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De vuelta a clases

Se han disparado los memes y videos en redes sociales, de los niños en sus primeros días de escuela, y pareciera gracioso ver a niños llorando y con frustración porque no entienden porque los dejan sus padres en un lugar en donde no conocen a nadie más. Y es cierto que causa ternura verlos, pero cuántos padres y madres se han detenido a hablar con sus hijos e hijas sobre la etapa que están iniciando. ¿Acaso es más fácil sólo revisar sus mochilas para ver si llevan todo? Creo que más allá de eso hay que revisar en su corazón, en su mente, en lo más profundo de su ser.

Porque la mochila de un niño lleva más allá de cuadernos, colores y el lunch. Lleva el reflejo de lo que vive en casa, de lo que escucha en familia, de lo que ve a su alrededor. Porque somos adultos, que vivimos a prisa, que tenemos trabajos, preocupaciones, miedos y estrés. Porque pocas son las veces que nos detenemos a observar a nuestros hijos con claridad. Salimos todas las mañanas a prisa, entre el tráfico, pensando en los pagos que hay que hacer, o discutimos con la pareja, o queremos llegar ya.

¡Apúrate! ¡Otra vez vamos tarde! ¿Llevas la mochila? ¿Hiciste la tarea?  ¡Otra vez ya manchaste el uniforme! Porque al salir de la escuela encuentran unos padres agotados, fastidiados, o con mil cosas por pensar. Los niños necesitan empatía. No, no solo ellos. Los seres humanos necesitamos empatía. Porque vivimos tan aprisa que jamás nos detenemos a pensar que pueda estar pasando la otra persona frente a nosotros.

Los niños no necesitan padres que trabajen de sol a sol para llenarlos de juguetes y ropa y escuelas caras. Ósea sí, porque lo material también es importante, y porque le hemos puesto un sobrevalor que nos hace vivir en una sociedad así.

Pero los niños necesitan también compañía, juegos con papá, cosquillas de mamá, un cuento antes de dormir, una pregunta sobre su día a día. Necesitan sentirse a salvo, seguros y confiados de que sus cuidadores siempre estarán ahí para escuchar lo que tengan que decir.

«Ay, no exageres, ¿Qué problemas puede tener un niño como tú? Problemas los míos que tengo un jefe que me explota, o que tu papá/mamá no es responsable». Los niños, a su edad presentan sus propias problemáticas, y no son menos importantes ni dolorosas que las nuestra, y ellos, en su fragilidad, buscan el arropo de quienes estamos ahí para protegerlos.

¿Sabes cuál es el dolor más grande? EL PROPIO. El duelo es diferente para cada uno, pero no es mi más ni menos importante que el de los demás. Esa frustración, enojo y tristeza que sientes al perder tu iPhone nuevo es la misma que siente un niño al perder su juguete favorito. Ese miedo que sientes si alguien te asalta en la calle, es el mismo que siente un niño cuando un compañero le arrebata las cosas en clase o le quita su lunch.

¿Alguna vez te has sentido avergonzado hasta las lágrimas porque tu jefe te dijo que no sirves para nada? Eso mismo siente tu pequeño cuando te escucha decir «Te he dicho mil veces y no entiendes. ¿Eres tonto o qué?» Ese dolor en tu corazón cuando sientes rechazo de tu pareja es el mismo que siente un niño cuando su mejor amigo en la escuela le dice «ya no quiero ser tu amigo».

Esa baja autoestima que te provoca escuchar a tus amigas decir que te ves más gorda es la misma que siente un niño cuando alguien le llama feo o cuando alguien hace un comentario sobre su físico. El punto es que… Mas allá de las mochilas lo que hay que revisar es su ser.

Educa. Educa a tus hijos para que sean amables, para que den la oportunidad de alguien nuevo en la escuela a integrarse. Enséñales (con el ejemplo) sobre la empatía, sobre la honestidad y la bondad. Jamás tires un golpe para desahogar tu frustración. Las nalgadas, golpes, jalones de pelo no educan, tan solo crean resentimientos, miedo y rencor. Si te ves en la necesidad de pegarle a un pequeño para hacerte entender, el que tiene un problema eres tú. No él.

Nos hace falta inteligencia emocional. No, al mundo no le hace más falta tener un poco de malicia. Al mundo le hacen falta personas nobles llenas de bondad. Enséñales que ser gordo o flaco es solo una característica física. Que algunos somos buenos para unas cosas y otros, para otras.

Enséñales a saludar, a decir por favor, a decir gracias. Cómprales juguetes que estimulen la imaginación.  Y sobre todo, demuéstrales que eres Superman y que siempre estarás ahí para proteger, para escuchar, para cuidar. Y que siempre puede confiar en ti.

Revisa su mochila al salir, pero después da un abrazo, un beso. Dile que puede lograr lo que se proponga y demuestra lo orgulloso que estás de ser su papá o mamá.

@joss_espino

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