
Las pequeñas decisiones que luego se vuelven grandes cambios en nuestra vida, son las que realmente nos crean recuerdos, heridas y experiencias.
Muchas veces podemos arrepentirnos y querer volver para corregir algunas de éstas, pero como la gente dice.. “el hubiera no existe”.
Es difícil aceptar que llegamos a una edad en la que nuestras decisiones, por más insignificantes que se vean, pueden llegar a afectar nuestra vida de maneras muy grandes, ya sea en nuestra vida profesional, de pareja o en cualquier otro aspecto.
También hay que ser conscientes de que la gente que nos rodea se puede ver afectada por estas decisiones y aunque es cierto que no podemos llevar nuestra vida conforme a los demás, sí deberíamos educar más a nuestras nuevas generaciones sobre la empatía, concientizar sobre a quién nos llevamos entre las patas con nuestras decisiones.
Vivimos en una sociedad y debemos entender que aunque nuestra vida es nuestra, directa o indirectamente tenemos impacto en los demás.
Por eso escuchar a la gente de nuestro círculo cercano sobre las cosas que les afecta nunca está de más, pensar en uno mismo y en los demás, es lo que puede hacer que estas decisiones no se conviertan en arrepentimientos o errores.
ANA CLAUDIA VALLARTA MARCOS / Crescente / Saltillo, Coahuila de Zaragoza / Febrero 21 de 2024.

