- ** La historia que el gobierno de Zacatecas insiste en no entender.
- ** Zacatecas tuvo una Escuela Normal desde 1826.
- ** Un síntoma de decadencia política.
- ** La educación no se administra: se construye, se honra y se protege.
Mientras la administración de Monreal celebra la migración de la nómina estatal al FONE, se olvida que el magisterio zacatecano tiene raíces centenarias — y una historia de luchas que no puede borrarse con un decreto administrativo.
En Zacatecas, la educación no empezó ayer ni con la propaganda oficial del sexenio. Tiene raíces profundas, instituciones centenarias y luchas magisteriales que han marcado la vida pública del estado desde antes de que la palabra “federalización” significara un trámite presupuestal. Por eso resulta tan grave, tan sintomático, el nivel de ignorancia histórica con el que la administración actual, encabezada por David Monreal, presume haber “logrado” la federalización de la nómina estatal del magisterio, como si se tratara de una obra pública más, como si los maestros fueran ladrillos administrativos que se pueden mover de un fondo a otro sin explicación ni respeto.
Porque la verdad es esta: Zacatecas tuvo una Escuela Normal desde 1826, la “Escuela Normal de la Constitución”, bajo el método lancasteriano. Un proyecto adelantado a su tiempo, inspirado en los principios liberales de la educación popular. Esa institución —junto con las disposiciones educativas impulsadas por García Salinas— es el verdadero origen de la profesión docente en la entidad. Es decir, el magisterio zacatecano fue una fuerza ordenadora, civilizadora y comunitaria mucho antes de que existiera un FONE o un sistema federal de pago.
Sin embargo, la narrativa del gobierno actual se aferra a presentar la federalización como un milagro financiero: “ya no será responsabilidad del estado pagar”, “lo logramos”, “se resuelve un problema”. En ninguna de sus exposiciones aparece la palabra historia, ni se menciona el papel de las normales, ni la larga lista de luchas del magisterio local. El discurso gubernamental reduce al maestro a un número de nómina. Y eso, además de injusto, revela un desconocimiento profundo —o una cómoda amnesia— de lo que significa ser docente en Zacatecas.
La primera federalización no fue un trámite administrativo
La educación ya había sido federalizada en Zacatecas entre 1922 y 1933, durante el proceso nacional que articuló a las normales rurales, consolidó la labor educativa en el campo y profesionalizó al magisterio como un actor social indispensable. Aquella federalización fue política, social y pedagógica. No solo movió nóminas: transformó territorios, creó ciudadanía, llevó alfabetización y cultura a comunidades que jamás habían tenido acceso a una escuela.
Hoy, en contraste, lo que se celebra es un movimiento contable.
La actual administración presume que 983 plazas estatales migran al FONE, como si con eso se resolvieran décadas de rezagos, precariedad, pagos atrasados, falta de infraestructura y abandono histórico a centros educativos rurales.
Pero la federalización no resuelve ninguno de esos problemas. No garantiza que haya mejores condiciones de trabajo. No asegura formación continua ni transparencia en la asignación de plazas. No fortalece las normales. No atiende la brecha rural. No toca la estructura burocrática que obstaculiza la educación en Zacatecas.
Lo único que hace es trasladar un gasto. Y el gobierno lo vende como triunfo.
Un método incierto y una comunicación desinformada
Aún más preocupante es la forma en que se ha comunicado el proceso a los docentes en activo:
- Sin claridad sobre los criterios.
- Sin lineamientos operativos públicos.
- Sin un padrón transparente.
- Sin explicaciones sobre cómo afectará los incentivos, la antigüedad o la movilidad laboral.
Los maestros reciben información fragmentada, contradictoria o tardía. Preguntan y nadie les responde. Acuden a sus directivos y estos tampoco saben. Consultan en la Secretaría de Educación y allá les dicen que “todavía están revisando”. En algunos casos, les aseguran que “no habrá cambios”, pero sin documentos oficiales, sin acuerdos publicados, sin mecanismos de consulta.
Es un proceso opaco, desinformado y, sobre todo, irrespetuoso.
¿Cómo puede llamarse “logro” aquello que se comunica a medias, que genera incertidumbre laboral y que no nace de un proyecto educativo, sino de una urgencia financiera del gobierno estatal?
La amnesia institucional: un síntoma de decadencia política
Que el gobierno de Zacatecas ignore deliberadamente la historia del magisterio no es casual. La memoria estorba cuando lo que se busca es vender soluciones rápidas. La historia incomoda cuando muestra que otros gobiernos —con menos recursos, con menos tecnología, con menos federalización— construyeron escuelas, fundaron normales, impulsaron alfabetización y formaron maestros que transformaron pueblos enteros.
La administración estatal actúa como si la educación hubiera nacido el día que ellos enviaron la solicitud al FONE. Como si no existieran casi dos siglos de tradición docente, de vocación social, de escuelas normales rurales que marcaron generaciones, de protestas y resistencias que defendieron el derecho a la educación pública.
Esa amnesia es peligrosa. Porque cuando un gobierno pierde conciencia de su historia, deja de tener brújula. Deja de entender por qué educar importa. Empieza a confundir la gestión con la política pública, y la contabilidad con el bien común.
Lo que debería haber dicho un gobierno responsable
Un gobierno con visión educativa habría explicado así la federalización:
- Que es un movimiento administrativo, no una reforma educativa.
- Que no sustituye la responsabilidad estatal, sino que la reorganiza.
- Que se emitirán lineamientos claros para no generar incertidumbre laboral.
- Que el estado invertirá en lo que sí le toca: infraestructura, normales, formación docente, materiales educativos, escuelas rurales.
- Que se honra la historia del magisterio, no se la borra.
Nada de eso se hizo.
La pregunta que queda en el aire
¿De verdad la federalización es un logro educativo?
¿O solo es una salida financiera disfrazada de política pública?
El gobierno se apresuró a presumir la noticia. Pero la educación no se salva moviendo nóminas. Se salva respetando a los docentes, invirtiendo en lo que importa, reconstruyendo la relación escuela-comunidad, devolviendo dignidad a la profesión.
La educación en Zacatecas nació con visión, con principios y con una apuesta por el bien común. Hoy corre el riesgo de reducirse a una tabla de Excel.
Si algo nos enseña la historia es que el magisterio zacatecano ha sabido defender su dignidad aun cuando los gobiernos no han estado a la altura. Y hoy, una vez más, toca recordar que la educación no se administra: se construye, se honra y se protege.
Zacatecas merece un gobierno que conozca su historia, no que la ignore. Que acompañe al magisterio, no que lo use como bandera. Que eduque con visión, no con improvisación.
Porque la federalización de una nómina no transforma un estado.
Pero reconocer —y respetar— la memoria de sus maestros sí.
Tres para ti Doc.
Facebook: Víctor De LA Brecha
X: @GarciaVicko
VICTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 27 / noviembre / 2025.

