
La suerte está echada, esta sentencia tan empleada en los tiempos del Imperio Romano, cuando estaba próximo un gran acontecimiento, tal como una contienda o la toma de una decisión de gran trascendencia, cuyos intervenientes naturales en aquella época eran desde luego la voluntad, aunque también jugaban el destino y a veces hasta el azar. Alea jacta est, ocurrió para México la tarde de ayer domingo, donde el ahora casi todo poderoso partido que gobierna en el Ejecutivo Federal y en la mayoría de las Entidades Federativas, determinó, de manera oficial que serán cuatro la y los aspirantes a obtener la candidatura presidencial. Luego de la cena-bendición en Porrúa, las otroras llamadas corcholatas se declararon listos para someterse a un proceso sui generis, -aunque efectivo según su dirigencia-, serán cinco las encuestas las que determinen quien tiene mayor simpatía entre su militancia para que en septiembre de este mismo año conozcamos finalmente quien aparecerá en la boleta en 2024 por esa expresión política. Hasta ahí, todo muy bien, las fotos, las sonrisas, los abrazos y los compromisos de buen comportamiento, ¿puede algo salir mal?. Dependerá de cuatro potentes personalidades, pues necesariamente tres deberán asumir la derrota en ese ejercicio, es decir, para que ese proceso concluya de un modo impecable, deberán presentarse tres aspirantes a reconocer su no triunfo y alzarle la mano públicamente a quien los venció. Si la escena de unidad absoluta la presenciamos, es altamente probable que esa persona -la vencedora-, tenga amplias posibilidades de convertirse en el próximo Titular del Ejecutivo Federal, al menos con los números que hay hasta el día de hoy. Pero, ¿que sucedería en el hipotético caso que alguno o algunos, no reconozcan los resultados?, ¿habrá una versión 2024 del hijo o hija desobediente, como ya lo fue en su momento Felipe Calderón?. Si ese escenario, -que también es posible y probable-, se presentara, ocurriría en pleno mes de septiembre, el mes de la independencia, un mes ad hoc para que el, la, o los inconformes griten su independencia -al menos del movimiento que los llevó al poder-; y quizá, fijen también una sana distancia con su otrora líder moral. De modo que, alea jacta est, cobra más sentido que nunca en México, donde además, los partidos opositores para esas fechas también deberán tener ya un panorama más claro en torno a las figuras que puedan abanderar sus causas, sin descartar absolutamente a nadie. Así, -estimado lector-, si le gusta la política prepárese porque vienen meses en sumo interesantes y si no le gusta también, porque, a ninguna persona, por más que se abstraiga, le será nunca ajena la vida pública. Voluntad, Destino y Azar. Por lo pronto, sirvan estas líneas para evocar esa magnífica frase, de la que se dice fue empleada entre otros por el gran Julio César: alea jacta est, o lo que es lo mismo: la suerte está echada. Los sigo leyendo en el correo: jorgeandres7826@hotmail.com.
JORGE ANDRÉS LÓPEZ ESPINOSA / Mano Izquierda / San Luis Potosí, S.L.P. / Junio 12 de 2023.

