Por Jaime Chalita Zarur / Espacio De Reflexión 35 / San Luis Potosí, S.L.P.
Que brutal es en ocasiones la vida cuando un buen día despiertas creyendo que será el éxito lo que te espera pero, de pronto es día te marcará para siempre.
Lo que a continuación escribo la hago como una persona que cree en la libertad de pensar en búsqueda de los equilibrios que una vida gregaria debe perseguir y obtener. Pero aún así, cuando tienes que hablar y actuar, tienes que moderar y modular lo que de ese momento en adelante harás. El pensamiento liberal, entre mucho, te auto determina fundamentalmente en el respeto a los demás, pero curiosamente se contrapone con el pensamiento conservador y no sólo eso, chocan formando fundamentalistas por ambos bandos, sin ver más allá que, él tener la razón por sin razón.
Hoy no me cabe la menor duda que tanto liberales como conservadores hemos fallado a la sociedad en la que se nos permite vivir, en donde se nos permite desarrollar nuestra actividad, la cual nos da la oportunidad de luchar por la felicidad, que es legítimo buscar y alcanzar. Vivimos, junto con quienes se han decidido revelar la historia que les ha marcado para siempre, la tragedia que jamás debió haberles sucedido pero, que en medio de una sociedad que se presume de conservadora, el tormento se guardó muchos años, fundado por cierto en el temor en personas que, al amparo de la educación, la mejor, que buscan los padres, fueron víctimas del deseo mal sano e incontrolable pero también, indecible, historia que se antoja, no hubiese ocurrido en nuestra Ciudad.
Mucho de lo que pasa y ha pasado con los sacerdotes, es culpa de la sin razón, de lo contra natural para modificar las exigencias de la fisiología humana tanto para hombres como mujeres, hoy, ahora ya no se sostiene, al menos en el lado de los hombres, el celibato tiene y debe desaparecer de la letra muerta, para dar paso a una realidad que históricamente ha respondido a la naturalidad del ser humano, en algunas personas.
No pasa lo mismo con todos, hay seres que en lugar de llegar a ser felices, se les han marcado para siempre y con ello llevar secretos que matan y queman el alma, hasta qué son compartidos y, cuando los son, se genera un estigma social, no sólo por la acción que se sufrió, que de por sí es deplorable, lo peor es que se tengan que luchar para demostrar lo que les ha sucedido.
Ser manipulado en cualquier sentido, por una persona que se supone ser consagrado al crecimiento de lo espiritual, indiscutiblemente necesario en la sociedad, mancilla a la persona, pero también a la sociedad que cree, han existido personas que nos guían en la decencia, en la ética y moral que debieran estar al amparo y servicio de la sociedad.
No se trata de juzgar, pues eso le toca a los que se especializan en la impartición de la justicia, se trataría mejor, de ver las formas de mejorar independientemente de las filias ideológicas, pues claro es que hemos fallado como sociedad en la claridad y contundencia de una verdadera humanidad de valores y que se aleja del respeto a la vida como valor fundamental de nuestra existencia, de la cual nadie tiene la verdad absoluta.

