Por Miguel Avendaño Murillo/ Oro Negro/ Tabasco/ Primera Parte.
Por referencias de compañeros reporteros y ante el comentario en las redes sociales busco tu escrito de este día en el Tabasco Hoy que en su parte que causó molestia, a letra dice:
“Recientemente, estuvo en Tabasco el papá de todos los pollitos, Andrés Manuel López Obrador. ¿A qué vino? A placearse. A decirnos a todos que su hija, la MORENA, cada día se pone más buena.
Eso trajo de inmediato a cientos de tabasqueños haciéndole marcación personal. Todos (hasta los priistas) quieren con él. Su trabajo consiste en levantar de nuevo el ánimo, los espolones a sus paisanos tabasqueños, los más güevones y negligentes del planeta. Por un lado, le llegaron los chismosos, esos que se han topado con pared con el asunto del impuesto a la tenencia…”
En diversas ocasiones te he cuestionado el porqué hablas tan despectiva y peyorativamente de los tabasqueños. Nunca he recibido una respuesta coherente de tu parte. Pero en próximas entregas de la revista ORO NEGRO, desmenuzaré el porqué, rumias tus frustraciones en cada entrega que haces.
Pero bueno, hoy nos dices a todos los tabasqueños que somos “los más güevones y negligentes del planeta”.
Si así nos llevamos, luego entonces, “el papá de todos los pollitos, Andrés Manuel López Obrador”, pues es el güevón y negligente número uno del planeta. Por eso no gana una.
Por consiguiente, Arturo Núñez Jiménez y su esposa Martha Lilia López son los güevones y negligentes números dos y tres del planeta; les da güeva pagarte más de 70 mil pesos al mensuales para no que NO escribas tantas estupideces en tan poco tiempo.
Y agregaría, ante genial entrega literaria que; Miguel Cantón Zetina y sus hijos Miguel, Nora, Elizabeth y Rafael Cantón Martínez de Escobar son los güevones y negligentes números cuatro, cinco, seis, siete y ocho de este planeta. (para los preocupados Héctor Tapia no cuenta)
No puedo dejar de mencionar en orden de importancia en tu círculo social, a la güevona (esa sí) y negligente licenciada Dolores Gutiérrez Zurita, la misma que cada mes te paga y te dicta línea, para que escribas en contra de los que no están de acuerdo con las políticas públicas de los huéspedes de la Quinta Grijalva, que hoy, esa contra, es el grueso del pueblo del pueblo tabasqueño, esos que tu llamas “güevones y negligentes”.
Y que me dices de los “más güevones y negligentes” compañeros que cada martes te acompañan en la mesa del Restaurante El Edén para “hacerte el caldo más gordo”, para elevar tu ego como líder de los “güevones y negligentes”.
Que opinan en estos momentos los invitados de los martes, esos políticos y empresarios, que por “de bajo la mesa”, te pagan el favor de sentarles a toooodos los “güevones y negligentes” comunicadores de Tabasco. Sabes lo que dicen, lo sabes, porque el temor no es hacia Homero Calderón, es hacia Miguel Cantón y el Tabasco Hoy, sabes que fuera de esa empresa tu destino es similar o peor al de Mario Ibarra. No eres nadie
Te dices columnista, te llamas arquitecto, te autonombras honorable, te crees el adalid de la democracia, de la virtud, del incólume escritor. Puede que sí, pero los que te conocemos tenemos claro que no llegas ni pergeña cuartillas; no eres ni dibujante, la palabra honorabilidad no existe en tu diccionario; no puedes ser adalid porque no has tenido un caudillo superior que te enseñe, lo único que te enseñó Mario Ibarra fue a extorsionar; nunca estás al frente, siempre golpeando con la izquierda y cobrando con la derecha; siempre ladino, agazapado, con patiños cobradores como el fallecido Cayetano, siempre doble cara.
Pero como soy tabasqueño güevón y negligente, ya me dio güeva, mejor en otro escrito, les digo a los tabasqueños, ¿Quién es Homero Calderón? ¿Recuerdas que oficio desempeñaba tu esposa cuando eras dibujante del Gobierno del Estado y tu alcoholismo no te permitía llevar el sustento a tu familia? Hay historia “Doble Gúevo” que contar.
Con la güeva más grande del mundo.
Miguel Avendaño
P.D. 1
Para cualquier duda y aclaración, de tu parte o de tus patrocinadores, ya saben por dónde me ando paseando.

