- ** Cuando el año se resiste a cerrar.
- ** El año no se va en silencio. Se queda suspendido.
- ** El silencio del SNTE nacional no puede seguir.
El cierre del año no llega con certezas, sino con pendientes. El segundo semestre estuvo marcado por crisis institucionales, simulaciones democráticas y una herida universitaria que sigue abierta. Pero también por un conflicto magisterial que no encontró salida y que amenaza con definir el inicio de este año: ISSSTEZAC, federalización de la nómina y una Sección 58 atrapada entre promesas rotas y una incertidumbre estructural.
El año no se va en silencio. Se queda suspendido, como expediente inconcluso. Deja conflictos sin resolver, discursos oficiales sin respaldo y una sociedad cansada de esperar soluciones que siempre se anuncian para después. Así cierra este segundo semestre: con una sensación colectiva de desgaste, donde el poder pidió paciencia mientras acumulaba deuda social.
Desde La Brecha, leer el año implica entenderlo como un proceso humano y político: lo que ocurrió, lo que se permitió y lo que deliberadamente se postergó. Porque el tiempo no borra los conflictos; solo los hereda.
En julio vivimos un cansancio social como punto de partida.
El segundo semestre arrancó con un ánimo social fracturado. Paros laborales, tensiones sindicales y desencuentros con autoridades estatales marcaron el ambiente. La ciudadanía —y en especial los trabajadores— comenzaron a vivir una fatiga emocional sostenida.
Desde la psicología social, el cansancio prolongado no desactiva el conflicto: lo transforma en irritación silenciosa o resignación peligrosa.
En agosto se tomaron decisiones sin diálogo, instituciones sin rostro.
Agosto confirmó una constante: la toma de decisiones sin diálogo real. Los escritorios oficiales se impusieron sobre las mesas de negociación, y el lenguaje técnico intentó justificar lo injustificable.
Cuando las instituciones pierden el rostro humano, dejan de gobernar personas y comienzan a administrar inconformidades.
Para septiembre la Universidad vive una crisis moral.
El caso de la Universidad Autónoma de Zacatecas volvió a sacudir la conciencia pública. No fue únicamente una crisis administrativa, sino una crisis ética.
La defensa corporativa frente a una acusación tan grave como el abuso sexual infantil evidenció cómo el poder puede protegerse a sí mismo incluso a costa de las víctimas. El mensaje fue claro y devastador: la estructura importa más que la persona.
Octubre, fue un mes en donde surge el miedo como mecanismo de contención.
Octubre mostró con mayor claridad una estrategia recurrente: contener el conflicto a través del miedo. Persecuciones administrativas, señalamientos públicos y estigmatización de voces críticas se normalizaron.
Cuando el miedo sustituye al diálogo, la democracia se vuelve un trámite vacío.
Pero en noviembre surge una simulación democrática y desgaste en el colectivo.
Noviembre trajo procesos electorales internos que profundizaron la desconfianza. Votar sin elegir, participar sin incidir, opinar sin ser escuchados.
Este fenómeno genera lo que la psicología llama impotencia aprendida: haga lo que haga la gente, nada cambia. Y cuando eso ocurre, el tejido social se erosiona.
Y finalmente llega diciembre, en un cierre administrativo, pero con conflictos abiertos.
Diciembre llegó con balances oficiales optimistas y llamados anticipados a la reconciliación. Sin embargo, los conflictos estructurales permanecieron intactos.
No hubo cierre real, solo una pausa administrativa.
El tema magisterial, el conflicto que cruza el año.
Si algo conecta el cierre de este año con el inicio del siguiente es la incertidumbre magisterial. La Sección 58 del SNTE termina el año sin respuestas claras sobre el futuro del ISSSTEZAC, con una federalización de la nómina que quedó en el aire y con compromisos gubernamentales que no se tradujeron en soluciones concretas.
El magisterio no enfrenta solo un problema financiero; enfrenta una crisis de certidumbre. La falta de definiciones prolonga la angustia, deteriora la confianza institucional y coloca a miles de familias en un estado de espera permanente. Porque hay que señalar, los maestros también son parte de una familia, igualmente afectada.
Psicológicamente, la incertidumbre sostenida es una forma de violencia silenciosa.
Un nuevo año con agenda pendiente
Este año no inicia en blanco. Inicia con una agenda definida y urgente: ISSSTEZAC, federalización de la nómina, derechos laborales y certeza para miles de trabajadores de la educación.
En este escenario, el silencio del SNTE nacional no puede seguir siendo interpretado como prudencia estratégica. La ausencia de una postura clara y pública frente a la situación de la Sección 58 ha profundizado la sensación de abandono. Cuando la representación se diluye, la base se desgasta; cuando la dirigencia calla, la incertidumbre crece.
No se trata de confrontación estéril, sino de responsabilidad histórica. El magisterio zacatecano no exige privilegios, exige claridad, acompañamiento y soluciones reales. Postergar definiciones no despresuriza el conflicto: lo acumula.
Cerrar el año sin respuestas no cancela los problemas; los traslada intactos al siguiente calendario. Y comenzar otro año sin atenderlos no es gobernar ni representar: es administrar el tiempo para evadir decisiones.
Desde La Brecha queda constancia de lo pendiente, pero también del deseo sincero de que este nuevo año traiga diálogo verdadero, voluntad política y responsabilidad sindical.
Que el próximo año no llegue solo con discursos, sino con acuerdos. No solo con promesas, sino con resultados. Y que encuentre al magisterio unido, digno y escuchado.
Aquí no cerramos el año: abrimos la exigencia con esperanza.
Tres para ti Doc.
Facebook: Víctor De LA Brecha
X: @GarciaVicko
VÍCTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 01 / enero / 2026.

