
«Potosí para los potosinos» fue el lema que aproximó a «Ariel N» a San Luis Potosí, un joven oaxaqueño que salió de casa en busca de oportunidades, de un futuro mejor para él y los suyos, algo que en su estado natal no logró encontrar.
Nadie pensaría que un 28 de junio sería la fecha fatal de uno de tantos trabajadores que congrega una de las obras insignia del gobernador Ricardo Gallardo Cardona, que por prisas, por cumplir promesas o tal vez por la premura de tener «una obra más» en su currícula, para que sus seguidores lo califiquen como «el mejor gobernador de San Luis Potosí».

Como todos los días, cuadrillas entraban y salían en la «magna obra»: albañiles, constructores, ingenieros, algunos locales, otros más de estados en donde no encontraron las mismas oportunidades que en la ciudad de los potosinos.
Al filo del mediodía, en el punto fuerte de la jornada, donde el sol pegaba a rajatabla, pero no tanto como la necesidad y ganas de cada trabajador de salir adelante y llevar el pan y la sal a casa, ocurrió la desgracia, prudente o imprudente, error humano o involuntario, pero la tragedia tocó a la puerta de la Arena Potosí.

Aproximadamente a unos 10 metros de altura, sobre una estructura de varillas, Ariel confió en sus habilidades y pericia, pero ante las prisas y el trabajo bajo presión, cualquiera colapsa, se retuerce, como la estructura que acabó con la vida del primer trabajador de la Arena Potosí.
Tras el incidente, los encargados de la obra quedaron tan helados como si el sol se hubera evaporado y ante los gritos de Ariel, comenzó presurosamente el movimiento de trabajadores, unos concentrados en el acceso a la obra y otros más intentando rescatar a sus compañeros.

Los compañeros se quitaron el casco y se pusieron la capa de héroes, un trabajador rescatado y ante la llamada de auxilio, fue trasladado al hospital más cercando después de 25 de espera, tiempo que no fue suficiente para Ariel, quien prensado en los castillos, no soportó la espera y se convirtió en la primera víctima que carga la Arena Potosí.
Casi una hora después del suceso, con ambulancias, cuerpos de Bomberos, policías y elementos de Protección Civil, la constructora que a ciencia cierta no es clara de quién la lleva, intentó ocultar lo sucedido con el afán de evitarse problemas con el Instituto Mexicano del Seguro Social, la Secretaría de Trabajo y Previsión Social y más allá de ello, con los mismos trabajadores que atónitos, veían el descenso de su compañero, ya en manos de paramédicos y cuerpos de bomberos.

Adolfo Benavente Duque, líder del Cuerpo de Bomberos, confirmó lo que todos los espectadores pudieron constatar, la muerte de Ariel durante el cumplimiento de sus responsabilidades, «lamentablemente murió una persona, otra más fue trasladada al hospital… Los trabajadores fueron los que rescataron al herido», confirmó.
Después del suceso, la Dirección de Comunicación Social de Gobierno informó que el obrero fue inmediatamente trasladado al hospital, «en donde fue reportado su fallecimiento». El cadáver de Ariel fue rescatado y bajado en camilla por personal de bomberos, cubierto de cuerpo entero mientras colocaban la escalera para subirlo al vehículo de la Semefo.

Además, al lugar acudió personal de la dirección de Criminalística y Medicina Forense. Ayer mismo el gobernador José Ricardo Gallardo Cardona declaró: «Fue un accidente. Una persona que se accidentó y hasta ahí nada más, no tenemos mayores problemas y bueno la empresa responsable está cargo de la obra», añadió con semblante molesto e intentando evadir todo cuestionamiento sobre el tema con el argumento de continuar con su extensa agenda del día.
Tal vez para algunos fue un simple accidente, para otros más un motivo para señalar la necedad de una obra que no es tan urgente como el problema de agua que aqueja a San Luis Potosí, pero hoy por hoy, la Arena Potosí, se adjudicó su primera estrella negra, su primera víctima mortal. Buen viaje Ariel, descansa en paz.


