El trofeo de la gubernatura

Contra viento y marea y resistiendo exitosamente numerosos embates de guerra sucia, Ricardo Gallardo Cardona ha conquistado la cumbre del poder en nuestro estado. Ha ganado la gubernatura y desde el pasado 26 de septiembre ya despacha en Palacio de Gobierno como titular del Poder Ejecutivo. Gallardo se convierte en uno de los gobernadores potosinos más jóvenes de la historia política de la entidad con apenas 40 años de edad. Su hazaña es un triunfo de la voluntad de poder.

Con su victoria irrumpe y se empodera una nueva generación de políticos. Los votantes optaron por el cambio provocando la desdicha de la clase política de siempre. Los partidos políticos tradicionales mostraron en las pasadas elecciones del 6 de junio la aguda crisis que los flagela. Particularmente el PRI y el PAN fueron víctimas de sus contradicciones y errores.

El nuevo gobernador rompe un largo ciclo de permanencia en el poder de los partidos Revolucionario Institucional y Acción Nacional. Al respecto Ricardo Gallardo Cardona no se anda con rodeos y acusa: “Teníamos 90 años sin alternancia, toda la vida fue el Revolucionario Institucional y Acción Nacional, porque el PRI y el PAN han sabido convivir”.

Esta tendencia histórica se rompió en las elecciones del 6 de junio. Han arribado al poder los partidos Verde Ecologista y del Trabajo, aunque en realidad lo que triunfa es una franquicia local conocida como La Gallardía que únicamente reconoce como líder al presidente de la república Andrés Manuel López Obrador.

Gallardo y el nuevo ciclo de la política local.
En la narrativa que se articula en el discurso político del nuevo gobernador se pueden identificar conceptos que nos revelan cómo se percibe a sí mismo, cuál es la herencia maldita que recibe y cuáles serán sus compromisos como gobernante. Veamos.
Dice Ricardo Gallardo: “Todo será diferente conmigo, la comunicación, la atención a la gente, la distribución del recurso, las modalidades de gobernar, todo”. En otro momento advierte: “Debemos entender que son nuevos tiempos, que ojalá los viejos políticos, los que se sentían poderosos, los que se sentían dueños de San Luis Potosí, entiendan que estos tiempos nuevos en la política y en la parte social del estado ya cambiaron”. Sin hipocresías hace denuncias y promete castigo a los que robaron y engañaron al pueblo: «Recibo San Luis Potosí con una deuda y pasivos por 20 mil millones de pesos, no con 4,700 como dice mi antecesor». “Tenemos un Hospital Central que no está en crisis, ya está muerto, y que no se puede resucitar; lo exprimieron y ocuparon como una gran lavandería y no precisamente de ropa”. “Pero no es lo único, se encontró un almacén con toneladas de medicinas caducas y por si eso no bastara compraron medicina falsa contra el cáncer, para llevarse el dinero y eso es un crimen”.

En cuanto a su estilo personal de gobernar asegura: «Gobernaré con mano firme”. “No vamos a perdonar a los detractores. Esto ya Cambió”. “Trataron de engañar a los potosinos en la campaña y después a los magistrados que calificaron la elección”. Ojo: el que avisa no es traidor. Se aproxima una adaptación potosina de la noche de los cuchillos largos. Parece que Ricardo Gallardo se dispone a destapar la Caja de Pandora y que atestiguaremos tiempos de furia. No de venganza –dice- sino de justicia, verdad, reparación del daño y garantía de no repetición. Si cumple su palabra empezará una purga que sepultará políticamente a los detentadores del poder de las últimas décadas.