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El Peso de la Fotografía

Las fugas que Pemex oculta y el daño que provoca en la ecología y la salud de los pobladores.

Era 2012 y un corresponsal de municipio del periódico para el que laboraba había reportado una fuga de petróleo en una comunidad de Macuspana, Tabasco, sin embargo, Pemex no había dado ninguna información al respecto y se limitaba a decir que en el área era común el mantenimiento de la red de hidrocarburos.

Todo hubiese quedado ahí, sino fuera porque el corresponsal seguía diciendo que había pasado algo. Recuerdo que mi jefa de información tuvo una corazonada y decidió mandar a un reportero y un fotógrafo a ver qué había pasado y decidió mandarme a mí, junto a mi amigo (hoy becario del Conacyt), Heriberto Villegas a investigar lo acontecido, y que por increíble que parezca, era su primera asignación en el diario.

Luego de manejar con varias horas entre caminos vecinales y solitarios, llegamos a una comunidad, donde gente tenía cuerdas en el camino.

Nos detuvimos y bajamos y Heriberto comenzó a platicar con los pobladores, quienes le decían de un gran derrame de petróleo que había contaminado lagunas, ríos y pantanos del área.

Caminamos un poco y vimos un retén de Pemex que no dejaba pasar vehículos “porque estaban reparando un puente tubular”.

-Mentira- dijo un chavo que estaba con una moto, al tiempo que decía “pasé con mi moto y hay un montón de gente en el río y está todo contaminado».

En eso le pregunto: “¿te dejaron pasar con la moto?” y me responde que sí, que él era poblador al otro lado de río y que lo tenían que dejar pasar.

Sin pensarlo mucho le digo: “llévame en la moto, cualquier cosa decimos que soy tu vecino, tu primo o tu cuñado”

El joven me dice: “sobres, súbete” y me trepé en la moto vieja y polvorienta.

Pasamos el retén y guarde muy bien el equipo para que no me vieran los trabajadores de Pemex y nos detuvieron. “Es mi cuñado, viene a visitar a su mamá”, dice el motociclista cuando le preguntaron quién era yo.

Luego de un momento de duda, nos dejaron pasar y a los pocos metros, la realidad nos golpeó con fuerza: decenas de trabajadores de Pemex limpiando combustible del río y sacando los restos de fauna muerta, entre serpientes, iguanas, tortugas, entre otras.

Saldos de los derrames de petróleo en ríos y pantanos de Tabasco.

Rápidamente me bajo de la moto y comienzo a tomar fotos, ante la sorpresa de los trabajadores que no sabían qué hacía allí, pero que tampoco me detenían.

Desastres ecológico provocan las fugas de Pemex.

Luego de un par de minutos, llegan los de seguridad que estaban en el retén y me sacaron del área. ¿Ponerme al brinco? Ni loco, en esos momentos ellos eran la ley decidí cooperar con ellos, para evitar que algún listillo se le ocurriera quitarme la tarjeta de la cámara.

Cuando me regresan escoltado a donde estaba Heriberto, solo sonrió un poco y asiento, y mi compañero lo comprendió todo.

Subimos al coche y le enseño las fotos y comprendimos que lo que nos habían dicho era cierto. En la zona no había señal de celular y no pudimos avisar al jefe en el diario, pero decidimos jugarlo todo y seguimos a otras comunidades del área y la sorpresa fue mayúscula.

Gente enferma del estómago, de la piel, pulmones, debido a que usaban el agua de pozos ya contaminados por el combustible. Pemex había llevado brigadas médicas, pero solo les dejaron pastillas y se habían ido. Incluso llegamos a la casa de una señora que nos sacó agua de su pozo y esta era crudo, una mancha negra de brea. Todo estaba contaminado, y luego, el aviso de un residente: “Están velando a un niño en una casa más adelante…”

Esta es el agua que los pobladores usaron para tomar, porque el derrame de petróleo contaminó los ríos y pozos.

Heriberto y nos volteamos a ver, y decidimos ir.

Llegamos a una casa de lámina, cartón y madera. El piso apenas y era de cemento. Llamamos a la puerta y salió un hombre de semblante fuerte, con la mirada ida, y nos pregunta qué queríamos.

Heriberto le explicó: “somos reporteros, estamos haciendo un reportaje sobre el derrame de petróleo, queríamos saber si sabía algo”…

Una familia enlutada.

El hombre, con voz entrecortada solo nos dijo: “me mataron a mi hijo”…

Entramos a la casa y fue una de las cosas más fuertes que he vivido. Una mesita con un mantel blanco, sobre el mantel una veladora, flores y una foto, en la foto, el cuerpo de un bebe recién nacido, muerto.

Junto al hombre había una mujer desconsolada y dos niñas y nos contaron la historia.

 

Al bebé lo incineraron en el Hospital de Pemex y solo entregaron a la familia esta foto.

Habían estado esperando el nacimiento de este bebé y todo había estado en orden, sin complicaciones, ningún problema e incluso ya estaba por nacer el pequeño, cuando la madre comenzó a sentir dolores muy fuertes en el vientre y fue llevada de urgencia al hospital donde el menor nació muerto. En el hospital (que en la zona es de Pemex) no le dieron el cuerpo del menor, sino que lo incineraron sin consultarlo previamente y solo les dieron una fotografía del cuerpo del bebé, sí, la misma foto que estaba sobre la mesa velándolo. Lo único que quedaba del paso terrenal de esa pobre criatura era una fotografía.

Al paso de los días, el dolor y la memoria comenzó a generar las preguntas de “¿Por qué?” y es ahí donde el padre de familia señala que su esposa comenzó a sentirse mal luego de que le dijera que sentía rara el agua que bebían del pozo y todos comenzaron con salpullidos en la piel.

Aunque los pobladores habían denunciado la situación a la paraestatal, esta la minimizó, hasta que los problemas se agudizaron.

El desenlace fue fatal para esta familia. Para mí fue impresionante el momento. Ahí estaba este hombre de campo, duro, fuerte, a punto de quebrarse, abrazando a su esposa desconsolada y la mirada de las niñas sin comprender qué había pasado. Heriberto y yo nos quedamos helados. Unos segundos en silencio y alcé la cámara e hice el primer clic. Ellos me concedieron capturar su dolor. Ellos me permitieron tomarles esta foto y con cada clic venía una sentencia para mí: hacer que esas fotos se dieran a conocer y se dimensionará la situación que estaban viviendo cientos de pobladores en esa zona.

A menudo les he hablado del poder de la fotografía, pero todo poder viene con una gran responsabilidad, y en ese fue ponerlo todo en blanco y negro. El bien y el mal.

Cuando regresábamos Heriberto y yo, estábamos quebrados. Recuerdo que yo manejaba y él escribía en su celular y libreta.

Llegamos a la redacción, contamos todo lo que habíamos visto y las fotos que habíamos tomado y fue portada de la edición. Pasaron muchas cosas, pero para no hacer más largo el texto, a Pemex no quedó de otra que reconocer la fuga de petróleo e indemnizar a los afectados.

Siempre me pregunté si esta indemnización llegó a esta familia, si he de ser sincero, los busqué años después, pero, nunca encontré su hogar, pues esa parte de Macuspana es como un laberinto de carreteras y caminos rurales y vecinales, que es tan fácil perderse en una vuelta, en un cruce.

Solo me queda esa lección tan poderosa: el poder de la fotografía trae consigo una responsabilidad tan pesada. Es la dignidad humana la que desafiamos a cada clic.

Imágenes y crónica fotográfica de Carlos Matus / Agosto 9 de 2021 / IG: https://www.instagram.com/carlosmatusfoto/

 

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