Apuntes, hoy o ayer

Y la contrarreforma eléctrica será un tema dominante estas semanas, tanto en la malmirada Cámara de Diputados como en numerosas oficinas o cantinas, al igual que en hogares y negocios que están inquietos por sus cuentas de consumo de electricidad. Insisten que, en la política hoy, se podrán simular negociaciones para sobornar legisladores o intimidarlos de diversas formas, aunque aquí un éxito oficial podría ser contraproducente.

Retomo ahora el hilo del sábado pasado, con unos cuantos complementos de especial interés.

Miren, la economía es más fácil de entender si se considera la sicología de los actores: ante incentivos y desincentivos, pueden conducirse o no con racionalidad, sea en conjunto o como individuos que consumen, ahorran, invierten, producen, venden y obtienen salarios o utilidades. Nada ayuda que se le metan tantos elementos sociales, pues deja de ser economía y ya no es útil como tal. Algo similar sucede al mezclarle dogmas ideológicos: quizá la vean mejor algunos, pero ya no se trata de un idóneo proceso de decisión con bases y finalidades económicas.

Resulta que el lucro es mal visto por algunas abuelitas católicas de provincia. Así, el primer mandatario reitera el refrán de que “el diablo es el padre (y la madre) del dinero” … que ganar “mucho” es perjudicial, ya seas un empleado o el propietario de la empresa. Esto, claro, no toma en cuenta que para invertir el principal aliciente es —precisamente— la utilidad que va a obtenerse y que, con talento y esfuerzos, se tiende a “maximizar” hasta cierto punto. Incluso las empresas del Estado podrían tener remanentes para reinversión.

La inusitada iniciativa se ve apoyada por el oficialismo en contra de la opinión general o especializada de los sectores más enterados, y se degrada por los argumentos deficientes o la politización partidista en los intentos de apuntalarla para el debate público y parlamentario. Es que diversos elementos políticos e ideológicos amenazan una propuesta que debería ser modificada a fondo si no se quiere forzar su aprobación con daños tangibles al país, tal como impone un populismo demagógico y autoritario.

Esta contrarreforma no se ve hermoseada ni con cuentos oficiales sobre los casos de México y España, ni con comparaciones entre expresidentes en vez de ubicar el siglo XXI frente al XX, ni con ataques directos de Nahle contra empresas del sector privado, ni con bravatas de sus promotores Noroña, Bartlett y Taibo, ni con amenazas a los diputados más vulnerables del PRI. Sería, fíjense, como el mundo al revés.

* CON ENTUSIASMO LEÍ POR tercera vez uno de mis libros favoritos, ‘Disraeli’ de André Maurois, la biografía del político y escritor inglés del siglo XIX. Les comento aquí unas cuantas facetas de interés.

Lo había tenido presente y una serie en la tele sobre la reina Victoria me llevó a localizarlo. Sí, Benjamin Disraeli, del partido llamado Tory, sufrió mucho para llegar a ser dos veces primer ministro (PM dicen allá) en el largo reinado de esa poderosa mujer (1837-1901), que se convirtió en emperadora y abuela de las dinastías europeas. En la época alternó con su rival Whig o Liberal, William Gladstone, que también fue PM varias ocasiones.

Como hijo de inmigrantes italianos de origen judío, BD había enfrentado diversas desventajas y buscó vías para superarlas o compensarlas con base en su inteligencia y audacia, sobre todo al madurar y aprender de sus errores o fracasos. De entrada, desarrolló su vocación de escritor y terqueó en la política electoral, sin éxito en ésta hasta que funcionaron las relaciones que cultivó. Antes fue tres veces canciller del Exchequer (secretario de Hacienda) sin una formación económica.

En el peculiar sistema político inglés, la soberana lo invitó a formar un nuevo gobierno cuando cayó el de otro Miembro del Parlamento de su mismo partido, aunque estuvo en el poder sólo unos 9 meses de 1868 hasta la siguiente elección general en que fue derrotado por Gladstone. Volvió como PM de 1874 a 1880 y su eterno contrincante lo precedió y lo sucedió. Pero, ojo, en la “resbalosa cucaña” la competencia entre ellos favoreció una época de poderío y prosperidad para esa democracia.

Era muy querido por la reina y fue impulsado por mujeres que siempre creyeron en su brillantez y sus causas… en sus expresiones escritas o verbales. Nos dejó recuerdos de amor y flores, palabras y frases, logros y adversidades, visión y reformas, tenacidad y honradez.

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CARLOS PÉREZ GARCÍA / Opinión / Ciudad de México / Octubre 16 de 2021.