Por Mayra Díaz / De Rosa / San Luis Potosí, S.L.P.
Para una madre viuda a los 24 años y con cuatro hijos por mantener, el trabajo se convierte en un reto inmediato. Tal fue el caso de Lolita Martínez Llanas, quien un incidente fortuito de la vida la dejó en un abrir y cerrar de ojos con la responsabilidad de continuar avante pese a la adversidad.

Lolita ideó entonces la elaboración de gorditas. Llenaba su canasta y se trasladaba a las afueras de la Escuela Secundaria Profresor José Ciriaco Cruz y así inicio dicho proyecto.
Han transcurrido ya cuarenta años y los recuerdos de una canasta que más tarde se transformó en un puesto, donde diariamente Lolita elabora sus gordas.
No es actividad sencilla, implica muchas horas invertidas más otras tantas frente al negocio. Su día empieza a las seis de la mañana en la elaboración de guisos: frijolitos con queso, chicharrón, huevo rojo y verde, rajas con chile y deshebrada.
Abre su negocio de nueve a cuatro de la tarde… pero eso no es todo. Regresando a casa debe cocer el nixtamal y llevarlo al molino para tener todo listo para el día siguiente.
Y entre guisos y carreras, Lolita se dio el tiempo para atender a la familia, realizar las labores de padre y madre y estar enterada de escuelas y actividades de sus cuatro hijos.
Además, el oficio no se limitó nunca solamente a elaborar gorditas. No, al lugar llegan clientes de toda la vida que entre una mordida y un sorbo de café han hecho de Lolita su paño de lágrimas.
A través del puesto conoció algunas buenas amistades que incluso le llegan a traer algún recuerdo de sus vacaciones.
Lolita se siente complacida, porque se ha dedicado a algo que disfruta mucho hacer. Se apoya en su hija más grande, pues estar parada siete horas continuas cansa y cansa mucho.
Asume su negocio con responsabilidad. Dice que la soledad y las circunstancias son estimulo para cualquier mujer que quiera sacar adelante a sus hijos.
A veces se consiente y se toma unas merecidas vacaciones. Su hijo le ayuda a pagar y entonces ella y su padre de 82 años comparten alegrías yéndose alguna playa o alguna ciudad cercana.
Entre dos árboles y un puesto, cuatro décadas tienen una historia. Ahora le llegan los hijos de los hijos a comer en él. – Me da una migada Doña Lolita por favor… ¡que sea con mucho chile!

