Insuficiencia renal y donación de órganos

Insuficiencia renal y donación de órganos. Hay quienes hablan de ello como si del pan de cada día se tratase, algunos empíricamente lanzan bombas que desinforman a la población renal, otros se alinean a los instructivos médicos y otros más se conmiseran.

Después de un diagnóstico nos convertimos en números, en folios dentro de esos 6.2 millones de mexicanos con insuficiencia renal crónica. Y se supone uno debe convertirse en un enfermo 24/7 sin derecho a tener el derecho a la oportunidad de vivir, porque, vamos, ¿Qué enfermo querría ser productivo? Hace años tuve que tomar una decisión, vivir con una enfermedad o vivir para la enfermedad. Hoy en día vivo con ella, que es la que me acompañará el resto de mi vida.

Alzo fuerte la voz por aquellos y aquellas que siguen viviendo en las sombras, por aquellas y aquellos que el miedo los paraliza. Es una condición médica diferente, es cierto, pero seguimos siendo seres humanos. La muerte así como la enfermedad es como un gato, alerta desde la azotea, se queda ahí, sigiloso, como si de un cazador se tratase.

En México se celebra una de las tradiciones y más coloridas que es el día de muertos, se ponen altares y el aire tiene otro olor.

Noviembre, noviembre es el mes de los muertos, pero al día de hoy, parece que somos el sexenio de día de muertos, caminamos por las calles como en una escena del crimen, entre cadáveres de mujeres y de enfermos, estos últimos muriendo a espera de un medicamento, ya no importa la interminable lista de espera para obtener un órgano que te cambie la vida, la muerte nos acecha irremediablemente, lo hace antes de que si quiera podamos asimilarlo. No hay medicamentos, se están agotando los pocos que restan y nadie dice nada.

El cuerpo, este remedo de cuerpo está cubierto por un campo de hielo, posee esa delicadeza fría, enceguecedora, que antecede a la lluvia. Es simple, y es suficiente para la vida no existen las grandes razones, existen los grandes instantes, el prodigio de estar y la necedad de perpetuar. El enfermo es como ese gato, un paciente cazador de esos instantes, un coleccionista consumado, cada hueco podría ser sustituido por recuerdos y experiencias incluso simplonas pero que te dan la satisfacción de decir lo hice, estoy viviendo.

Habemos adictos al arte, a la música, a la lectura, a la escritura, a la pintura y cualquier expresión que permita ese desahogo emocional. Pero el único arte que nos permite experimentarlo en carne propia se llama vida.

Debemos aprender a ver la vida, a escucharla, a sentirla y describirla. Amando el valor y la pronunciación de las palabras podemos amar la poesía; atestiguando nuestra voluble e impredecible naturaleza, buscando los sonidos de nuestro cuerpo, nuestra voz y pasos, sabremos para qué nos levantamos día a día a pesar de los grilletes de una enfermedad que parece encadenarnos y se empeña en doblegar al cuerpo.

La más violenta y contestataria actitud, el acto más arriesgado de valentía es observar la realidad, comprenderla y transformarla, es el acto de libertad que da sentido a nuestra  condición humana. Luchar por los derechos de las personas con enfermedades crónicas degenerativas no transmisibles.

Visibilizar y gritarle al mundo que aquí estamos, y que somos muy capaces. Que no aunque no estén preparados para vivir con personas como nosotros, nosotros sí estamos preparados para vivir con esas personas que lanzan miradas lacerantes. ¿Mi bandera? La libertad y aceptación, en este mundo tan trastornado estar loco es un acto de cordura.

Hemos crecido y sobrevivido con ese impulso, y con él sumamos conocimiento. Dejar de cambiar lo que vivimos, de admirar la naturaleza en la que habitamos, nos haría desaparecer como individuos y como especie. La vida, la que enfermedad y la muerte son esos pasos fundamentales en nuestra supervivencia que le dan espacio al espíritu, y que me dan espacio para mirar a ese gato en la azotea.

#JossEspino (Jocelin Aide Pérez Espino)

JOSS ESPINO / Tu voz, mi voz / Ciudad de México / Enero 13 de 2022.