El dueño de México

Las sociedades del mundo que nos parecen envidiables a nosotros los mexicanos, son aquellas que gozan de excelentes servicios públicos y con economías progresistas, aún a pesar de los altibajos de las crisis que nos afectan. Desde luego no es en forma gratuita el tener las ventajas que tienen sobre nosotros, los que vivimos en México.

Disciplina, estudio, conocimiento, firmeza en el bien hacer, organizados, cumplimiento de la ley, solidaridad, la mayor parte de la sociedad práctica y exige honestidad y, desde luego, la exigencia de lo que sirve a todos. Así es generalmente la vida en aquellos países que nos causa anhelo de estar ahí.

En nuestro país, todo se politiza, todo, desde luego nos retrasa y quita tiempo de progresar frente a otros países, y esto pasa porque los diferentes sectores de la población tendrían que estar de acuerdo, lo cual nunca pasará. La falta de una cultura de solidaridad, buscando los beneficios colectivos, es total.

Cómo es que nuestra ciudad ha caído en la anarquía sin que exista autoridad capaz de solucionar los problemas que afectan a terceros. Se tomó la determinación de interrumpir las vialidades, por los encargados de investigar y administrar justicia; raro, las personas que buscan se les haga justicia, las mismas que pertenecen a una institución, se ven obligados a tomar las calles y no ampararse en la vida institucional que representan. ¿De ese tamaño es la confianza que se tiene en el sistema que representan?

El tema no es nuevo. Es apenas algo de lo mucho que hemos arrastrado durante años, sería sólo una pequeña muestra de lo descompuesto que estamos. La vida social de nuestro Estado está convulsionada. Quizás ya lo había estado, pero en medio de tanta impunidad no lo recuerdo. Nuestra sociedad se ha vuelto en contra de la misma sociedad cobrando deudas con terceros. Se dejaron crecer los problemas, caímos en las publicaciones de campañas que prometían arreglarnos el mundo.

La verdad está en nosotros, la sociedad que convertida en mezquina se dedicó a ver solo en el beneficio personal y no favorecer esa conciencia social que nos hace interdependientes. La esperanza no debería estar en una persona o, un grupo de personas, debería estar en el beneficio común exigible desde luego. Jamás una sola persona construyó nada en la soledad.

Este México debería ser de todos. No lo es, tiene dueño cada seis años.

Hoy, ciertamente, estamos rebasados en forma por demás grosera. Los problemas nos asfixian, y muchos mueren antes de vislumbrar tan solo la esperanza. Tendría que terminar el encono, el antagonismo, el pleito, y todo ello, ni siquiera es de las personas que sostenemos esta Republica, es de ellos, los que ansían el poder, el dinero de todos.

@jaimechalita