La confianza

La confianza

Las sociedades modernas están edificadas sobre unos cuantos pilares fundamentales y fundacionales. Uno de ellos es la confianza. Muchas personas llevan su dinero al banco confiados en que cuando lo soliciten de regreso lo obtendrán sin mayor problema; los padres de familia dejan a sus pequeños hijos en el kínder seguros de que cuando regresen por ellos los encontrarán donde los dejaron, sanos y salvos; el automovilista que cruza el semáforo en verde lo hace con la confianza de que los otros que lo tienen en rojo lo respetarán. Y así hasta el infinito.

Este alto valor civilizatorio -la posibilidad de confiar en los demás y que los demás confíen en ti- está presente, por supuesto, en el gran momento cívico de elegir a quienes habrán de gobernarnos. Quien acude a las urnas y deposita su voto lo hace confiando en que quien obtenga la mayoría y se convierta en mandatario, intentará al límite de sus capacidades hacer un buen gobierno.

¿Qué es un buen gobierno? En lo esencial, aquél que busca que la gente viva mejor, que no se sienta insegura, que encuentre oportunidades dignas para ganarse la vida, y que no sea víctima de arbitrariedades o abusos de autoridad.

Obviamente, conforme las sociedades humanas se han ido volviendo más complejas, resintiendo entre otros los efectos de las nuevas tecnologías y de la globalización, rebasando cualquier capacidad individual, la búsqueda de un buen gobierno pasa ineludiblemente por la conformación de un equipo de colaboradores competentes, razonablemente honestos y responsables.

Sin el cumplimiento de este requisito, cualquier gobierno irá dando tumbos, y si no corrige a tiempo todo se le puede complicar al grado de merecer el calificativo de fracaso.

No quiero ser catastrofista, sobre todo cuando hay tiempo de sobra para reconsiderar decisiones, pero tampoco me parece social y profesionalmente sano hacer como que no pasa o no veo nada.

¿ES IMPOSIBLE QUE OCURRA?

Si por efecto de un gran prodigio súbitamente los engranes de la justicia se pusieran inexorablemente en movimiento, casi la mitad del gabinete gallardista tendría que apartarse de sus actuales encomiendas oficiales para responder ante la ley.

Apenas si hace falta repetirlo: el secretario general de Gobierno, miembro conspicuo de la Ecuación Corrupta, no parece estar totalmente exonerado de las sinverguenzadas en que incurrió; el secretario de Finanzas, ya hasta prófugo de la justicia fue y está involucrado en la gran estafa de Interapas con la empresa Axioma Kusuri; el fiscal general del Estado, interino, tiene un negro historial, del cual se ha despreocupado por la protección del maestro de todos estos bandidos, Cándido Ochoa.

El secretario de Desarrollo Social, está acusado de haber desviado más de 15 millones de pesos durante los meses que ilegítimamente se quedó al frente del PRD potosino, no obstante que todos sus compañeros de viaje ya habían emigrado al PVEM. No sé qué fin habrá tenido la carpeta de investigación, igual y ya la desaparecieron, pero el flamante secretario de Educación está o estuvo vinculado a una indagatoria de la fiscalía electoral, por haber expedido una constancia de residencia apócrifa (a favor de Héctor Serrano Cortés), y el nuevo titular de la Secretaría de Ecología operó, desde la tesorería del Ayuntamiento capitalino 2015-2018, la ya revelada Nómina Maestra, por efecto de la cual, mediante un esquema piramidal, se pagaron más de 60 millones de pesos a un empleado municipal que nunca se enteró porque  antes lo despidieron pero conservaron su clave de nómina.

Sin ser parte del gabinete legal pero sí del ampliado, ya mencionamos la semana pasada que a manejar los créditos para el desarrollo de micros y pequeñas empresas Gallardo Cardona  se trajo (o le trajeron) una dama con experiencia probada en la materia, pero señalada de malos manejos por su desempeño en el antiguo Bansefi.

Es verdad sabida que en la administración pública hacen igual daño los corruptos que los incompetentes y los no calificados. En ese mismo gabinete gallardista hay gente que simple y sencillamente no tiene manera de acreditar sus capacidades para el cargo que le ha sido encomendado.

Algunos casos se repiten: el ex tesorero municipal y ex diputado local, Emmanuel Ramos, no tiene la más remota idea de lo que son sus nuevas responsabilidades como titular de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental; lo mismo sucede con Ignacio Segura Morquecho, ahora secretario de Desarrollo Social. Y aunque a toda velocidad hace unos meses se consiguió un doctorado en educación, Ernesto Barajas Ábrego no puede acreditar experiencia en materia educativa. ¿Y qué decir de la Secretaría de Cultura? Su nueva titular es reconocida como una eficiente administradora de un canal local de televisión, pero de incursiones o experiencias en el mundillo de la cultura, nada.

En nuestra columna anterior dimos cuenta de que la Contraloría General del Estado se entregó a una ex diputada guanajuatenses del Verde, que ya se supo gusta lucir calzado muy costoso. Bueno, hoy les puedo informar que ya integró su staff con los principales cargos. Son ocho, de los cuales seis fueron entregados a guanajuatenses y uno a un llegado del Estado de México.

Les tengo la última. La dirección general de Adquisiciones, dependiente de la Oficialía Mayor de Gobierno, le fue entregada a manera de botín al inefable Héctor Serrano Cortés. Por supuesto que él no se va a ir a ensuciar las manos con el trabajo burocrático, por lo que ya instaló en ese cargo a la licenciada María Eugenia Guarneros, quien fuera su coordinadora general administrativa en la secretaría de gobierno de la Ciudad de México. En esa dependencia se realizan operaciones por centenares de millones de pesos al año, en compras de materiales, contratación de servicios y demás. Van a hincharse bolsillos y maletas.

UN CASO PARADIGMÁTICO

He dejado para abordar por separado el peculiar caso de Rafael Aguilar Fuentes, mejor conocido como El Chiquilín, instalado ya como director del Archivo Histórico del Estado. Quizá sea el nombramiento gallardista más disparatado. No me aparto de la realidad y entiendo que si Aguilar Fuentes hizo eso que genéricamente se conoce como «méritos en campaña», de alguna manera tenía derecho a un cargo en el gobierno para quitarse las telarañas de sus bolsillos.

¿Por qué a una institución que está a caballo entre el mundo académico y el cultural? Sospecho que fue producto del apresuramiento, de la irreflexión, del simple querer salir del paso. En eso de armar gabinetes siempre llega un momento en que de un lado quedan unos cuantos cargos y del otro algunos nombres, sin que necesariamente sean compatibles.

Si consideramos el tipo de perfil que ofrece El Chiquilin, creo que hubiera sido un excelente director de inspección -o como se llame- en la dirección general de Gobernación. Ya quiero ver qué dueño o gerente de antro iba a mandar por un tubo a esa mole humana. Si se le busca, han de aparecer varias opciones más.

Tengo para mí que este asunto se va a convertir en piedra de toque del régimen gallardista. Es decir, vamos a ver si hay alguna disposición para enmendar desaciertos o si va a resurgir la política chicharronera.

Alguien me decía que ve muy difícil que se corrija el entuerto, sobre todo porque Gallardo Cardona es muy soberbio. Discrepo. Hace mucho estoy convencido de que la soberbia y su prima hermana la arrogancia son defectos de conducta que se dan en personalidades complejas, quizá hasta algo sofisticadas. Este no es el caso. Creo que RGC es simplemente un prepotente venido a más. Los afectados por la soberbia o la arrogancia pueden elucubrar «soy mejor que todos esos; estoy dotado de virtudes que ellos no tienen», y cosas por el estilo. El prepotente tiene como única divisa y argumento el «¡Por mis güevos, cabrones!» Hasta en las fallas de personalidad hay categorías.

En vísperas de que concluya su larga estadía como canciller de Alemania, Ángela Merkel mereció que el brillante ensayista Jesús Silva-Herzog Márquez le dedicara su columna del lunes pasado en Reforma. Hay un párrafo que nos interesa reproducir. Dice: «El camino de la eficacia es otro: Analizar los problemas, escuchar con atención, rodearse de conocedores, abrirse a la crítica, examinar las alternativas disponibles, decidir con firmeza, corregir con agilidad».

COMPRIMIDOS

El pasado 21 de julio, el colega Omar Niño acudió a La Mañanera presidencial y cuestionó a López Obrador sobre los riesgos de que Ricardo Gallardo Cardona ascendiera a la gubernatura (en esos momentos se litigaba en tribunales). El Jefe del Ejecutivo lo defendió. Repitió lo que había dicho antes: que el encarcelamiento de RGC fue por política, para entorpecer su carrera. Omar volvió a Palacio Nacional el viernes 24 de septiembre, Planteó una cuestión de seguridad que López Obrador respondió digamos de cajón. Antes de despedirse, Omar le dijo al Presidente que no despegara los ojos de San Luis porque un par de días después asumiría el mando Gallardo, y había el riesgo de que este se convirtiera en territorio narco. Amlo escuchó, no dijo absolutamente nada en respuesta pero asintió levemente con la cabeza.

Desde luego que los proyectos de obras de gobierno se pueden anunciar cuando sea, ya el arranque físico es otra cosa. Ando un poco perdido, pues parece que el domingo 26 de septiembre por la tarde «se iniciaron» las obras de remodelación del parque Tangamanga I, en las que se tiene comprometida una inversión de 150 millones de pesos. ¿Y cuándo se licitaron los contratos? Por su monto, deben ser materia de una licitación nacional y quizá hasta internacional. ¿Ya se los pasaron a algún cuate?

Dije aquí mismo hace una semana que hay veces que Gallardo Cardona me provoca una gran admiración, por cosas como la valentía mostrada al proclamar públicamente (nada menos que en su toma de posesión) que El Niño Verde es su «líder moral». Luego, hay ocasiones en que lo que me causa es una gran ternura: hace unos días escuché, varias veces para estar seguro, una entrevista grabada en la que nuestro inefable gobernador confunde enternecedoramente «lapidar» con «dilapidar». Lo primero es arrojar piedras y lo segundo es derrochar, malgastar. Pues Gallardo dijo en dos ocasiones que la anterior administración «lapidó» el presupuesto. Conmovedor ¿Pues no que Héctor Serrano era su terapista neuronal?

Uno de los asuntos pendientes que más inquieta al clan gallardista, es el que está en la Fiscalía General del Estado relacionado con el robadero en Interepas, vía la empresa Axioma Kusuri. La inquietud es porque además lo retoma la Unidad de Inteligencia Financiera en la denuncia que presentó ante la Fiscalía General de la República. Bueno, pues en cuanto llegó a hacerse cargo de la FGE, el ínclito José Luis Ruiz Contreras mandó recoger el expediente, que estaba en la oficina del visitador Juan Alberto Camarillo Zavala, y le indicó que ya no preguntara por esos papeles. ¿Así, o más explicado?

Hasta el próximo jueves.