Montevideo, Uruguay / Silvia Martínez Coronel / Enero 13 de 2026.- Dice el saber popular que en este día «no te cases ni te embarques, ni de tu casa te apartes” ya que te pueden pasar cosas terribles porque es «yeta».
Analicemos un poco para ver en qué medida el saber popular le emboca al 100 por ciento, o no.
Primero, debemos saber que el mito sobre que el 13 es un mal número (yeta o da mala suerte) viene en gran medida de que (según cuentan los Evangelios) 12 eran los Apóstoles más Jesús, y entre ellos estaba Judas, quien lo traicionó.
Claro, pensemos, si no fuera por esa traición prevista por Dios (subrayo), Jesús no hubiera cumplido su plan salvador para el cual su Padre lo envió. ¿Entonces fue malo o bueno que Judas lo traicionara?.
Hasta Jesús mismo en la Última Cena (reitero: según los Evangelios) cuando anuncia que entre ellos está quien lo va a entregar no permite que nadie lo toque, ya que los apóstoles «buenos» querían lincharlo…Bueno, El sabía como dijo: «mi sangre será derramada por vosotros» (o sea habrá un asesinato, que será también un sacrificio que deberá cumplirse para que pueda darse el «perdón de los pecados» y para que su misión de redentor de la humanidad, según el plan de Dios, se concrete. Ya dirá en la cruz -dicho también polémico-: «perdónalos Señor porque no saben lo que hacen»).
Lo del Martes viene, porque el día lleva su nombre en homenaje al Dios Marte romano, el Dios de la guerra (plagio al Dios Ares griego) que es la manifestación de la fuerza al servicio de la agresividad, lo que tampoco fue bien visto por la historia, aunque sin ese impulso, la adrenalina que despierta el miedo no haría que pudiéramos combatir lo que nos amenaza… ¿entonces es tan malo?.
La guerra en sí misma convengamos que es un horror, pero Marte/Ares era más que eso, era la síntesis de la fuerza impulsiva que nos lleva a atacar y eso cuando se está en peligro es lo que nos permite muchas veces, lograr sobrevivir.
Todo es relativo en este mundo.
Cambiar la mirada al alimentar el espíritu crítico nos permite ver más allá de lo establecido y por ende descubrir que detrás de todo (o casi todo) lo malo (por asociación histórica) suele esconderse algo bueno que nos permita salvarnos de la aceptación ilusa de que el mundo responde a la distribución cartesiana, donde la realidad se compone de opuestos que no se tocan entre sí.
Los opuestos sí se tocan, se combinan y permiten un producto que trasciende a sus orígenes («no hay mal que por bien no venga» dice también casi sin equivocarse del todo, el saber popular).
Por lo antedicho, invito a los lectores a revisar sus lecturas sobre el Martes 13, quizá esa combinación de lo malo por dos, «dos veces malo», no lo sea tanto, y como dijera Vallejo en su polémico y brillante libro TRILCE: «rehusad o vosotros a posar las plantas sobre la seguridad dupla de la armonía / intervenid en el conflicto», para entonces como también lo dice el genio, poder dar «el salto por el ojo de la aguja».

