Cien años sin pensión

Cien años sin pensión: diálogo con Namanari sobre los deudores alimentarios en SLP

Hace unos días, concretamente el 16 de enero, el mundo cultural y literario latinoamericano fue conmocionado con la noticia de que Gabriel García Márquez tuvo una hija no reconocida legalmente por él, llamada Indira Cato. Según cuentan los allegados al Gabo, su círculo más cercano sí sabía de la existencia de Indira pero había decidido guardar el secreto debido a su fidelidad hacia él. De esta manera, el autor de Cien años de soledad se uniría a su homólogo Pablo Neruda en el hecho de no ejercer una paternidad activa con sus respectivas hijas. Quizá esto pueda sorprendernos debido a que ambos fueron dos grandes intelectuales, ganadores del Premio Nobel, con solvencia económica y hasta supuestamente progresistas (Neruda, por ejemplo, fue senador y miembro del Partido Comunista de Chile). No obstante, y desgraciadamente, el abandono legal y económico hacia las infancias parece ser algo más bien transversal que atraviesa a todas las sociedades. San Luis Potosí, naturalmente, no es la excepción…

Con el fin de conocer mejor este fenómeno en nuestro Estado, nos hemos puesto en contacto con la representante del colectivo Namanari. Esta organización, que desde el 2018 se dedica a la protección de mujeres e infancias en situaciones vulnerables, ha estado en el foco de atención las navidades pasadas cuando instalaron en Plaza del Carmen un árbol navideño cuyas esferas eran los rostros de algunos deudores alimentarios potosinos. Este colectivo, además del activismo a pie de calle, también realiza uno virtual con ayuda de las redes sociales donde concientizan y difunden los casos que llegan a ellas. Debido a esto, sus integrantes han sufrido diversos tipos de amenazas, acosos y agresiones tanto a sus personas como a sus bienes. Por esta razón, nuestra entrevistada nos ha pedido usar el pseudónimo Gomory San.

José Luis Espericueta (JLE): Hola, Gomory. Muchas gracias por aceptar esta entrevista. Bueno, supongo que has escuchado la reciente noticia sobre la existencia de una hija no reconocida de García Márquez. En este sentido, ¿crees que la ausencia de responsabilidad paterna es propia de determinados estratos sociales o en lo absoluto?

Gomory San (GS): Antes que nada, mil gracias a ti por brindarnos el espacio y el tiempo. Con base en lo que hemos visto a través de la recolección de datos y las entrevistas que efectuamos, realmente este fenómeno es general. No pertenece a una cierta clase social. Se abandonan menores desde en la clase más baja hasta en la más alta.

JLE: Y en cuestión de estudios, ¿cuál es el perfil de los padres deudores alimentarios? ¿Han encontrado personas de todos los niveles educativos o más bien al contrario?

GS: De todos, de todos. Desde gente que no tiene acceso a los estudios, hasta gente preparada y bien acomodada. De todos los niveles educativos y profesiones, incluso tenemos denuncias contra funcionarios públicos, jueces, policías, militares y médicos.

JLE: Y con respecto a los menores, ¿existe algún patrón entre ellos? Por ejemplo, ¿son más abandonados los niños o las niñas?

GS: Yo creo que en cuestión de sexos ahí van, van a la par. Por otro lado, algo que sí es muy común es que cuando el niño o la niña tiene una discapacidad o necesita algún tipo de tratamiento, no importa cuál sea, hay abandono. Es casi una característica de cajón. Además, también hemos notado que actualmente hay dos grupos de edad: están los menores de 12 a 18 años que no tienen pensión alimenticia pero que sí fueron reconocidos legalmente y están los que van de 0 a 11 años que están en situación de no reconocimiento paterno. Es decir, pareciera que anteriormente había mayor reconocimiento por parte de los padres, aunque no cumplieran con la pensión, pero después viene otra generación que ni siquiera los reconocen legalmente.

JLE: Es muy relevante lo que cuentas sobre el constante abandono de los menores con discapacidad. De hecho, me hiciste pensar en el mismo Neruda que abandonó a su hija con hidrocefalia y que dejó morir en la miseria. Ahora, me gustaría que habláramos sobre las actoras principales: las madres. ¿Cuáles son las mayores dificultades que encuentran?

GS: Varía mucho en función del poder adquisitivo que tengan la mamá y el papá. Sin embargo, las mayores trabas que han tenido las mamás se encuentran en el proceso jurídico y en la búsqueda del apoyo de las instituciones. Por ejemplo, para que reciban tus demandas te piden obligatoriamente que des el domicilio del deudor, aunque en la ley dice lo contrario. El problema se presenta cuando el papá está escondido. En definitiva, la mayoría de las mamás que han logrado algo en sus demandas, han sido ellas las que han tenido que tomar el lugar del abogado, las que andan dejando los documentos, moviéndole aquí, moviéndole allá. Hacen visitas constantes al ministerio, a los juzgados. Aprendemos, bien o mal, a ser nuestras propias abogadas, nuestras propias defensoras. Nos obligan a aprendernos códigos, a investigar. En general esa es la constante.

JLE: Ya hemos hablado de las principales partes del conflicto: el padre ausente que puede pertenecer a cualquier estrato social, los hijos que sufren del abandono físico y económico, y la madre que se ve obligada a tomar funciones de abogada. Ahora quisiera preguntarte por terceras personas: los jefes, las familias y las parejas de los deudores.

GS: Los jefes en su mayoría son hombres, muchas de las veces amigos del deudor, y se ponen de su lado; o, incluso, aunque no lo sean, los cubren. Es cuestión de que el deudor pida que le bajen el sueldo o que nieguen su relación laboral, y le ayudan. Con respecto a las familias, siempre tienden a solapar al deudor, aun si eso implica dar falso testimonio.

JLE: ¿Han tenido casos en los que alguna persona haya denunciado al propio familiar?

GS: Sí, es muy raro, pero sí ha habido. Creo que serán si acaso unas dos veces en las que se han comunicado los familiares para apoyar con denuncias.

JLE: ¿Qué hay acerca de las nuevas parejas de los deudores?

GS: Suele ocurrir que, una vez que las nuevas parejas se enteran de la situación, se ponen muy a la ofensiva hacia las madres; frases como “es que tú me lo quieres quitar”, “es que tú estás ardida porque te dejó”, es muy común escuchar. Pero es necesario también mencionar que, en algunos casos, gracias a los tendederos donde colgamos las fotos de los deudores, se ha logrado que entre ellas se junten, que se hablen, se conozcan, y así acaban evidenciando todas las trastadas del deudor.

JLE: ¿Piensan que ha habido casos en los que quizá haya nacido una pequeña alianza entre ellas?

GS: Tenemos algunos grupos de mamás de un mismo deudor que se están juntando y organizando, porque hay papás con más de una familia en abandono. Entonces, a raíz de las denuncias por redes sociales, hemos logrado en algunos casos que las mamás hablaran y entre ellas se pusieran de acuerdo para obligar al deudor a que se haga cargo de los menores de todas, todo por un bien común: los niños.

JLE: Son impactantes estas historias que nos cuentas sobre las madres uniéndose por el bien de sus hijos. Ahora, cambiando de tema, quisiera adentrarnos en un terreno lingüístico. En lo personal considero que el lenguaje importa mucho, las palabras que se utilizan tienen una carga cognitiva e impactan en el modo en que comprendemos las cosas en la sociedad. En este sentido, yo he visto que algunos colectivos como el de ustedes utilizan el concepto de “violencia económica”. Este término podría parecer extraño a alguien que piense que la violencia únicamente puede manifestarse a través de golpes o gritos. ¿Podrías ayudarnos a clarificar esta noción para las personas lectoras?

GS: En la misma Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, encontramos que las limitaciones económicas afectan la supervivencia de las personas, victimizándolas. En cuestión de oportunidades, el ingreso económico que reciben las madres para sus menores influye demasiado en su calidad de vida. La falta de pensión limita a los menores en muchos aspectos desde salud hasta educación, lo cual puede impactar negativamente en su presente y en su futuro.

JLE: Hay otro constructo lingüístico que me gustaría tratar contigo. He leído que cada vez más se utiliza el concepto de “madre autónoma”. ¿A qué se debe?

GS: Es en sustitución al de madre soltera. La autonomía hace referencia a la independencia. Se cambia el adjetivo de “soltera” por el de “autónoma” porque el primero se refiere al estado civil. Se elimina el estado civil y se le regresa su autonomía. El término “autónoma” empodera y quita la etiqueta o el estigma de “haber sido dejada”, cosa que no siempre es así. El concepto de autonomía celebra la independencia y el trabajo enorme que hay detrás de la situación que le tocó vivir.

JLE: El tercero y último concepto es el de “derecho de alimentos”. Se me ocurre que quizá muchas veces los padres pueden utilizar perversamente la literalidad de la palabra “alimentos” para restringirse únicamente al apoyo destinado al comer, cuando en realidad el código familiar del Estado menciona que este derecho abarca todo el desarrollo biopsicosocial del menor. Tal vez por esta razón en otros países se utiliza el término “derecho de manutención” para ampliar el sentido. ¿Cuál es la situación en México?

GS: En general todos los tendederos y colectivos de la Red Nacional manejamos solo el término de “pensión alimenticia o alimentaria” porque de esa manera se pone la demanda y así se estipula en los códigos, aunque ahí mismo se específica que implica todo: arte, ocio, diversión, calzado, vestido, escuela, incluso en alguno de los estados su código habla de “chucherías”. En lo personal no me había puesto a pensar en otra forma de denominar esto, hablar de “derecho de manutención” es una buena idea también. Lo propondré en próximas reuniones porque sí se debe dar una batalla cultural a nivel de lenguaje, es muy necesario.

JLE: Por otro lado, me gustaría que nos contaras un poco sobre aquel famoso árbol de navidad que hicieron con los rostros de los deudores.

GS: En realidad la idea era tomar el árbol del gobierno en Plaza de Fundadores, supuestamente el más grande de América Latina, pero nos lo prohibieron, no nos dejaron. Por eso construimos nuestro propio árbol en Plaza del Carmen. La experiencia fue un poquito agridulce porque la mayoría de las personas en noticias o comentarios estaban en contra y nos tachaban de haber ensuciado el espíritu navideño con el evento. Sin embargo, ahí se lograron 6 acuerdos de pago y se localizaron a 4 deudores escondidos. Entonces fue satisfactorio hasta cierto punto, aunque también agridulce porque los comentarios de la sociedad potosina fueron más negativos que positivos. Pero estamos por cambiar eso. Tiene que cambiar.

JLE: ¿Y cuál es el próximo golpe que darán? ¿Cuál el próximo evento?

GS: En las próximas semanas habrá otro tendedero físico, aún no hemos definido la fecha y el lugar, pero ya se está organizando. También el 14 de febrero habrá una dinámica con “la señorita mostaza”, uno de nuestros personajes más queridos por la comunidad. No puedo revelarte la naturaleza de este evento, pero podemos decir que una de las acciones se llevará a cabo en nuestra página de Facebook “Tendedero de Deudores Alimentarios SLP”.

JLE: Lo entiendo… En cualquier caso, estaremos al pendiente en internet para conocer sus futuras actividades. Bueno, para terminar, ya me has hablado de acciones que buscan atajar el problema presente, pero ¿qué podríamos hacer para que los futuros niños no perpetúen el ciclo de ausencia de sus padres o abuelos?

GS: A largo plazo pretendemos hacer que el sistema educativo integre en la primaria o secundaria una materia o bloque que hable sobre paternidades y maternidades, crianzas, derechos y obligaciones, pensiones alimenticias, pero todo desde una mirada más crítica y actual. Esta cuestión es un asunto social y de Estado. Las madres tenemos aquí y ahora el futuro del país en nuestras manos. Si proteges a las mamás, tendrás ciudadanos de calidad; si proteges a las infancias, el futuro del país estaría garantizado. Y es que si las instituciones, las leyes y la sociedad procuraran el efectivo cumplimiento de la pensión alimenticia, las mamás podrían enfocarse más en una crianza constructiva y en darles oportunidades a sus infantes que, a final de cuentas, son el futuro del país.

José Luis Espericueta
Profesor. Université Le Havre-Normandie.
jl.espericueta@outlook.com