
En marzo de 1964, hace exactamente 60 años, el presidente de Francia e icónico General, Charles de Gaulle, llegaba en visita oficial a México. Invitado por el gobierno de López Mateos, fue recibido con júbilo por el pueblo mexicano. Su visita fue un paso histórico en el fortalecimiento de las relaciones franco-mexicanas de postguerra que, hasta hoy, sienta los vestigios de la alianza entre ambos países. Comparto algunas reflexiones que surgieron durante una conferencia que organizamos en la sección mexicana de Sciences Po Alumni.
Charles de Gaulle es reconocido a nivel mundial por su papel fundamental como líder de la resistencia francesa frente a la invasión de la Alemania Nazi. Desde su llamado a la resistencia el 18 de junio de 1940, hasta la victoria de los aliados y su investidura como el primer presidente de la V República Francesa, su legado ha dejado una huella indeleble en la memoria colectiva.
Desde inicios de su presidencia, en agosto de 1959, Charles de Gaulle encargó a su ministro de cultura y renombrado autor, André Malraux, visitar América latina y sentar las primeras piedras de lo que luego se concretaría con su visita a México y a otros países de la región. En sus distintos encuentros, André Malraux se reunió con los gobiernos e influyentes de la época, y aprovechó para reconocer a las comunidades francófonas y francófilas, quiénes fueron de gran apoyo moral, financiero y militar para el Movimiento de Francia Libre durante la Segunda Guerra Mundial.
En México, la visita del presidente francés se llevó a cabo en un contexto de interés mutuo entre ambas naciones. El presidente López Mateos había realizado una visita previa a Francia, la cual se vio complementada con la llegada del General de Gaulle en marzo de 1964. Durante su recorrido hacia el Zócalo de la Ciudad de México, se cuenta que la multitud arrojaba tantas flores que la policía tuvo que intervenir para abrirle paso y permitir su avance.
Entre los diversos gestos simbólicos, se procedió a la entrega de las banderas mexicanas que habían caído en manos francesas durante la intervención de 1863. Además, se alcanzaron acuerdos significativos en materia de cooperación cultural y económica. Sin embargo, el propósito del General de Gaulle iba más allá, deseaba manifestar su voluntad de proponer una alternativa, una «tercera vía”, ante el bipolarismo de la Guerra Fría.
Su mensaje generó esperanza en México, ya que se buscaba distanciarse de Estados Unidos. México había tomado acciones contrarias a las políticas estadounidenses, como respaldar al gobierno socialista de Árbenz en Guatemala y brindar refugio a prominentes revolucionarios cubanos. Además, se opuso a la expulsión de Cuba de la Organización de los Estados Americanos en 1962. Aunque para la izquierda mexicana resultó decepcionante que de Gaulle no adoptara una postura más explícita en contra de la influencia estadounidense, su mensaje indirectamente se alineaba con las aspiraciones de este grupo político.
La visita del General de Gaulle marcó un hito en las relaciones franco-mexicanas, cuyos impactos perduran hasta el día de hoy. Entre los legados más significativos se encuentra la construcción de la Línea 1 del Metro de la Ciudad de México, proyecto emblemático de transporte público en la capital mexicana. Además, esta visita fortaleció la cooperación cultural entre ambos países, promoviendo intercambios artísticos, literarios y educativos que han enriquecido la vida cultural de ambas naciones. La influencia francesa se extendió también a la esfera educativa, con la apertura de nuevos espacios de enseñanza con métodos y programas inspirados en el modelo francés.
Concluiría haciendo eco de las palabras pronunciadas por de Gaulle durante su discurso en el Zócalo, donde destacó: «El mundo en el que vivimos está en completa transformación, pero también está amenazado de sufrir pruebas espantosas. Desde luego los problemas que se plantean a todos los Estados se llaman el progreso y la paz».
Este llamado sigue siendo relevante en la actualidad, especialmente frente a los desafíos del mundo contemporáneo: cambio climático, conflictos armados, crisis humanitarias, migraciones, entre muchos otros. En un contexto de transformaciones constantes que afectan nuestras realidades comunes, resulta innegable que los problemas que confronta la humanidad solo se podrán abordar desde el intercambio y la cooperación entre países. Les invito a seguir pensando y fomentando la construcción de soluciones colaborativas y solidarias, “mano en la mano”.
MELISSA RANDO / Explorando horizontes / Ciudad de México, / Marzo 29 de 2024.

