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Un «ratito» de silencio para ti

Mientras la vida sigue a paso agigantado, con su stress, su falta de tiempo y su reloj que corre y no cesa, te das cuenta de lo mucho que necesitas un ratito de silencio para ti, para escuchar a tu alma y darle espacio a todo lo que en tu interior está gritando que quiere salir.

Solo en esos momentos de reflexión es cuando eres capaz de comprender mucho mejor cómo has llegado hasta donde estás hoy.

Y los años siguen pasando y con ellos los momentos que has vivido, las personas y los recuerdos que dejan tras de sí.

Por norma sueles hacer balance cuando alguien cercano a ti cumple años y eres mucho más consciente de todo lo sucedido entre un año y otro.

El tiempo es implacable y deja huellas para bien o para mal…

La vida te guía por los senderos del aprendizaje y te aleja o acerca a las personas que serán fundamentales en ese proceso.

Y de repente te das cuenta de lo mucho que ha cambiado todo durante ese tiempo, de lo que ha quedado atrás y lo que ha seguido de forma diferente, incluso en ti, en tu manera de ver la vida, en cada uno de los pasos que elijes y la gente de la que te rodeas…

Has abierto nuevas ventanas y cerrado con llave pesadas puertas. Te has vestido con alas de mariposa tras la metamorfosis y has dejado pieles muertas tras de ti.

Y en ese momento sientes el vacío de algunas ausencias… Personas que en su día fueron muy importantes para ti y hoy ya no están porque las dejaste ir… Tal vez se alejaron por algún motivo, tal vez la vida hizo que siguieran por diferentes caminos al que tú decidiste emprender.

Y aunque no te duele y lo has aceptado, sientes una nostalgia de la que te envuelves… Pero te alegras al ver su felicidad en sus rostros y comprendes que debía ser así.

Recuerdos, retales, momentos dibujados en el aire…

A veces un aroma te lleva incluso a las sensaciones que provocaba en ti alguien en determinados momentos.

Otras veces te cruzas con una imagen real ante tus ojos, imagen que guardabas como un bello recuerdo en tu mente y vuelves a revivir… Y sonríes. Y añoras un abrazo y el cariño de aquellos días que ya no están…

Y entonces te preguntas qué ha pasado para que esa distancia parezca tan insalvable. Sabes que no se trata de buscar culpables, que no son motivos de orgullo, sino más bien de no saber cómo dar los pasos para volver hasta ese punto que dejaste suspendido en el aire… Tal vez simplemente con un «hola, ¿cómo te va la vida?» sería suficiente para acercarte y dejar que todo surja de manera espontánea después…

Porque te das cuenta de que se te escapan momentos primordiales de esas personas que tanto bien hicieron en tu vida y ahora parece que están a años mil… Los ves tarde y de lejos, cuando ya las palabras de apoyo y cariño de poco sirven.

Y sin embargo, concluyes que esa distancia es por alguna razón y que tal vez sea mejor así… Que tal vez sea mejor mantener intacto ese bello recuerdo en lo más profundo del corazón y dejar que sea la vida la que te sorprenda algún día, encontrándote con ellas de nuevo.

Porque siempre te ha gustado dejar ser a las personas y no condicionar.

Porque sabes que solo así todo es tal y como debe ser…

Y ahora, tras todo lo vivido, sabes lo mucho que tienes que agradecerles su paso y aportación a tu vida.

Así que vuelves a darles las gracias de corazón en la distancia y con el respeto hacia sus nuevas vidas….

Y si alguna vez te necesitan, no dudaras ni un segundo en acudir…

BEGOÑA DIAZ / Literatura / Tarragona, España / Noviembre 10 de 2020.

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