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Te abrazo pequeña

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Cuando tomé conciencia que tenía más de tres décadas viviendo a base de miedos, me di a la tarea de vivir diferente, trabajo que hasta la fecha es parte de mi diario vivir.
Enfrentar mi realidad me ha costado, aturdido, desesperado, aterrado, me ha dolido hasta el alma; por años me distraje en infinidad de errores con la terrible ignorancia de no darme cuenta cuanto era lo que dañaba a los seres que amo; siempre mostrándome fuerte por fuera, cuando sabía perfectamente que por dentro era el ser humano más débil…Mujer con cicatrices, marcas, defectos, desperfectos, líneas que como arrugas fueron fisurando mi alma, fueron arrugando mi corazón, fueron apagando mi amor propio que en realidad era casi nulo, y con los años enterraba mi autoestima.
A lo largo de mi vida he tenido infinidad de lecciones y debo confesar que me duele aceptar que a pesar de tanta lección “aprendida” quedan secuelas permanentes en esta diferente mujer, en esta tan diferente alma.
Existe algún tipo de consuelo, no puedo negarlo, las lecciones aprendidas me ayudan a recordar lo que he sufrido por aprender…sólo por aprender y sé que debo salir adelante.
Debo aceptar que no me ha sido fácil hacer cambios, no me ha sido fácil trabajar para que no me importe lo que piensen de mí. A mis 47 años me impacta el poder que ejerce para bien o para mal la familia en cada ser humano, y con eso recuerdo el egoísmo que me acompañó durante tanto tiempo y el daño que les causé a los míos, daño que hasta el día de hoy trato de enmendar.
Ahora que soy una adulta trabajando continuamente en sanar mi alma, me asusta darme cuenta que es un trabajo para toda la vida, que estoy llena de emociones, y muchas de ellas dañan mi diario vivir, constantemente necesito soltar, necesito dejar de ser metiche…si, como lo lees, METICHE.
Yo no puedo ser salvadora de nadie más que de mi propia existencia, tengo derecho a sentir, a reclamar, a enojarme cuando me sienta en peligro, a exigir respeto, a defender como una leona lo que estuve a punto de perder por culpa de mi egoísmo, y también aprender a retirarme a tiempo.
Necesito cuidarme; es válido irse de algunos lugares, eso es cuidarme, Alejarme de alguna personas, también es cuidarme, cerrar algunas puertas, eso también es cuidarme.
Jamás imaginé que a casi nada de llegar a la edad de oro (si me es permitido), me toparía nuevamente con la niña de 8 años asustada, rechazada, ignorada, desplazada, retraída. Venga pequeña, no te sueltes de mí, hemos pasado peores días, otra lección más, y mira que mientras tengamos vida vendrán muchas más.
TE ABRAZO MI PEQUEÑA.

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