Hacienda La Parada

El capitán español Gabriel Ortiz de Fuenmayor, pacificador de las naciones de indios del norte de la Nueva España, entró a la región chichimeca en 1586 y 1588.

Hacia 1605, se concedió al Capitán una merced de tierra para estancia de ganado mayor, originando así la hacienda de La Parada. Ésta  colindaba con las tierras de los indios tlaxcaltecas que habían llegado en 1591 a fundar el pueblo de San Miguel Mexquitic.

Al morir el Capitán, su esposa heredó la estancia.

En 1623 fue vendida a los Jesuitas establecidos en San Luis Potosí, para la explotación agropecuaria y la llamaron San Francisco Javier de la Parada. Cuando esta hacienda fue propiedad de los jesuitas hubo un pleito legal por las tierras de la hacienda pues los tlaxcaltecas comenzaron un litigio para reclamar esas tierras como suyas. Antes de que llegaran los tlaxcaltecas, estas tierras las ocupaban los indios guachichiles y su territorio se extendía hasta Saltillo, y eran vecinos de los indios zacatecos.

Con la expulsión de los jesuitas, en 1776, la hacienda pasó a la Junta de Temporalidades de la Corona Española y hasta 1783 fue vendida a Luis Cabeza de Vaca, quien murió el mismo día que le fue adjudicada. Después la propiedad pasó por diversos propietarios hasta 1822 que Don Pantaleón Ipiña y Eguía compró la hacienda, acrecentó su productividad, construyó la Mezcalera La Cruz y al morir en 1843 dejó un legado enorme.

Los descendientes de Don Pantaleón, sus hijos José Encarnación y Petronila modernizaron la hacienda y construyeron fincas mezcaleras.

En 1892 la Parada se dividió entre los dos hermanos generando otra nueva hacienda, Santa Teresa, gran finca mezcalera, siendo ambas haciendas ejemplo de productividad en el estado hasta que llegó la Revolución.