RELACIONADOS

Ser merecedora

¿Cómo sentirte merecedora sin saber exactamente de qué?

Una amiga que es coach me repetía constantemente que las cosas llegarían cuando yo realmente me sintiera merecedora.

¿Pero merecedora de qué? ¿Cómo se llega a serlo? Para mi fue todo un proceso, uno constante, en el que tuve que dejar de lado prácticas que me hacían sentir insegura, menos o no importante. Comencé por esforzarme para llegar a una de las metas de toda mi vida: ser congruente, y ese es todo un tema.

Ser congruente, para mí, significa aplicar a mi vida todo aquel consejo que en algún momento hago llegar a las demás personas, a través de una platica cotidiana, de un taller o de una asesoría para empoderamiento. Parecía sencillo, pero hacerlo significaba ser aún mas consciente de la persona que soy, de mis habilidades y de mis privilegios, pero sobre todo de mis sombras y de mis debilidades.

Ser congruente es sin duda uno de los caminos que me llevo a sentirme merecedora. Significó dejar de ser una víctima de todo lo que implica el sistema; dejar de victimizarme por malas experiencias laborales, familiares y sentimentales. Salir de este papel de novela de televisa donde todo lo malo te pasa a ti y toda la gente conspira para ese fin, el papel de la «pobrecita de mi». Dejé de quejarme de todo, de pensar que me ponían el pie y decidí no ser más esa persona que solo veía peros en todo.

El camino para sentirme merecedora, sin dudas implicó aplicar uno de los consejos que más di este año: competir contra mi misma. Y es que pareciera que la competencia de una mujer, está en otras; eso nos enseñaron, eso replicamos. Dejé de verme en las demás, de compararme, de sentirme especial y no en el buen sentido. Aprendí que en mis compañeras, mis amigas y las mujeres a las que atiendo, puedo encontrar diferencias dentro de las similitudes, que cada experiencia, incluso de violencia, tiene distintos matices. Comprendí que cada una de nosotras vivimos y re significamos nuestras experiencias de forma diversa y a través de distintos medios. Pero sobre todo, entendí que si no me desprendía del dolor que me cause, en base a las decisiones que yo misma tomé, este sería un camino lleno de distracciones y de salidas tangentes.

Sentirme merecedora, además implicó, dejar a personas atrás, sin rencor ni juicios; al menos lo intento. Conllevó a entender que las amistades que un día tuve, hoy no me aportan a la vida que quiero y merezco. Entendí que tener familia, no te obliga a estar incondicionalmente, no si hay personas que no te tratan bien y que te lastiman cada que tienen la oportunidad. Cerré capítulos de mi vida que creía que ya no estaban más y reconocí que había apegos y miedos que tenían nombres de hombres con los que en un pasado me relacioné.

Hubo algo que me costó mucho más: el creer que en verdad había cosas y personas como yo realmente las necesitaba e imaginaba. Y es que, por momentos, creí o me hicieron creer que estaba pidiendo mucho, que quería todo o que esas cosas no pasaban en la vida real. Para esto, mi amiga la coach, no se cansó en repetirme que si había eso que buscaba, que lo iba a encontrar y que lo creyera por sobre todas las cosas. Un día decidí creer y las posibilidades se presentaron, una tras otra, sin pausas, en distintos lugares y con diversas personas.

Las posibilidades no aparecieron por arte de magia, no son parte del «secreto», son parte de una chamba incansable y permanente. Insistir, persistir, resistir y nunca desistir, no solo fue una estampa en mi calendario del trabajo, fue y es una filosofía de vida que me permito repetir todos los días. Cuando esto se volvió parte de mi vida y no una búsqueda constante e inconsciente, la abundancia llegó y sin darme cuenta yo era parte de la abundancia de alguien mas.

Hace unos meses una mujer, a la que le estaba impartiendo un taller, hizo una participación muy valiosa que marcó incluso mi manera de intervenir con otras mujeres. Ella hizo alusión a cuando una sobrecargo te dice que primero tienes que ponerte tú la mascarilla de oxígeno para después ayudar a otras personas. Y es que no puedes dar abundancia si tu no la tienes y no puedes recibir abundancia si tu lo que quieres es estar para otras personas primero que para ti.

Si bien todas las personas necesitamos de otras, es esencial ser para nosotras primero que para otras. Ponernos en primer lugar, antes que cualquier otra persona, es el mejor camino para sentirte merecedora y recibir abundancia.

Gracias Martha, por ser la sobrecargo.

Twitter: @danielaolro

LA BRECHA
LA BRECHA - Información Puntual

POPULARES

article .entry-content p, article .entry-content ul li { text-align: justify; }

Descubre más desde LA BRECHA

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo