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“De chairos, fresas y juventudes rotas”

carlos-arreola-mallol-El Crisol-600xCARLOS ARREOLA MALLOL / El Crisol / San Luis Potosí, S.L.P.
Es ya un mantra decir que los jóvenes son el futuro del país, también que somos apáticos y que no participamos, que en nuestras manos está el cambio que hará florecer a México.
Se habla desde el ´68 hasta el #YoSoy132 con añoranza y un toque de nostalgia, pareciera que los nuevos adultos extrañan las épocas contestatarias y rebeldes, que quienes vivimos en la actual pasividad no somos ni la cuarta parte de lo que ellos eran, que como dice un amigo: “Les hacen ¡BU! Y se espantan” y hasta cierto punto tienen razón.
Pero el desacreditar los esfuerzos o las formas de organización actuales de las juventudes por su poca actitud contra régimen o tacharles de reformistas es, a mi parecer, un análisis muy ligero. El tema obedece a modelos y a políticas ya no solo de Estado, sino hasta de instituciones educativas.
Ahora la contestación o el no alinearse se paga con el descredito y con la burla, a la vez que la obediencia se paga muy bien, en un afán meritocrata que es en realidad mera sumisión, eso se ha vuelto un discurso que hemos asumido como real y no cuestionable. La alienación a los modelos es tal que ha llegado a las relaciones entre personas, al tema, a las juventudes.
Es mayoritaria la burla a los revolucionarios de teclado o a quien asume posiciones en contra de cualquier cosa, ahora está de moda decirle “Chairo” a todo lo que asuma si quiera una posición crítica y eso desacredita a cualquier persona por si, sin intentar leer su argumento, esta falacia ad-hominem, que entiende que lo que tú digas no vale por ser quien eres, no importa en realidad el contenido de tu mensaje, así pues aplica en sentido inverso, el descredito de cualquier opinión o posición política por su capacidad económica o por su forma de vestir, los fresas contra la banda, o la prole contra los curros, son siempre posiciones ilusorias, que ni son reales ni abonan en nada más que en la desarticulación y la inactividad de las juventudes, para seguir siendo no más que mano de obra barata o un jugoso botín electoral.
Con eso no busco asumir una posición de consenso liberal que busque la unidad por sobre todas las cosas, el miedo al disenso solo crea dictaduras, más bien hacer visible que de la diferencia se nutre la democracia y podemos ir construyendo nuevas rutas y nuevas formas de organización, llamar a discutir ideas y argumentos, dejando de lado la calumnia y la tiradera. Reconocernos como diferentes y contrastar proyectos, para optar entre ellos es algo que abonaría mucho a la calidad de nuestra democracia.
Mientras las juventudes sigan desarticuladas y más preocupadas por criticar o burlarse de lo que hace el de al lado que por realmente escucharle, nada va a cambiar. Es muy válida la posición política que asuma cada persona, así como al grupo, partido, asociación con quien participe, eso es incuestionable por ser una decisión personal, sobre las ideas y los proyectos el debate, con el respeto por bandera y la común idea de transformar nuestra realidad.
@Arre_ola

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