FRAGMENTO DE MI DISCURSO EN LA CEREMONIA DE DR. H.C. OCTUBRE 01, 2021
Todo ser humano nace, vive, muere con dos sellos indelebles:
El primero es: el sello de criatura de Dios, quien le comunica la inmensa dignidad que posee, precisamente por haberlo creado a Su imagen y semejanza, con un ADN humano. El segundo es: el sello de su irrenunciable vocación social, que le exige ser comunión con todos sus semejantes, si quiere realizar la vocación que él, y nadie más que él, puede y debe realizar durante su existencia temporal.
Reflexionar en el segundo sello, es a lo que la mayoría de las personas se detienen y se apoyan con frecuencia, mutilándola, en la expresión del propio Jesucristo, cuando afirma “Dad a Dios lo que es de Dios, y al césar lo que es del césar”. En el afán de dar al césar lo que es del césar, se olvidan de que hay que dar a Dios lo que es de Dios. Por lo tanto, Dios, es nada más y nada menos que la integralidad de la persona humana, en todas las manifestaciones de su vida, porque es el pensamiento amoroso de Dios el que da vida al ser humano.
Afirmo que, hoy más que nunca, la vida pública requiere de mujeres y hombres de vigoroso carácter moral, con una sólida formación espiritual y con un compromiso indeclinable de ser cristianos de tiempo completo y al servicio de la nación, y de la patria. Bien vale la pena gastar nuestra vida, al límite, al servicio de Jesucristo y de México.
Conforme a la parábola de los talentos, no pretendamos llegar ante Él cómo jubilosos jubilados, sino como incansables trabajadores de la mies. El cristiano tomará fuerzas, con naturalidad, de la vida diaria de sacramentos y de oración. En mi opinión lo que les falta a muchos católicos en la vida pública es un vigoroso acompañamiento en el estudio, en la oración y en el sacrificio y en la práctica de los sacramentos.
Pienso que urge que actuemos con más eficacia el campo de la convivencia social, pues ahí se dan las más variadas relaciones entre los hombres. De hecho, es indispensable devolverle a la democracia fundamentos sólidos de valores eternos derivados del orden natural de las cosas, pues la democracia despojada de valores estables, tiende a la anarquía pues solo prevalecería la creación de convencionalismos para la convivencia por la vía de la construcción de mayorías parlamentarias. Es imperativo que el Estado de Derecho tenga su mayor fortaleza en normas positivas fundadas en el derecho natural.
Hoy hay un razonable acuerdo en que la libertad económica, con matices, y la democracia con sus particularidades son la manera más adecuada para organizar la convivencia entre las naciones y al interior de las mismas. Sin embargo, cuando analizamos con más agudeza nuestra época, la disputa pública y cultural ya no está centrada en el modelo económico ni en el político, sino en los valores que le dan sentido a la persona y orientan su conducta.
Hoy somos parte de una batalla antropológica cultural en la que el poder político reclama para sí la facultad de definir al hombre, muchas veces socavando su libertad y dignidad. Ante esta realidad, la verdad acerca de la persona humana conocida por la razón e iluminada en su totalidad por la Revelación, constituye el arma fundamental para dar la batalla en la defensa y promoción del ser humano.
Algunas personas piensan que obtener éxito material y vivir congruentemente la fe es imposible. Es ésta una premisa falsa de la cual hay muchos ejemplos. No obstante es cierto que en diversas ocasiones, el cristiano tiene que elegir entre su éxito personal y la fidelidad a Cristo. Y esto sucede especialmente en lo político y en lo económico. El hedonismo, materialismo e individualismo que prevalecen en nuestro tiempo, no borran, pero sí opacan, el primer sello al que he hecho referencia. El ansia de dinero, de poder, de placer y de éxito, avasalla muchos corazones.
El cristiano que suele hacer de su fe en Jesucristo un asunto privado, difícilmente descubrirá en su encuentro con el otro, un encuentro con Jesucristo que lo transforme a él en el amor, por el amor y para el amor, y por lo tanto, hará prevalecer sus apetitos personales por encima y aun en contra del bien de los demás.
A lo largo de mi vida he aprendido algunas cosas. Mi familia, mis confesores, maestros y amigos y muchas personas me han ayudado sobre todo a amar la voluntad de Dios y a pedir perdón; porque lo importante durante la vida temporal es conocer el camino de regreso a la casa del Padre, confiado en su misericordia, cosa que sin duda se expresa en el mandamiento nuevo pero que se desglosa de una manera espléndida en la Oración del Papa Clemente XI, misma que rezo con todos mis equipos de trabajo desde hace muchos años y que ha producido abundantes frutos porque todos ellos son mujeres y hombres de fe y de bien, con sus dos sellos muy bien puestos. A todos ellos, gracias y que Dios los bendiga.
Creo en ti, Señor, pero ayúdame a creer con firmeza; espero en ti, pero ayúdame a esperar sin desconfianza; te amo, Señor, pero ayúdame a demostrarte que te quiero; estoy arrepentido, pero ayúdame a no volver a ofenderte.
Que tu sabiduría, Señor, me dirija y tu justicia me reprima; que tu misericordia me consuele y tu poder me defienda. Todo aquello que quieres tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres tú, como tú lo quieras y durante todo el tiempo que lo quieras.
Dame tu gracia para ser obediente con mis superiores, comprensivo con mis colaboradores, solícito con mis amigos y generoso con los que se dicen mis enemigos. Ayúdame, Señor, a superar con austeridad el placer, con generosidad la avaricia, con amabilidad la ira, con fervor la tibieza.
Que sepa yo tener prudencia, Señor, al aconsejar, valor en los peligros, paciencia en las dificultades, sencillez en los éxitos. Enséñame, Señor, a comprender la pequeñez de lo terreno, la grandeza de lo divino, la brevedad de esta vida y la eternidad futura.
Concédeme, Señor, una buena preparación para la muerte y un santo temor al juicio, para librarme del infierno y obtener tu gloria. Por Cristo nuestro Señor, Amén.
Todo cristiano consciente de sus dos sellos, tiene que saber acerca de Dios y acerca de su específica profesión, para que pueda servir con eficacia, sin pretextos, consciente de que amar, es lo que le da sentido a la vida, pues solo por el amor podemos aspirar a construir el bien común del hombre en esta tierra, hacia la eternidad.
¡NO TENGAMOS MIEDO!
Para terminar quiero referirme a las palabras que se refieren a la fuerza salvadora de Dios mencionadas por el entonces Papa Juan Pablo II, hoy San Juan Pablo II en una reunión de Jóvenes durante uno de sus tantos viajes por el mundo…
Decía: Cristo nos está pidiendo que no permanezcamos indiferentes ante la injusticia, que nos comprometamos responsablemente en la construcción de una sociedad más cristiana, una sociedad mejor, para esto es preciso, que alejemos de nuestra vida el odio, que reconozcamos como engañosa, falsa e incompatible con su seguimientos, toda la ideología que proclame la violencia y el odio como remedios para conseguir la justicia.
El amor vence siempre, el amor vence siempre como Cristo ha vencido. El amor ha vencido, el amor vence siempre, aunque en ocasiones ante sucesos y situaciones concretas, pueda parecernos impotente. Cristo parecía impotente en la Cruz.
Dios, siempre puede más.
Muchas gracias.
Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García
La fe no solo hace que las cosas sean fáciles, hace que las cosas ocurran. (Lucas 1:37) No lo olvides, las palabras convencen, pero el ejemplo arrastra. Dios, siempre puede más.
Monterrey, Nuevo León. México
Octubre 01. 2026
Dr. H.C. Mtro. QFB. Fernando De la Fuente García.
ENTRE GRIEGOS Y TROYANOS.
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