañeros y amigos de juventud, de antes de incursionar en esta fascinante cruzada, y, por último, si después de que lo vimos, saludamos, abrazamos y nos sentimos convencidos que es la mejor opción, aun conservamos la cartera.

Comentario: La realización de la Reunión Regional de Seguridad en esta ciudad, pudiese ser un mensaje de que, cualquier ave de rapiña, del color del plumaje que sea, deberá estar pendiente de que el largo brazo de la justicia no le llegue; pues, aunque no se tenga ya en funciones al Gobernador, Procurador y Secretario de Gobierno real, la seguridad pública no se negocia.

Comentario 2: Dice un comentario que Napoleón Bonaparte utilizaba, en combate una camisa color rojo, para que en caso de que fuese herido, la sangre no se notase y su ejército no cayera en desanimo. También comentan que durante su campaña Enrique Peña Nieto, utilizo una camisa blanca y un pantalón café, por aquello de las dudas.- ¿Será por ello que así se viste el candidato priísta?

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