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¿MAFALDA EN MEXICO? El peligro de la Represión y el Estado autoritario

PEDRO OLVERA VÁZQUEZ / Retruécano / San Luis Potosí, S.L.P.

Los cincuentas años de Mafalda, la famosa caricatura de Quino dedicada a hacer conciencia y denuncia social, constituyen una celebración global y no sólo de Argentina como su país de origen.
Esta conmemoración constituye una posibilidad de reflexión y reafirmación de valores que son actitudes cada vez más necesarias  y al mismo tiempo más escasas; más raras en nuestro país frente a la perdida de nuestra capacidad de asombro, sobre todo frente a los excesos del poder.

pedro-olvera-130x90Mafalda, con todos sus personajes y su discurso constituyó durante  mucho tiempo los ojos y gritos de inconformidad de argentinos  en sus inicios; latinoamericanos y gente de todo el mundo después.

Su actitud rebelde, sarcástica e irreverente frente a lo establecido y lo que resultaba común y convenientemente aceptado; su denuncia implícita contra la represión y el autoritarismo representaron y representan aún una esperanza sobreviviente que se contiene en la critica imparcial y objetiva que también resulta hoy tan escasa y rara.

Al pensar en Mafalda hoy en México, tendríamos que preguntarnos cuántas Mafaldas y críticas imparciales nos hacen falta para comentar lo que no se quiere ver, para denunciar lo que nos asusta, para socializar el debate, para investigar más, comunicarnos más, informarnos unos a otros, para evidenciar las fallas, para reconocerlas; descreer para poder volver a creer; Para pensar…precisamente para pensar.

Y es que hoy en este país y nada más en estos últimos días y hasta donde se nos deja ver han ocurrido hechos que de verdad pondrían muy saltones los ojos de Mafalda y los del propio Quino, más no estoy seguro que suceda lo mismo con todos los mexicanos: en el Municipio de Tlatlaya, en el Estado de México, se da un supuesto enfrentamiento entre un grupo  de delincuencia organizada y miembros del Ejército Mexicano, del cual se deriva la muerte de 22 civiles y presuntos delincuentes sin ninguna baja para el Ejercito. El Gobernador Eruviel Ávila felicita públicamente a las fuerzas armadas al informar del hecho “heroico y valiente” en el que participaron. Poco después surgen datos y testimonios contundentes para suponer que se trata de una ejecución y hasta fusilamientos, mientras que Organismos Internacionales como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y Amnistía Internacional manifiestan su condena a tales actos de represión y ejecuciones extrajudiciales. La ONU hace publicas dos condenas y recomendaciones al Estado Mexicano. Una de ellas prescribe proteger decidida y urgentemente a una testigo de los hechos pues teme por su vida. La prensa AP ( Prensa Asociada) prestigiada agencia internacional de información independiente, así como otras revistas especializadas con gran reconocimiento en Latinoamérica, son quienes pusieron el dedo en la llaga al llevar a cabo investigaciones periodísticas que revelaron el hallazgo tan preocupante.

Poco después en Iguala, Guerrero estudiantes normalistas que se manifestaban utilizando autobuses de servicio público son interceptados y confrontados por policías municipales en varios encuentros -lo que implica deliberación y posiblemente planeación del operativo-; mueren varios normalistas y el chofer de un autobús y posiblemente por confundirlos, algunos miembros de un equipo de futbol. Lo que puede resultar ser lo más grave –esperemos que no- es que secuestran a 58 normalistas más, de los cuales al momento de relatar ésta colaboración cuatro días después de los hechos, no habían aparecido mas que trece de ellos. Múltiples testigos presenciaron como fueron sometidos y subidos a patrullas  policíacas municipales. Después nada se ha sabido.

En otro hecho diverso es asesinado por un Comando de desconocidos el Secretario General del Comité Ejecutivo estatal del PAN en Guerrero.

Unos días antes también resulta secuestrado el Diputado Federal  Gómez MIchel con su asistente, a quienes encuentran muertos y calcinados en los límites con Zacatecas.

En Reynosa Tamaulipas un tiroteo más  con saldo inicial de cuatro muertos ; y otro enfrentamiento de grupos armados en Chihuahua arroja como saldo ocho muertos más;  autoridades de Guerrero reportan el asesinato de cuatro personas más; etc. Etc.  Y así podríamos seguir contabilizando.

En números oficiales se habla de más de diez mil muertes vinculadas con hechos del crimen organizado en los dos primero años de este gobierno federal. Y en el sexenio pasado el acumulado fue de muchas decenas de miles más.  El hecho de que los sucesos ocurran en diferentes latitudes de la República y de que no distingan colores de partido en los Gobiernos de las entidades, habla de una inseguridad generalizada que subsiste en diversos y muy amplios ambientes propicios para su actuar. Habla de que no todos los enemigos están fuera, habla de lealtades y deslealtades.

No obstante la reacción del Presidente Peña Nieto parece haber visto únicamente los hechos de Guerrero, al señalar públicamente al Gobierno de origen perredista en ese Estado, como un gobierno con “debilitamiento institucional”, ignorando al parecer los hechos ocurridos en  Tlatlaya en el Estado de México, y en otras muchas entidades de la República y olvidando su responsabilidad compartida y principal como Jefe de un Estado especialmente caracterizado por el presidencialismo a ultranza que vivimos legal y fácticamente. Esto lo presenta como un buen jefe de su Partido Político pero deja mucho que desear de su papel de jefe de estado , sin que con ello se le quite responsabilidad al Gobierno de Guerrero y menos aún al de Tlatlaya.

Volviendo a nuestro asunto primordial, el problema es más alarmante cuando se observan hechos calificados como “excesos policiales”, “daños colaterales”, “errores involuntarios (sic)” y otros eufemismos que disfrazan acaso la represión y el autoritarismo que “al fragor de la lucha contra el narcotráfico” parecen encontrar plena justificación.

El hecho de que  las fuerza armadas o las policías se tomen en sus manos la impartición  de la justicia, que actúen por impulso o venganza, error o hasta temor y asesinen a delincuentes desarmados, a los ya sometidos a simples sospechosos o en definitiva hasta inocentes a los que tuvieron a bien confundir, es la evidencia de un Estado Fallido y es el producto de políticas públicas en seguridad bastantes inseguras ( la primera de ellas involucrar al ejercito en tareas que no le son propias ni convenientes), es en el peor de los caos el producto de la corrupción y la irresponsabilidad y no sólo de negligencia o falta de capacitación. PERO ES SOBRE TODO EL SIGNO INEQUÍVOCO DE UN PROBLEMA MUY DISTINTO AL DE LA INSEGURIDAD Y LA DELINCUENCIA ORGANIZADA: LA REPRESION COYUNTURAL.

 En efecto se empieza a  presentar este fenómeno de manera coyuntural pues se aprovechan las confusiones y los hechos de violencia para reprimir movimientos sociales y esto es un virus que se expande, en ocasiones que la historia ha registrado en muchos países (como la Argentina de Mafalda) para materializarse en venganzas personales en apoyo a delitos patrimoniales y negocios ilícitos. Inicialmente en favor de algunos favorecidos y posteriormente sin control, afectando incluso a quienes de dicha represión se han servido.

Son múltiples las historias de agentes gubernamentales, militares y policías, de la nación que Usted quiera, en los que el efecto boomerang  ha hecho blanco, lo que habla de que la represión nos puede alcanzar a todos, con o sin motivo; con o sin pretexto. Preocupémonos ahora de lo que les pasa a los demás pues nos puede pasar a nosotros, aunque parezca moraleja de Mafalda.

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