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Adiós Presidente; bienvenida, Presidenta

El sexenio ha llegado a su fin, el tan mencionado «primer piso» de la transformación se ha completado. Hoy nos despedimos del presidente Andrés Manuel López Obrador, un líder que marcó una era y dividió opiniones. Agradecido por muchos, cuestionado por otros, su legado quedará en la memoria colectiva de México.

No es fácil resumir lo que significaron estos seis años. Bajo su mandato, millones de personas vieron por primera vez un gobierno que volteó la mirada hacia los olvidados, hacia los más pobres. 9 millones de mexicanos dejaron atrás la pobreza, un logro que debe reconocerse. La política social de este gobierno cambió el enfoque, devolvió a las clases populares la esperanza de un México más justo, donde se escuche a los que históricamente han sido ignorados.

Como joven mexicana, crecí en este sexenio. Cuando López Obrador asumió la presidencia, voté por un cambio y aunque sabía poco de política, aspiraba a un país diferente. Hoy, seis años después, miro atrás con nostalgia. Terminé la universidad, marchamos por nuestras causas, y me uní a millones de voces que exigieron igualdad, justicia social y un futuro mejor para las mujeres, los jóvenes y los grupos vulnerables.

Las mañaneras, ese espacio tan peculiar de comunicación diaria, nos dejaron un presidente que se dirigió directamente al pueblo, sin intermediarios, poniendo sobre la mesa temas que antes se ocultaban o ignoraban, los miércoles de «quien es quien en las mentiras», nos enseñaron lo que es capaz de hacer la oposición, pero también que palacio no tenia la verdad absoluta.

Las canciones de Beatriz Gutiérrez Müller, en particular «El Necio», se convirtieron en un símbolo de lucha y resistencia, una banda sonora que acompañó momentos clave del sexenio. Su voz resonaba en las almas de quienes aún creen en el proyecto de transformación, de quienes entienden que la verdadera revolución no sucede de un día para otro, sino que es un proceso largo y lleno de obstáculos.

Pero, junto con la esperanza, también han quedado retos. El país aún enfrenta profundas desigualdades. Aunque vimos avances, los problemas estructurales persisten. La violencia no ha cesado, las mujeres siguen siendo asesinadas, y la seguridad sigue siendo una deuda pendiente. El “culiacanazo” fue un recordatorio doloroso de la realidad del narcotráfico y de cómo sigue influyendo en nuestra vida diaria. Aún falta que el sistema de salud sea “como Dinamarca” y que, como se prometió, los pobres sean realmente la prioridad.

A pesar de estos desafíos, hay que reconocer las causas sociales que encabezó López Obrador, las cuales buscaron proteger a los más vulnerables. Desde la defensa de los derechos de los pueblos originarios, hasta los programas sociales que beneficiaron a millones de jóvenes con becas y oportunidades educativas, hubo un esfuerzo por reducir las brechas que nos separan como sociedad. Sin embargo, queda claro que la transformación es una tarea inacabada.

Hoy, sin embargo, México también hace historia, la doctora Claudia Sheinbaum se convierte en la primera mujer en asumir la presidencia. Ella no solo hereda un país con avances importantes, sino también uno cargado de desafíos. La clase adinerada y los sectores más conservadores la miran con desconfianza, pero millones de mexicanos y mexicanas le han dado su confianza para seguir adelante con este proyecto de transformación.

Claudia, tienes una responsabilidad enorme. El país que recibes está lleno de esperanza, pero también de heridas que sanar. No será fácil, pero las mujeres, los jóvenes y los olvidados te acompañamos. No nos decepciones. Tu mandato será decisivo para continuar el camino que inició López Obrador, pero también para corregir el rumbo donde sea necesario.

Aún creo en el cambio. Creo que esta transformación no ha sido en vano, porque más allá de las cifras y los discursos, hay personas que hemos despertado y asumido nuestra responsabilidad con este país.

México me duele, me duele profundamente ver las desigualdades, la violencia, la falta de oportunidades. Y no solo me duele México, me duele San Luis Potosí, mi tierra, un estado con tanto potencial, pero también con tantas carencias; sin embargo, a pesar del dolor, aún tengo fe. Fe en que el cambio es posible, fe en que este país tiene el poder de levantarse.

Confío en que seguiremos abriendo espacios para las y los jóvenes, para que seamos parte de las decisiones que moldearán el futuro de México. La lucha no termina con este sexenio; apenas comienza. Tenemos que ser parte activa de este nuevo capítulo que escribe la primera mujer presidenta del país. Nos toca seguir alzando la voz, exigiendo, marchando y soñando con un México donde la justicia y la igualdad no sean solo promesas, sino realidades.

Hoy decimos adiós a un presidente que, para bien o para mal, cambió la historia política de México. Tu legado será debatido por años. Nos dejas un país diferente, con logros innegables, pero también con deudas sociales que siguen pendientes. Ahora, Claudia, el futuro de esta nación está en tus manos. No caminas sola. Nosotras y nosotros seguimos aquí, con fe, esperanza y un amor desaforado a México.

PD. Amigas y amigos después de años de no escribir para ustedes regreso y con toda la fuerza de mi teclado, espero mantenerlos interesados queridos lectores, que ahora sí se viene buena la polaca y que sin miedo a dar un enfoque de la realidad, por mucho que duela, les seguiré dando una opinión objetiva, crítica y constructiva.

¡Hasta la próxima!

VICTORIA DE LA LUZ RAMÍREZ RUIZ / Opinión / San Luis Potosí, S.L.P. / Octubre 1 de 2024.

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