LORENA PURATA / Expresiones / San Luis Potosí, S.L.P.
¿Alguna vez te ha dado un ataque de ansiedad? O por lo menos ¿Sabes lo que es un ataque de ansiedad?
Inicio aclarando que NO soy psicóloga, ni terapeuta, ni médico, sólo soy una persona que ha padecido depresión y ansiedad; normalmente leemos la versión profesional ante estas enfermedades, me gustaría compartirte el otro lado de la moneda.
La primera vez que me dio un ataque de ansiedad, me encontraba bañándome, más o menos tendría yo unos 8 años cuando sentí una desesperación inexplicable, acompañada de una taquicardia espantosa; no supe entender que me pasaba, y tuve miedo de compartirlo con alguien, así que lo deje de lado, y no le di la menor importancia.
El próximo encuentro con esa inexplicable situación apareció 20 años después, en unas vacaciones familiares, con mis hijos pequeños, y empecé a sentir un miedo terrible, porque estaba lloviendo y me encontraba en la playa. Mi mente se salió de la realidad y comencé a pensar desastres naturales, que me llevaron a actuar como si realmente estuvieran sucediendo… LOCURA TOTAL, poniéndoles flotadores a mis hijos en un cuarto de hotel en el 12º piso.
No te asustes, es difícil compartir todo esto, por esa parte tonta de todo ser humano de ser juzgada, créelo hoy no me interesa si soy juzgada, ojalá mi experiencia pueda servirle a alguien.
Bueno….siguió la vida y con ellos más frecuentes los ataques de ansiedad acompañados de una tristeza inexplicable aparentemente.
Qué difícil es pedir ayuda cuando literalmente no sabes que te sucede; fue lo que me pasó.
Visitas continuas con médicos para que alguien me explicara qué era lo que me sucedía, me daba miedo incluso compartirle al psicólogo en turno (porque vaya que pase por varios) que eso que me sucedía era como si quisiera matarme, era algo o que me mataría o me volvería loca, y como verás ni me mato y… La locura, creo que es parte de mí, jajaja.
Después de mucho tiempo acepté que eso que me sucedía eran gritos desesperados de mí verdadero ser, que por tanto tiempo estuve ocupada tratando de ganar la aceptación de las personas, que no me daba cuenta que me estaba perdiendo.
Eran señales que fueron apareciendo lentamente y que no les tomé importancia, como un dolor de cabeza, un insomnio prolongado, un llanto inexplicable, un alejamiento de la realidad de mi vida, viviendo la vida de… No sé de quién pero no era la mía.
Y no hice caso… Continué con el mismo ritmo de vida, hasta que las señales aumentaron, repentinamente me empezaba a temblar un ojo, se me tapaban los oídos y veía destellos amarillos, sudaba frío, y aun así dije… No pasa nada.
Por momentos, perdía el apetito, obvio bajaba de peso, y poco podía yo concentrarme en algo. Medicamente me diagnosticaron con depresión crónica, familiarmente me victimizaban diciendo: “pobrecita”. Socialmente probablemente la mayoría decía… “Está loca”.
La verdad es que yo misma creía estarme volviendo loca, mi mente racional no alcanzaba a entender lo que estaba pasando, hasta que me rendí, o más bien tuve que rendirme si quería vivir de otro modo, aunque ese otro modo, no lo conocía, ni sabía que existía.
Mi forma de evadir esos ataques de ansiedad y depresión durante mucho tiempo fue, haciendo ejercicio en exceso, tomando unas copitas de más para adormecer o simplemente olvidar esa inquietud espantosa, fumando, limpiando mi casa una y otra vez exageradamente, peleando con mi realidad queriendo tener la vida de otras personas… en fin TODO lo que me fugara, servía.
Pero bueno me decidí enfrentar mi realidad y por una vez en la vida escucharme, no escuchar a los demás, si no a mí. Quitarme todas las máscaras que aprendí a utilizar, que hoy entiendo, lo hice para sobrevivir, me di cuenta que necesitaba evolucionar, dejar atrás el pasado, dejar de culpar, entendí que necesitaba hacer cambios profundos dentro de mí, aceptar que no sabía vivir, que no estaba disfrutando de esa maravillosa oportunidad de estar viva, no me sentía plena, fue difícil, muy difícil de hecho sigo trabajando en ello.
Te preguntarás si no he vuelto a vivir esos episodios, y mi respuesta es Sí, pero ya no siento que voy a morirme, me tranquilizo, trato de sincronizar mis respiraciones, y cada vez me asusto menos, me doy cuenta que algo de mi vida no debe andar bien y por eso es que vuelven a aparecer las señales.
Que ¿Cómo le he hecho? Lo primero ha sido acercarme a Dios, a tener una vida espiritual, tratando cada día de no buscar la aceptación de los demás, de no buscar seguridad en otras personas, de no responsabilizar a nadie de mi felicidad o de mi supuesta desdicha. Ha sido necesario hacerme responsable de mi vida, y más necesario aun salir de mi zona de confort, aunque dolorosa, era donde sabía desenvolverme, en lo conocido, aunque me hiciera daño.
Día a día me deshago de creencias que no me ayudan y que me limitan, trato de perdonar, de quitar de mi alma cualquier tipo de resentimiento que haya estado guardando por años, aprendo a ponerle límites a las personas que me lastimaron, he aprendido a decir “no” o decir “sí, cuando es necesario, ya no mendigo que me quieran, ya no necesito tener necesariamente alguien a mi lado para ser feliz, me he decidido a cuidar mi cuerpo, mi alimentación, mi mente, no es trabajo fácil, pero quiero dejar de ser tan severa conmigo, quiero realmente aprender a vivir y luchar por una vida plena, sé que todas esas señales no han sido más que yo misma gritando desesperadamente desde el fondo de mi corazón.
Hoy sé que se puede vivir diferente, Dios ha puesto en mi camino personas maravillosas que me han ayudado en este caminar, sé que los miedos, tengo que enfrentarlos, mirarlos cara a cara y vencerlos día a día con voluntad, con apoyo con ganas de vivir, con Dios.
De lo que estoy plenamente convencida es que todos merecemos ser felices, la vida es una aventura que merece vivirse.
Te abrazo.
Dios te bendice.

