
- * Cayó Kabul; precipitada salida de EU, como en Vietnam hace 46 años.
Dos décadas después de que las tropas estadounidenses acabaran con el régimen de terror talibán —por ayudar a Al Qaeda a preparar los atentados del 11-S—, los fundamentalistas regresan triunfales a Kabul y culmina así la reconquista de Afganistán, en una campaña relámpago en la que apenas encontraron resistencia y sin que haya servido de nada la superioridad militar del ejército local, entrenado por las tropas del Pentágono.
Después de una semana en la que los insurgentes fueron tomando una tras otra casi la totalidad de las 34 capitales de provincia afganas, este domingo amanecía con la noticia de que los talibanes se habían apostado al norte, oeste y sur de los límites de Kabul y que el presidente Ghani huyó del país.
El pánico estalló entonces en la capital, de 6 millones de habitantes, y toda la noche y al amanecer de este lunes soldados estadunidenses cercaron el aeropuerto para extraer en estampida a los estadunidenses.
Este domingo los talibanes entraron en Kabul, tras conquistar en apenas dos semanas el resto del país.
Los fundamentalistas, que previamente habían asegurado que no entrarían en Kabul hasta que se produjera una transición de poder pacífica, insistieron en que la población «no debe temer a los muyahidines».
«No está permitido a ningún combatiente entrar en casa alguna o torturar o molestar a nadie», anunció un portavoz y confirmó que los combatientes entraron en la ciudad con calma: “No se meterán con nadie’. Los militares y los empleados civiles del gobierno deben confiar en que nadie les hará daño».
Tras la orden, combatientes talibanes comenzaron a patrullar las calles de Kabul, registrando a las personas que se iban encontrando, para luego dejarlas seguir.
Huída de Ghani
Los islamistas entraron en la capital afgana, poco después de que se confirmara que el presidente, Ashraf Ghani, había huido del país y con centenares de soldados estadounidenses en el interior de la ciudad.
Ashraf Ghani, presidente de Afganistán, justificó su salida del país este domingo, al decir que se fue para evitar «un derramamiento de sangre», algo que logró, dijo.
«Para evitar un derramamiento de sangre, pensé que era mejor marcharme», aseguró Ghani en un comunicado, en sus primeras declaraciones públicas desde su marcha repentina de Afganistán hoy mismo.
Ghani afirmó que se trató de una «decisión difícil», al tener que elegir entre enfrentarse a los talibanes que querían entrar en el Palacio Presidencial o salir del país al que dedicó su vida y los últimos veinte años.
La entrada en el Palacio Presidencial finalmente se produjo, como mostraron imágenes de televisión con los insurgentes recorriendo el recinto, pero Ghani evitó, aseguró, «un gran desastre humano» al decidir no resistir en esta ciudad de varios millones de habitantes.
«Mi esperanza es que Dios y el pueblo de Afganistán decidan sobre el expresidente de Afganistán, que abandonó el país y puso a la nación en esta situación», dijo Abdullah, que en el pasado llegó a compartir poder con Ghani.
Ghani culpó hace semanas a Washington de la crisis del país que, aseguró, es el resultado de la salida abrupta de las tropas internacionales, y el proceso de paz coordinado por EU para la reconciliación que se basó en «teorías inmaduras», dijo.
La oficina de Ghani ha rechazado informar del paradero del presidente “por razones de seguridad”, pero algunas fuentes apuntan a que se ha marchado a Tayikistán con un círculo cercano de colaboradores.
Mirzakwal negocia con el jefe de los talibanes, Abdulá Abdulá, los términos de la rendición y anunció que las partes ya trabajan para que haya un traspaso pacífico del poder y un “gobierno de transición”.
Fuentes diplomáticas y medios locales apuntan a que Ali Ahmad Jalali, un antiguo ministro de Interior y académico que se formó en Estados Unidos, podría encabezar un Ejecutivo interino de transición, aunque no está confirmado si los talibanes están de acuerdo.
El ministro ha confirmado también que se ha llegado a un acuerdo preliminar con las milicias para evitar una ofensiva armada en la capital, una ciudad densamente poblada que suma a sus 4.4 millones de habitantes las decenas de miles de afganos que huyeron del avance talibán y que creyeron que las fuerzas afganas (y las estadounidenses) iban a impedir que los fundamentalistas tomaran la capital.
Evacuación estadounidense
Este domingo se espera que lleguen a Kabul una mayoría de los 4 mil militares estadounidenses que el Pentágono ha decidido enviar a la capital afgana para la evacuación de la mayor parte del personal de la embajada de EU y de ciudadanos afganos colaboradores.
Esa evacuación comenzó ya, con el continuo vuelo de helicópteros que llegan y luego abandonan la embajada estadounidense en Kabul.
Otros países como Canadá, Alemania, Reino Unido o España también han anunciado la próxima evacuación de parte del personal de sus embajadas y de otros ciudadanos afganos con sus familias que trabajaron codo con codo con ellos durante estas dos décadas, aunque la entrada de los talibanes en Kabul puede complicar los planes.

