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Cuando Migrar También Rompe por Dentro

  • ** La salud mental como deuda y esperanza legislativa.
  • ** Si logramos entender que detrás de cada migrante hay una historia emocional no resuelta…
  • ** Si logramos mirar a la familia no como un dato, sino como un sistema vivo…
  • ** Si logramos poner la salud mental en el centro de la política pública…

 

Por años hemos hablado de la migración en términos de dinero, remesas y oportunidades. Pero pocas veces la hemos mirado desde donde realmente duele: la mente… y la familia.

Hoy, en Zacatecas, ese silencio comienza a romperse.

La iniciativa presentada en la sesión ordinaria del día 14 de abril, en la LXV legislatura de Zacatecas, no es una más en la larga lista de propuestas legislativas. Es, en esencia, un reconocimiento tardío pero necesario: la salud mental no es un lujo, no es un tema secundario, no es algo que pueda esperar. Es un derecho humano fundamental… y en el caso de las familias migrantes, es una urgencia social.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo ha dicho con claridad: no hay salud sin salud mental. Sin embargo, en la práctica, seguimos construyendo políticas públicas que atienden el cuerpo, pero ignoran el alma.

Y ahí comienza la fractura.

 

La migración: el viaje que no termina

Migrar no es solo cruzar una frontera. Es cruzar una ruptura emocional profunda.

Desde la Organización Panamericana de la Salud y la propia OMS, se advierte que las personas migrantes tienen hasta el doble de riesgo de padecer depresión, ansiedad y estrés postraumático. Pero más allá del dato, hay una realidad que en consulta se vuelve rostro, historia y dolor:

  • El padre que se fue “por un tiempo” y regresa siendo un extraño.
  • La madre que sostuvo el hogar, pero se quedó emocionalmente sola.
  • Los hijos que crecieron entre ausencias, idealizaciones y resentimientos.

La migración no solo separa cuerpos. Desorganiza vínculos, altera roles y, en muchos casos, rompe la narrativa afectiva de la familia.

Y cuando el regreso ocurre —si ocurre— no hay fiesta completa. Hay choque. Hay distancia. Hay silencios incómodos. Porque nadie regresa siendo el mismo.

 

Zacatecas: territorio de migrantes… y de heridas invisibles

Los datos son contundentes: más del 30% de las familias con experiencia migratoria en Zacatecas presentan afectaciones emocionales. Esto no es menor. Es un indicador de que estamos frente a un fenómeno estructural, no anecdótico.

Desde la psicología familiar, esto tiene nombre: desarraigo emocional sistémico.

Significa que la familia pierde su centro. Que los roles se diluyen. Que la autoridad se fragmenta. Que los vínculos se sostienen más por necesidad que por conexión.

Y cuando no hay intervención, el sistema busca “equilibrarse” como puede:

  • Aparecen conductas de riesgo en adolescentes.
  • Se incrementan los conflictos de pareja.
  • Se normaliza la violencia o el consumo.

No porque la familia “quiera”, sino porque no sabe cómo procesar lo que vivió.

 

La deuda institucional: entre el derecho y la realidad.

 

Aquí es donde la iniciativa legislativa cobra fuerza.

Porque hoy existe una contradicción evidente: el derecho a la salud mental está reconocido en la ley, pero no garantizado en la vida cotidiana. Las barreras son múltiples: económicas, culturales, administrativas… y sí, también discriminatorias.

El resultado es claro: quien más necesita atención, menos acceso tiene.

Y esto no solo es una omisión legal. Es una omisión ética.

Porque cuando el Estado no atiende la salud mental:

  • Se debilita la cohesión social.
  • Se fractura el tejido comunitario.
  • Se incrementan los problemas que después intentamos contener con medidas reactivas.

Atender la salud mental no es gasto. Es prevención.

 

Un paso en la dirección correcta… pero no suficiente

 

La propuesta de reconocer explícitamente el derecho de las personas migrantes a la atención en salud mental, así como diseñar programas específicos para su atención, es un avance importante.

Pero hay que decirlo con claridad: no bastan las leyes si no se transforman en presencia real.

La salud mental no se resuelve solo en clínicas. Se construye en comunidad, en la familia, en la escuela, en la iglesia, en los espacios cotidianos donde la vida ocurre.

Se requiere:

  • Atención psicológica accesible y culturalmente pertinente.
  • Programas de reintegración familiar.
  • Intervención comunitaria preventiva.
  • Formación emocional desde la infancia.

Porque si no intervenimos ahí, seguiremos atendiendo consecuencias, no causas.

 

La familia en el centro: reconstruir lo que no se ve.

 

En el fondo, este no es solo un tema de migración. Es un tema de familia.

Y aquí es donde debemos hacer una pausa incómoda pero necesaria:

¿Cuántas familias están hoy funcionando… pero emocionalmente rotas?
¿Cuántos hijos están creciendo con padres ausentes, aunque estén presentes?
¿Cuántos regresos están llenos de distancia en lugar de abrazo?

La salud mental familiar no se decreta. Se trabaja. Se acompaña. Se reconstruye.

 

Legislar con humanidad

 

Esta iniciativa abre una puerta. Pero lo verdaderamente importante será lo que hagamos con ella.

Si logramos entender que detrás de cada migrante hay una historia emocional no resuelta…
Si logramos mirar a la familia no como un dato, sino como un sistema vivo…
Si logramos poner la salud mental en el centro de la política pública…

Entonces sí, estaremos avanzando.

Porque al final, migrar no debería significar perderse a uno mismo… ni perder a la familia en el camino.

Y eso, nos toca resolverlo entre todos.

 

 

Y Recuerda que… Entre Todos, La Familia.

Tres para ti Doc.

Facebook: Víctor De LA Brecha

Twitter: @GarciaVicko

VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 16 / abril / 2026.

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