
En México y el mundo la prioridad inmediata es combatir y salvar vidas frente al coronavirus, sin embrago, el factor económico en nuestro país se encamina al precipicio, es cierto que desde antes la economía mexicana ya estaba contrayéndose, pero el escenario que se avecina luce muy adverso.
Enfrentamos esta crisis sanitaria en un muy mal momento económico y la incertidumbre provocada por esta crisis no hará más que agravar la dinámica negativa de la inversión.
La contracción económica en cuanto al gasto del gobierno se traducirá en menos ingresos tributarios, a esto hay que agregar la caída de los ingresos petroleros por el desplome internacional de sus precios, es decir que durante este 2020 los ingresos del Estado mexicano serán insuficientes para cumplir con el presupuesto.
A principio de año las proyecciones para el crecimiento económico oscilaban entre el 0% y 1%, después de la pandemia del coronavirus y el desplome del precio del petróleo se vislumbra una contracción del PIB, aún es pronto para saber las consecuencias económicas de esta crisis, pero el futuro parece desolador, dadas las medidas y decisiones que se quedan muy cortas por parte del gobierno federal.
Una de las fortalezas de López Obrador, sino es que la más grande, es su eficacia para comunicar y dominar la agenda pública con su repetido discurso y un muy buen manejo y uso de los símbolos. Mientras que las debilidades han radicado en la incapacidad e inflexibilidad del presidente de cambiar de postura, el pésimo desempeño de su inexperto gabinete, los pobres resultados de sus políticas públicas y de las cosas que no puede controlar como la inseguridad y los factores externos, como los ataques de Trump y ahora el manejo de la crisis por el Covid19.
El presente se encuentra nublado y el futuro pinta de peor manera, ya que López Obrador está convencido y empeñado en seguir por el mismo camino, al cual ha autodenominado como la Cuarta Transformación de México, a pesar de que las circunstancias internas y externas han cambiado de manera radical.
El proyecto de transformación que quiere AMLO es demasiado grande para el gobierno que tiene. Y se enfrenta a que su discurso y todos los símbolos que usó y que fueron muy potentes y de gran relevancia, están ahora agotados.
El gran reto de Andrés Manuel es convertir su administración en gobierno y cumplir con las expectativas que generó. Debe reconocer la realidad que enfrenta y asumir el liderazgo, de otra manera, la credibilidad que tiene hoy el discurso del presidente naturalmente irá perdiendo fuerza, si los resultados no lo acompañan.
Por el bien del Presidente y de los mexicanos es momento de acabar con la polarización, el fanatismo y el radicalismo. Es momento y tiene la oportunidad de convocar a la unidad nacional.
@15HugoGuerrero
HUGO GUERRERO / Matices / San Luis Potosí, S.L.P. / Junio 18 de 2020.

