Subasta millonaria de arte huasteco en París: ¿robo o venta legítima?

El pasado miércoles 10 de noviembre han sido vendidas en la capital francesa dos piezas arqueológicas del posclásico mesoamericano provenientes del arte huasteco. Dichas piezas formaban parte de una serie de objetos de diferentes culturas como la olmeca, la maya, la mixteca, entre otras.

Casi dos semanas antes de la subasta, la Embajada de México en Francia emitió un comunicado donde expresaba “su gran preocupación ante el comercio de bienes de nuestro patrimonio nacional” e informaba de las diferentes acciones diplomáticas que se habían emprendido; sin embargo, y pese a la oposición de otras embajadas latinoamericanas en Francia, la venta organizada por la firma Christie’s logró llevarse a cabo. Las dos piezas huastecas subastadas fueron una figurilla de arenisca vendida por 125 mil euros (casi tres millones de pesos mexicanos) y un pectoral hecho de concha marina entregado por 1875 euros (casi 45 mil pesos mexicanos).

La realización de este tipo de eventos controversiales no es nada nuevo, lo que sí parece ser diferente es un rechazo cada vez más fuerte por parte de los países latinoamericanos. Así lo expresó Henri Paul, presidente del Conseil des ventes (autoridad independiente reguladora del mercado de arte francés) en una entrevista al periódico Le Figaro: “Desde hace algún tiempo, he constatado un aumento de demandas provenientes de países de América del Sur, quienes por medio de correos oficiales solicitan la suspensión de la venta de objetos precolombinos sin aportar justificaciones precisas”.

No obstante, tal como explicó la secretaria de cultura federal Alejandra Frausto en una carta de protesta hacia los organizadores de las subastas, desde 1827 la legislación nacional prohíbe la exportación de bienes culturales. Además, Diego Prieto, director general del INAH, recordó que La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos, estipula desde 1972 que los bienes arqueológicos mexicanos se encuentran fuera de cualquier acto de comercio, ya que son inalienables, imprescriptibles e inembargables.

Por otro lado, Henri Paul, en la misma entrevista, aseguró que “el mercado de ventas públicas en Francia es un mercado regulado, abierto y transparente”. Sin embargo, al investigar por nuestra cuenta el origen de algunas de las piezas vendidas, esa transparencia queda en entredicho. Por ejemplo, en el caso del pectoral huasteco, la casa de subastas únicamente informa que proviene de una “Colección privada europea, desde los años 1970”.

En lo que respecta a la figurilla, explica que el vendedor obtuvo la pieza por herencia de una persona que a su vez la adquirió en una galería privada en el 2020, esta galería en el 2013 compró la pieza a la “Colección Anne Marie Vié-Wohrer” que al parecer la conservaba desde 1964. Cómo llegó la figurilla huasteca vendida por casi 3,000,000.00 MXN a esta primera colección, no se dice.

Al emprender una rápida indagación, nos hemos dado cuenta de que Anne Marie Vié-Wohrer fue una etnohistoriadora francesa especializada en epigrafía mesoamericana y que vino a México para estudiar en la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México con el fin de especializarse en Arqueología.

Por lo tanto, podemos pensar que la señora Vié-Wohrer entraría en contacto con esta y otras piezas gracias a su trabajo teórico y de campo que realizaba en México; las circunstancias precisas bajo las cuales se hiciera propietaria del bien cultural huasteco son un misterio. Lo que es un hecho es que la casa de subastas no proporciona la información más esencial, se limita a informar de los intermediarios sin mencionar cómo el primer poseedor obtuvo la pieza arqueológica, como si este último la hubiera creado con sus manos o parido de sus entrañas.

No podemos descartar que la investigadora Vié-Wohrer se haya hecho con la pieza de alguna manera legítima (por mucho que la legislación mexicana dificulte esto). No obstante, pensamos que, así como la ética de investigación obliga a mencionar el origen de los datos, de igual modo sería necesario mencionar el origen de esa figurilla a los compradores. Ahora bien, quizá la señora Vié-Wohrer no tuvo nada que ver con esto y alguna persona cercana a ella decidió bautizar su colección con el nombre de esta destacada investigadora. En cualquier caso, lo que es indudable es que existe mucha opacidad alrededor de ésta y otras piezas vendidas el pasado miércoles en Paris.

La sabiduría popular dice “piensa mal y acertarás”; sin embargo, a falta de pruebas, no se puede afirmar nada con certeza. De hecho, los directores de las casas de subastas francesas se escudan justamente en la falta de pruebas que incriminen a sus vendedores, pues la ley francesa obliga a probar la posesión ilegal y no al revés. Es decir, correspondería al gobierno mexicano probar que las piezas han sido obtenidas ilegalmente; y no a los vendedores privados, que las han adquirido legítimamente.

Esto complica mucho las cosas, pues para Francia dichas pruebas tendrían que estar relacionadas especialmente a un robo o al uso de violencia (como en el caso de la restitución a la República de Benín) y no bastaría con el solo hecho de que México haya declarado como suyas cualquier pieza arqueológica encontrada en su territorio. En otras palabras, parecería que para el gobierno francés los objetos que se encuentren excavando (por ejemplo) no son de nadie o han sido abandonados por su antiguo dueño y por tanto no hay robo ni violencia.

Aún así, hay otro adagio del pueblo que dice “crea fama y échate a dormir”. En efecto, es algo muy conocido cómo las potencias europeas han llenado sus famosos museos con objetos expoliados gracias a la colonización militar, a las excavaciones clandestinas, etc. Probablemente, el Louvre y el Museo Británico se recorrerían en un solo día si todos aquellos objetos de dudosa procedencia desaparecieran de repente.

De cualquier modo, las piezas huastecas ya han sido vendidas y será muy difícil que vuelvan a sus respectivas comunidades pese al esfuerzo del gobierno mexicano, pues nos encontramos frente a un choque de jurisdicciones: la francesa, que naturalmente beneficia a los coleccionistas privados y a los museos de su país; y la mexicana, que privilegia la historia y la cultura. Es así como, cuando hay una colisión de soberanías, lo único que queda es apelar a la buena ética de las personas. Tal como explicó el psicólogo Lawrence Kohlberg, el nivel posconvencional es un estadio de alto desarrollo moral donde los individuos realizan lo ético y lo justo, aunque no estén obligados por la ley. Con esta esperanza, el gobierno mexicano ha exhortado a las casas de subastas a hacer lo correcto, pese a que las leyes de su país las amparen.

Quizá, esta petición podría antojarse ingenua si tenemos en cuenta todo el dinero que se juega en las diferentes subastas que se hacen continuamente. No obstante, hay que recordar que, en junio de este mismo año, varios ciudadanos alemanes entregaron voluntariamente a la Embajada de México en Berlín 34 piezas arqueológicas. Es decir, no todo está perdido de antemano, parece que sigue siendo sensato apelar a la ética. Por todo esto, es imperioso promover la educación cultural. La mejor difusión cultural no es aquella que consigue atraer más divisas extranjeras, sino la que logra el mutuo respeto entre las diferentes sociedades del mundo.

José Luis Espericueta

Profesor, Université Le Havre-Normandie.

jl.espericueta@outlook.com