De lo ganado, lo perdido y del meme modoso (un 2020 que no fue año)

Espero sinceramente que en algún momento de la vida futura, mi hija me pregunte con sinceridad qué diablos pasó en 2020 que trastocó la historia.

Seguramente ella recordará poco de lo sucedido este año donde tanto se ha perdido, donde mucho se ha ganado, donde tanto pasó y que a la vez pareciera que no ha pasado nada.

Sinceramente no sé como empezar a contarle la tristeza de miles de familias que han perdido mucho, muchísimo o todo por la pandemia. Cómo contarle que como padre, viví con el miedo sin fin de que ella se contagiara o que yo me fuera de su vida para siempre por culpa de un pequeño bicho.

Será complicado también explicarle que su familia tuvo que modificar muchas cosas para protegerse de incluso, su propia familia.

Y es que este año ha dejado pérdidas dolorosísimas. Personas que se han ido y que no volverán dejando recuerdos en muchos lados, abrazos pendientes, besos sin dar, te amos y te quieros que no se dijeron porque la muerte sorprendió a muchos así, como cualquiera cosa en la vida.

La muerte no avisa, jamás advierte ni considera edades, salud o cuentas en el banco. A la Señorial Dama no le apetece saber de razones, acciones o cosas nunca dichas. Muchos a los que quiero perdieron a quienes amaban y hubo rabia por no poderles abrazar y decirles al oído, lo siento mucho.

Muchos perdieron trabajos y proyectos acariciados durante años y que de un momento al otro se fueron al carajo por salvar la vida propia y la ajena.

También hubo quienes dudaron o de plano les valió un reverendo pito, bueno, hubo y los sigue habiendo. Personas sin la minúscula idea del mal que pueden causar a sí mismos o a otros, si hemos de hacer comparaciones, imaginémonos a aquellos que deciden tomar un volante estando repletos de alcohol. O se matan ellos o matan a quienes ni siquiera estaban en la borrachera.

Espíritus sin alma son aquellos que conociendo el mal lo van repartiendo por ahí como si cualquier vida no importara.

Este año que termina nos volvimos consientes de cada cosa que tocamos, de cada objeto que movimos y que con miedo, no sabíamos si estaba contaminado o no.

Fue el año también de mujeres y hombres que fueron héroes. Enfermeras, médicos, investigadores, afanadores, personal de limpieza, policías, rescatistas, periodistas, sinfín de personas que arriesgando el pellejo y la salud y algunos incluso la vida, siguieron de frente a la pandemia sin poder refugiarse en casa.

No creo que tras la generación de la Segunda Guerra haya habido otra que tuviera que enfrentarse con uñas y dientes en beneficio de los demás, tratando de rescatar economías, vidas, países enteros y tratando desde luego, de permanecer con vida.

A ellos todos les debemos y deberemos mucho.

Pero vaya, que el año también dejó catástrofes y accidentes que a más de uno hicieron palidecer y pensar que no llegaríamos siquiera a diciembre. Pero el mundo en su esplendor y vida propia considerando que nuestra virulenta existencia humana no merecía tal suerte por el momento, nos dejó habitar esta tierra unos meses más (esperemos que siga pensando igual la Madre Gea en los años próximos).

En pensamientos más en corto y terrenales, también fue el año para que muchos y muchas y muchísimos aprendieran, descubrieran o mantuvieran las cosas buenas.

Siguieron naciendo niñas y niños, siguieron siendo muchos los hermosos amaneceres, las apacibles tardes, las risas de los nuestros, el amor siguió y muchos hicieron del sexo la cosa más entretenida de la pandemia.

Que la vida siguió pues, con la Espada de Damocles haciéndonos piojito con la advertencia de que sigue ahí buscando quién se apendeje un rato para caerle con alegría.

Y no olvidemos los memes… esos, los que compartimos, los que nos hicieron reír y mira, que a veces hasta pensar.

Espero, volviendo a la pregunta futura de mi hija, poderle contestar que literalmente fue un año de mierda, pero ¡vaya que las risas no faltaron¡

Si tu estás leyendo esto, felicidades, hemos pasado el nivel y seguimos vivos, y seguir vivos significa que debemos sufrir, reir, amar, follar, comer, trabajar, mantenernos y patalear por pendejadas en este valle de lágrimas.

Así que ama, ríe, juega, no olvides abrazar a los tuyos y decirles que los quieres, los medio soportas o los amas, pero que lo sepan.

Trata de ser mejor persona que la que fuiste ayer. Come verduras y acaricia perros, gatos y tlacuaches por igual porque neta, no sabemos la que nos espera.

Espero sinceramente que este año te haya permitido al menos, sonreír más que llorar, amar más que odiar y sobre todo, que el año que nos espera con fauces amenazantes, pueda ser domado con la fuerza tuya, la mía, la del otro y la de aquel.

@laussin

HUGO LAUSSIN / Opinión / San Luis Potosí, S.L.P. / Diciembre 31 de 2020.