¿Dónde está mi mente?

  • ¿Dónde está mi mente? Epidemia de ‘muertes por desesperación’ precede al coronavirus.

Maria Fernanda Alvarez Montejano

Insomnio. Otra mañana igual a todas, por no decir gris y como ya es de diario, problemas para poner un pie fuera de la cama. Todo requiere un esfuerzo mayor. Parece que ya nada causa entusiasmo. El sentimiento de tristeza no desaparece. La baja productividad compromete el trabajo mientras que el miedo domina los pensamientos. La vida pierde su brillo y significado. Terapias, medicamentos, alcoholismo, drogas de diferentes tipos (todo lo anterior cuando tienes la “bendición” de poder costearlo) y, en ciertos casos, suicidio.

Suena desalentador, ¿cierto? Si estamos de lado de la suerte, es un tema totalmente ajeno a nosotros, pero si no, es un escenario diario para el alarmante 15% de la población mexicana que vive con depresión, según el subdirector de Información de la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM. El pasado 10 de octubre se celebró el día mundial de la Salud Mental, tiene como objetivo aumentar la conciencia de los problemas de salud mental en todo el mundo y movilizar los esfuerzos en apoyo de la salud mental.

La lucha por ganarse la vida puede, paradójicamente, representar tu pérdida. En 2018, se revirtió la tendencia de aumentar la esperanza de vida. La explicación, según Anne Case, es lo que en su libro denominó “muertes por desesperación”, son las relacionadas con el suicidio, la sobredosis de drogas y el alcoholismo.

Las cifras más recientes del INEGI sobre el suicidio en México son de 2018, cuando se registraron 6,710 muertes por lesiones auto infligidas, que afecta principalmente a la población con menores ingresos y educación; sin embargo, existe un agravante: no existe una vacuna para este tipo de pandemia.

En el libro “Muertes por desesperación y el futuro del capitalismo” se habla sobre  las fuerzas sociales y económicas que están empujando a la población a dicha desesperación de la cual se habla. El capitalismo, en los últimos tiempos ha venido “mejorado” la condición socioeconómica de muchas personas, y claro, ahora, en cierto modo, está destruyendo vidas a la par.

Como dije en la columna anterior, está en riesgo el trabajo realizado en mano de obra de millones de personas derivado de la sustitución de la misma por tecnología mas eficiente y a menores costos, y a la par ha habido una disminución significativa en los salarios de los menos educados. En tiempos de recesión, es más probable que los trabajadores no calificados pierdan su trabajo, y cuando encuentran otro, generalmente no es tan bueno como el anterior. El panorama general es de oportunidades económicas a la baja y grandes transformaciones en la estructura de la sociedad.

En México, las muertes por lesiones auto infligidas se concentran en el grupo de 30 a 59 años con 46%; le sigue el grupo de jóvenes de 18 a 29 años con 34%, y las niñas, niños y adolescentes de 10 a 17 años con 10 por ciento, señala el INEGI.

Sin embargo, estos números pueden incrementar. Con la pandemia de coronavirus, aumentaron los trastornos mentales. El escenario actual, caracterizado por la incertidumbre, la soledad y la angustia, ha llevado a miles de personas a adoptar hábitos poco saludables. Creció el consumo de bebidas con alcohol, cigarros y otras drogas. A su vez, disminuyó el tiempo dedicado a las actividades físicas.

La depresión, que ya era una de las principales causas de incapacidad en el trabajo, fue adoptada por nuevas personas y trabajadores con pocas expectativas y ánimos. Quienes tienen recursos, se toman vacaciones y buscan recuperarse en sesiones de terapia y medicamentos recetados. Los desfavorecidos se quedan a vivir con un dolor cuyo origen, en muchos casos, no comprenden.

@feralvmont

FERNANDA ALVAREZ / Voces / San Luis Potosí, S.L.P. / Septiembre 17 de 2021.