Continúo encontrándome

Volverse adulto y asumir la responsabilidad de nuestras vidas, suena más sencillo de lo que es, cuando íbamos en la escuela, sabíamos que lo siguiente era comenzar el nuevo ciclo escolar, pero hoy, nada ni nadie nos dice qué sigue o hacia donde hay que ir, somos las decisiones que tomamos y el valor que demostramos al defender esas decisiones.

Siempre he corrido, buscando cuál es el siguiente paso, intentando entender el propósito de la vida y definir lo que está bien y me hace feliz.

Hace algunas semanas tuve una pequeña introspección, me di cuenta, no solo en mí misma sino en la gente a mi alrededor, que cuando algo no está saliendo de la forma que esperamos, tendemos y me incluyo, a culpar a alguien y a no asumir el hecho de que nuestras decisiones nos pusieron en esa posición, por ejemplo: culpamos a nuestra pareja porque «nos frena» cuando en realidad somos nosotros los que hemos temido al fracaso y no perseguimos nuestros sueños, culpamos a nuestros padres por conductas tóxicas que nos generaron pero de las cuales tampoco nos queremos hacer responsables, culpamos a la generación boomer por no dejarnos terrenos baratos pero no dejamos de gastar en nuestros cafés de Starbucks y no asumimos nuestra responsabilidad financiera y así con muchas otras cosas.

Creo que parte de crecer, es esa búsqueda de las personas que queremos ser, defender nuestros sueños y nuestra voz depende únicamente de nosotros mismos, y es momento de dejar de delegar los resultados negativos de nuestras decisiones en otros, porque sino somos capaces de reconocer nuestros errores y fracasos entonces no podremos aprender de ellos y por consiguiente no habrá crecimiento.

Creo que nunca es tarde para caerse, pues siempre estamos transformándonos y es cierto, a nadie nos gusta que nos digan o saber que nos hemos equivocado, pero al abrazar las consecuencias de las decisiones que tomamos, crecemos como personas y nos colocamos un paso más cerca de en quien queremos convertirnos.

Lo cierto es que no hay un manual de como vivir nuestra vida y lo divertido o aterrador (depende de cómo lo vea cada uno de nosotros) es que tampoco hay borrador… la vida es… y sin embargo eso es lo que la hace tan emocionante, así que hoy los invito a equivocarse, a fracasar mucho, a asumir las consecuencias de sus malas decisiones y por ende CRECER… porque al final solo tendremos las cicatrices que nos recordarán esos momentos en los que nos demostramos que fuimos más fuertes que los errores que cometimos.