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¿Y si volvemos a ser niños?

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Se acerca el día del niño y por todos lados vemos a las maestras en las escuelas preparando el festejo de sus alumnos, a las mamás buscando el disfraz que llevarán al festival pero los niños son los que andan más emocionados, más contentos y esperando que llegue su día para comer todas las chucherías, los helados, los dulces y por supuesto los regalos que recibirán.

Los niños con autismo también disfrutan este día y nosotros los papás buscamos que ellos participen en eventos que son los más idóneos para ellos.

Hace algunos años, Adrián no entendía el significado de este día y ahora, después de varios años de asistir a terapias, de trabajar con él explicándole y llevándolo poquito a poquito a los festejos, ahora disfruta, convive, participa y se siente feliz porque sabe que ese día será su día. ¡No hay más!

Adrián en toda la semana ha tenido una serie de actividades dentro de su colegio, comenzamos con una pijamada matutina, después con un desfile de disfraces y ahí va, de rockero renegado como su papá, en sus buenos tiempos. Continuamos con una acampada con todo y fogata y bombones, seguiremos con un desfile pero ahora de disfraces de algún oficio o profesión y como es el copiloto de su papá irá de corredor de motocicletas ¡con todo y casco!

Para terminar el viernes con una ida a comer a un conocido restaurant de pizza que incluye la tarjeta para entrar a los videojuegos.

Precisamente en su colegio encontré una reflexión que me gustó mucho y que creo que es muy oportuna e ilustrativa en esta fecha y que ojalá que podamos seguir algunos de estos puntos en nuestra vida, tan apresurada, presionada, estresada y que nos impide en ocasiones disfrutar de las cosas simples, alegres y sencillas que los niños viven y que les permiten ser tan felices y no tan complicados como nosotros los adultos.

Levantémonos cada día con ganas de aprender. Levantémonos con la motivación de no saber qué pasará mañana.

Sonriamos sin motivo aparente y lloremos para que nos hagan caso.

Tiremos besos a unos y a otros y saludemos sin querer ser correspondidos.

Bailemos sin preocuparnos ni del ritmo ni del compás y sin miedo a que nuestros pies nos hagan caer.

Preguntemos aquello que no sepamos sin miedo a parecer maleducados

Digamos lo que pensamos obviando si es correcto, adecuado o diplomático

Miremos a nuestros padres, abuelos, hermanos, amigos y esperemos un “TE QUIERO” que haga que su gesto se doble

Equivoquémonos tantas veces como castigos puedan imponernos nuestros padres

Emocionémonos al ver un tren llegar…

Agotemos a todos los que nos rodean, corriendo, cantando, jugando y queriendo

Durmamos 10, 11 ò 12 horas sin ningún tipo de remordimiento. Soñemos con que el despertador cambie de melodía y suene ese tono que ponía tu mamá: “cariño, es hora de levantarse”

Pidamos permiso para subir a la cabina de un avión y sintámonos pilotos de nuestra propia vida.

Comamos con las manos y ensuciemos nuestra ropa

Volvamos a emocionarnos con la lluvia y pisemos charcos para “ver si moja”

Exprimamos el día como si fuera el último hasta caernos en los brazos de alguien que sabemos cuidará de nosotros

Probemos de todo y elijamos lo que realmente necesitamos en nuestra vida.

Vivamos de sensaciones y obviemos los pensamientos

Vivamos como si todo esto fuera un juego y no importara el mañana

Nunca dejes de ser un niño, nunca dejes de sentir, amar, llorar, reír, nunca te guardes un TE QUIERO, UN BESO, UNA SONRISA, nunca dejes de aprender, de experimentar, nunca dejes

Que este día sea uno más, nunca dejes de luchar, nunca dejes de soñar y por supuesto, nunca dejes de sentir

Nunca dejes de ser un niño porque ese día dejarás de vivir.

Gocen a sus niños, alarguen lo más que puedan su infancia, vuélvanse niños otra vez. Afortunadamente Dios me permitió tener dos niños que todos los días me hacen reír con sus ocurrencias, que me permiten jugar con ellos como si fuera una niña más, que me hacen cosquillas en la cama, con los que me río viendo las películas infantiles y lloro cuando al personaje favorito le va mal pero que después arregla la situación siendo honesto, sencillo, alegre, generoso y que no permite que los adultos lo hagan infeliz.

Niños que me llenan de besos que van cubiertos con nieve de vainilla y a los que todos los días les agradezco que me hayan elegido como su mamá y que no me permiten que los problemas diarios de los adultos me impidan disfrutar de las cosas más hermosas que los niños nos dan: su desinteresado, eterno, incondicional y único amor.

¡FELIZ DÍA DEL NIÑO!

Nos leemos hasta la siguiente ocasión.

feliz dia-pabletico

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