
La siembra de rencores empieza a rendir sus primeros frutos, la cosecha es amarga y llena de odio, no quiero tener lo que tú tienes, simplemente me molesta que lo tengas y haré lo que sea necesario para que lo pierdas, esa parece ser la tónica de este sexenio, hay razones de sobra para no confiar en el neoliberalismo, vinieron los tecnócratas y nos ofrecieron un futuro en exceso promisorio, nos abrimos al mundo, llegaron todo tipo de comodidades y trivialidades que disfrutaba la clase obrera de muchas regiones denominadas primer mundo, nos vimos ahí, con pantalla de tv, televisión de paga, casa con jardín al frente y cochera, vehículo utilitario y camioneta, perros y demás mascotas, hijos en escuelas privadas, cines, teatros, restaurantes, franquicias de comida rápida, tiendas departamentales extranjeras, etcétera, etcétera y etcétera, ¿quién no aspira llevar una vida desahogada en los temas económicos? ¿Quién no necesita y aspira viajar y conocer lugares? El gancho era fácil de enviar y mucho más de morder, pero, ¿Acaso fuimos engañados? Es pregunta.
El libre mercado como muchos otros sistemas económicos han tenido vigencia, salen de mentes innovadoras, trabajan en prueba y error, se agotan y probablemente se rebasan con ideas frescas o realidades necias, la gran apertura a los mercados mundiales provocaron una clase empresarial mucho más agresiva y dominante, la economía dictaba la agenda política y determinada que era benéfico y que no, generar riqueza, pero sobre todo concentración monetaria en pocas manos con los índices de pobreza en aumento empezaron a desatar descontento en las clases más oprimidas, esto no es nuevo y no llegó con los neoliberales, si vamos hacia atrás, la independencia, la reforma, la revolución y hoy tienen un común denominador, desigualdad.
En su momento los gachupines, después los conservadores, pasando por hacendados llegamos a los mirreyes, esa aristocracia rancia actual, conformada por herederos de prominentes negocios formados en complicidad con gobiernos corruptos y vástagos de políticos que se convirtieron en empresarios, dan cuenta de sus grandes ingresos en las redes sociales, paseos, autos, yates, relojes, bebidas y puros, son exhibidos como muestra de su poderío económico con el afán de obtener un reconocimiento social al que no se pueden resistir, en algunos peldaños inferiores de la escalera social podrán ser odiados o en otros envidiados y en algunos admirados, algo así como síndrome wannabe, en el mejor de los casos, ¿Qué le falló al sistema? Que no dejaron tantos o suficientes escalones para buscar el ascenso, es decir, millones de mexicanos saben que no importa si se levantan muy temprano y trabajan de sol a sol, sus ingresos jamás llegaran a las desorbitantes cifras que despilfarran unos cuantos pocos en este país, algunos de ellos muy pocos, verán recompensado su esfuerzo aunque no a esos niveles y muchos otros buscaran otras opciones como el delinquir probablemente.
Efectivamente, no es una sociedad justa, hay millones de pobres y millones más en pobreza extrema, pero ¿acaso la mejor estrategia social será depredar todo? No se trata de obedecer y ser sumisos a los intereses económicos, ni mantener el mentado establishment solo para no molestar a los grandes capitales, se trata de seguir generando riqueza y distribuir con sensibilidad pero sobre todo eficacia los ingresos que tiene la nación, odiar por odiar y generar un némesis para tratar de legitimar toda acción de gobierno tiene la connotación más perversa que pueda existir, si creo firmemente que un Ministro de la Corte y un Consejero del INE pueden vivir y sobrevivir a un recorte salarial, los altos salarios no garantizan autonomía absoluta, es la escala de valores la que lo determina, pero no es el recorte en si lo importante sino la intromisión y la pretensión de someter a quienes no han mostrado una lealtad absoluta, durante muchísimos años hemos pugnado por un verdadero respeto entre poderes y una división tangible, probablemente aún no alcanzaba su mayor esplendor pero al menos había esbozos de ello, es muy lamentable que se pretenda dar marcha atrás para imponer un presidencialismo autoritario, en verdad resulta trágico para cualquier sociedad del siglo XXI.
Señor Presidente, Federalismo, División de Poderes, Estado de Derecho, Autonomía, son términos de gran valía para todos los mexicanos, son siglos de conquista, no se pueden dilapidar bajo ningún argumento, si, ofende a muchos mexicanos los grandes salarios de algunos funcionarios, pero también nos debe ofender el despropósito del nuevo presupuesto de egresos de la Federación con recortes a la educación, a políticas transversales y combate a la corrupción, para direccionarlo a gastos de publicidad, mal comienzo, no se tratar de odiar a los ricos, se trata de odiar la pobreza para luchar contra ella y que nadie tenga que padecerla.
HUITZI ORTEGA PÉREZ / Tepantlahtoani / San Luis Potosí, S.L.P. / Diciembre 18 de 2018.

