- ** Políticamente correcto.
- ** Científicamente incompleto.
- ** Éticamente ambiguo.
- ** Financieramente irresponsable.
El 14 de mayo de 2025, el Gobierno del Estado de Zacatecas manifestó su intención de fortalecer los mecanismos de prevención del embarazo adolescente. Dos meses después, el 30 de julio, la LXV legislatura del estado, aprobó un exhorto a las Secretarías de Educación y Salud para que, en el marco de sus atribuciones, implementen campañas de concientización sobre las causas y consecuencias del embarazo a temprana edad. A primera vista, la acción parece loable. Pero al rascar apenas un poco, se revela un esfuerzo políticamente correcto, pero científicamente incompleto, éticamente ambiguo y financieramente irresponsable.
Porque lo que no se menciona –ni en el exhorto ni en sus discursos– es tal vez lo más importante: la incapacidad biológica, neurológica y emocional de un adolescente para tomar decisiones que comprometen el rumbo de su vida y la existencia de otro ser humano.
La adolescencia es una etapa de transición, no de consolidación. Las neurociencias lo han demostrado con contundencia: el cerebro humano, en particular la corteza prefrontal –área encargada del juicio, el análisis de riesgos, la planificación y el autocontrol– no alcanza su madurez sino entre los 25 y 30 años. ¿Cómo entonces pedirle a un ser humano en desarrollo que asuma con responsabilidad la gestación, crianza y acompañamiento de otro?
Aquí se delata la contradicción del sistema: se apela al artículo 4º de la Constitución que garantiza el derecho a decidir sobre la procreación, pero se omite que este derecho debe ser ejercido de forma «libre, responsable e informada». ¿De verdad podemos asumir que un adolescente de 15 o 16 años tiene la capacidad cognitiva y emocional para ejercer este derecho en esos términos?
Y peor aún: el mismo Estado que considera a una persona menor de 18 años incapaz para asumir responsabilidad legal plena, sí la considera suficientemente apta para enfrentar la maternidad o paternidad. Es una grieta no solo legal, sino profundamente ética. Se permite la procreación sin madurez, pero no el voto ni la responsabilidad penal.
Esto es grave.
Un vacío estructural disfrazado de discurso.
Lo que estamos viendo es una respuesta superficial a un problema estructural. Se lanzan exhortos sin asignar presupuesto, se construyen discursos sin articular sistemas de atención integrales y se ignoran los pilares fundamentales de la educación emocional, familiar y comunitaria.
En 2024, Zacatecas ocupó el tercer lugar nacional con 74.4 nacimientos por cada 1,000 adolescentes de 15 a 19 años. En 2025, según informes del PNUD y UNFPA, se mantiene entre los estados con más alta fecundidad adolescente. ¿Dónde están los resultados concretos de las políticas públicas?
Y eso sin contar la deserción escolar, la precarización de proyectos de vida y el daño psicológico que enfrentan tanto madres como hijos en estas circunstancias. Entre el 80 y el 90 % de las adolescentes embarazadas en México abandonan sus estudios. Una sociedad que pierde a sus jóvenes de esta forma, simplemente se está dejando morir lentamente.
Educación sexual responsable, sí… pero ¿quién la da?
Es indispensable educar en salud sexual y reproductiva, pero esta formación no puede ser improvisada. No se trata de repartir folletos ni de repetir slogans. Se trata de formar profesionales capacitados emocional, ética y técnicamente, para hablar con niños, niñas y adolescentes desde la comprensión de su etapa de desarrollo. Lo mismo en escuelas que en hogares, donde muchas veces impera el silencio, la culpa o el castigo en lugar del diálogo afectivo y formativo.
Presupuestos que no bajan, realidades que se agravan.
En 2023, el presupuesto estatal destinado a niñez y adolescencia fue de 1,510 millones de pesos, pero no se sabe cuánto se destinó específicamente a embarazo adolescente. A nivel federal, el flujo para salud reproductiva ha disminuido, afectando el abasto de anticonceptivos y la atención frente a la violencia sexual. La vulnerabilidad aumenta en zonas rurales, donde la pobreza y la falta de oportunidades dejan a las y los adolescentes sin alternativas reales.
Sin evaluación, sin monitoreo, sin políticas claras, ¿cómo sabremos si se avanza o se fracasa? Nadie reporta cuántos embarazos se han evitado, cuántas adolescentes lograron continuar sus estudios, o cuáles fueron los efectos en su salud mental. ¿Será porque nadie lo está midiendo?
Conclusión: Urge madurez política, no solo exhortos.
Zacatecas necesita decisiones valientes, no parches legislativos. Necesita comprender que no se trata de moralizar la sexualidad, sino de formar seres humanos responsables, con herramientas psicoemocionales, educativas y sociales para decidir con madurez.
No basta con discursos de buenas intenciones. Se necesita presupuesto, profesionalización y políticas que respeten el desarrollo neurobiológico de las y los adolescentes. La maternidad y paternidad no pueden ser consecuencia de la ignorancia ni de la omisión del Estado.
Dejar que un adolescente decida sobre un embarazo sin madurez cerebral ni apoyo institucional, no es respetar su libertad: es abandonarlo a su suerte.
Tres para ti Doc.
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VICTOR HUGO GARCÍA / Tercera Fuerza / Zacatecas, Zac. / 31 / julio / 2025.

