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TORANZO, EL MÉDICO DE LA INFLUENZA

Por Leonel Serrato/ Pulso/ San Luis Potosí, S.L.P.
La gripe o influenza, llamada “gripa” en México, es una enfermedad epidémica bien arraigada en nuestra conciencia colectiva, la causa un virus que muta en forma continua y, desde luego, no tiene cura.
Normalmente el ciclo dura unos pocos días, es una enfermedad que todos hemos padecido, y que en realidad sólo resulta muy molesta; en nuestro país, dado el benigno clima del que gozábamos, no habíamos sabido de una gripe mortal, porque muy lejos en la historia quedó la devastadora “Gripe Española” que en 1918 mató en menos de un año entre 50 y 100 millones de personas.
El terror de semejante mortalidad, la más grande de la historia provocada por una enfermedad, hizo que en los ya lejanos tiempos de Su Alteza Inmarcesible se reaccionara en exceso a un nuevo y mortífero brote de aquel virus letal, el de la Influenza tipo A, llamado H1N1.
A la postre fue un gran timo el de la “pandemia global” a la que llamaron “Gripe aviar”, y que más tarde se la endilgaron a los cerdos, por lo que pasó a llamarse “Gripe Porcina”, bautizada como “influencia AHLNL” por la hoy presa Elba Esther Gordillo Morales, y finalmente reconocida correctamente como aquella influenza tipo A H1N1 que provocó la mortandad a principio del siglo XX.
Fue un timo porque no era un bicho extraterrestre o creado como arma biológica que se escapó de un laboratorio, sino que se trata de un mismo virus apenas mutado, y cuya letalidad es resultado principalmente de dos cosas: desinformación para la prevención, e inexistencia de políticas públicas para su cerco y control.
En muchas partes del mundo que estamos viviendo el invierno boreal, hay gripe, pero la gente no muere ya de ello, salvo casos excepcionales; ¿Entonces por qué en México y en San Luis Potosí hay decenas, sino es que cientos, de muertes por influenza?
No hay un cambio climático brutal, tampoco hay un nuevo virus; no hay un virus “enfurecido” o un “super” virus, lo que hay son gobiernos cada vez más incompetentes y omisos.
Marcelo El Impune Santos le dio un manejo perverso al brote de influenza porque había campañas electorales, y preparaba un gran desfalco.
Ahora San Luis Potosí no encabeza la lista nacional de defunciones por influenza, porque están empeñados en hacerlas valer como neumonías, pero las ha habido y muchas; las muertes se han debido a un manejo irresponsable, y por lo mismo criminal de una epidemia por lo demás perfectamente predecible y tratable.
Que ocurran tantas muertes de personas por una enfermedad que se puede evitar con simples medidas profilácticas nos indica ausencia de programas gubernamentales para ello; y que eso ocurra en un gobierno que oficialmente encabeza un médico cirujano es, dicho lo menos, un fracaso palmario, y si se le suma que quien dirige con malos modos al Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia DIF también es médica cirujana, entonces eso es una catástrofe de proporciones mayúsculas.
Ciertamente no estamos en niveles de la “Gripa Española”, ni siquiera pensarlo, pero cuando una sola persona muere es de suyo una tragedia irreparable; cuando es por la incompetencia de un político, o de su esposa y colaboradores, entonces esa muerte es un asesinato.
Fernando Toranzo desestimó, porque así se lo informaron sus empleados, la importancia de la influenza; pensó, porque así se lo hicieron saber sus empleados, que se trataba de una gripe estacional, ordinaria, común y corriente; y cuando se percató de la gravedad, porque a final de cuentas un burro nunca se graduaría de médico en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, su mayor preocupación no fue la salud de sus gobernados, sino el sacar en paz y a salvo su nombre de gobernante médico, falseando las causas de las muertes en los hospitales.
Durante todos estos años el principal activo que ha usado Toranzo para explicar, que no justificar, sus innumerables yerros como gobernante es que él no es político, sino un médico; al principio gustaba de decir que era un sencillo médico de pueblo, que había sido migrante y que era resultado de su propio esfuerzo, después fue retirando adjetivos, y ahora retiró hasta la pertinencia del Juramento Hipocrático.
El apartarse de la verdad, aunque sea poquito, da espacio para que se crea que todo lo que se dice es mentira; el Secretario de Salud es un médico capaz y una persona decente, al dejar pasar las cosas sin informar y no llamar a la población a tomar precauciones elementales, como las que impone la higiene y el sentido común, sirvió para dar espacio a la maledicencia, y a que cundiera el miedo entre la gente.
El invierno en San Luis Potosí es tan irregular como nuestras lluvias, pero de algo sí estamos absolutamente ciertos, y es que la contaminación ambiental y la falta de medidas profilácticas tarde o temprano cobrarían víctimas mortales.
Si han sido 186 o 300 enfermos, y 6 o 16 las personas fallecidas por la influenza en esta temporada, son muchas; una sola defunción es suficiente para que cualquier médico encargado de la salud pública se sienta abatido y culpable; la sola existencia de enfermos y muertos debiera de ser razón suficiente para que se llame a cuentas a los funcionarios de salud, empezando por Toranzo.
Pero eso no sucederá, estoy seguro de ello; sólo lo digo como descargo de conciencia, porque a estos gobiernos el Pueblo Potosino les tolera hasta el asesinato.
Nadie responderá por el crimen de las personas fallecidas por una enfermedad prevenible y completamente controlable, ni los diputados harán su trabajo llamando a cuentas a los malos servidores públicos.
Que las familias lloren a sus muertos, y que los estoicos verdaderos profesionales de la salud sigan lidiando con el brote epidémico con sus propios medios y ciencia, porque del apoyo del gobierno no gozarán. Usted y yo, a rezar, después de haber seguido todos los consejos de prevención.

Ingenuidades
No sólo en México somos un ilustre pueblo azorado por el brillo de los espejitos y las cuentas de vidrio, sólo mire Usted a Venezuela; en la tierra de Chávez, como en nuestro país, nada parece despertar del letargo a la gente, nada la moviliza, ni los apagones frecuentes, o el desabasto de alimentos, y el desbordado crimen sólo lo hizo cuando la víctima fue una reina de belleza… Pobres de nuestros países tan pobres, tan nulos, tan carentes de ciudadanía, presos todos del complejo de Cenicienta.
Leonel Serrato Sánchez
leonelserrato@gmail.com

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