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Los “híbridos”

ADRIANA OCHOA / La Cábala / San Luis Potosí, S.L.P.

otras vocesPara contrariedad del priismo más ortodoxo, la historia de los últimos veinte años en las urnas para gobernador subraya una tendencia apartada del candidato con el logo tricolor marcado en su ADN. Los ganadores cada seis años en San Luis son perfiles con menos fe militante, incluyentes y más color social.

Tanto como el priismo potosino se ilusiona cada seis años porque le envíen un candidato a gobernador tricolor hasta la médula, la experiencia desde hace veinte años confirma una secuencia de jefes políticos apenas con el suficiente teñido priista para moverse con soltura y garantizar la gobernabilidad.

No se trata de una cualidad tangencial, ni de aporte menor. Todos, desde Horacio Sánchez Unzueta, le deben la gubernatura precisamente a su condición de “pintaditos”, como esa cuba rebajada con agua mineral.

Si Sánchez Unzueta no estuviera emparentado con el doctor Salvador Nava Martínez, no habría conseguido la candidatura priista a gobernador en el tiempo en que se le concedió.

Era la época de la ingobernabilidad y los gobernadores interinos. Para los navistas fue perversidad del sistema que se nominara al yerno de su líder civilista; para otros fue una medida objetivamente atinada para estabilizar por fin a la conflictuada entidad.

Hubo priistas de la línea ortodoxa a quienes no les gustó el candidato, menos aún la participación de no priistas en la administración estatal. “Ganamos la elección pero perdimos el gobierno”, reprochaban con amargura.

No les gustaba la hija del doctor Nava, Concepción Guadalupe, en el DIF. Y les escandalizaba la presencia de colaboradores navistas como el escultor Gilberto Estrada, Salvador Calvillo Alonso o Xenia Bandín. Cuestionaban el priismo de Sánchez Unzueta desde la misma mirada excluyente que fue desbastando al PRI ante la sociedad: el ganador se lleva todo y no caben los demás.

Por donde se le vea, el sistema acertó para fines de mantener la gubernatura bajo el signo del partido oficial y encaminar a la entidad a su estabilización.

Con Fernando Silva Nieto, no emparentado pero sí amistado con el navismo, la misma cosa. No debió ser muy difícil para el habilidoso Horacio convencer en Los Pinos que volver al perfil de un candidato “ortodoxo” a la gubernatura era poner en riesgo el proceso de pacificación de la entidad. Silva Nieto fue un priista suave que llevaba muy mal los conflictos, tal vez por eso los evitaba. En las negociaciones para que el doctor Nava abandonara su “Marcha de la dignidad” a la ciudad de México, Fernando Silva era el emisario, junto con el intelectual Enrique Márquez Jaramillo.

El modelito lo agarró con éxito un grupo de empresarios, algunos de ellos priistas, que idearon e impulsaron por el PAN la candidatura de un hombre de negocios que participaba en el PRI, pero al que la ortodoxia priista nunca midió más allá de considerar sus servicios como contable, comisario, aportador para las campañas. Marcelo de los Santos Fraga fue un candidato a gobernador “híbrido” con aplicación a favor del PAN, aunque su panismo no fue más allá de la praxis, para molestia de los doctrinarios y blanquiazules de “la brega de eternidades”.

Contable y comisario de muchas empresas, Marcelo acarreó al doctrinal panismo potosino los votos de un sector empresarial y de profesionistas libres que de haber otra figura no habrían volteado a ver el proyecto.

Curiosamente el mismo reproche que los priistas hacían a la era Horacio Sánchez, los hacían los panistas tradicionales a Marcelo de los Santos porque su gabinete no tenía figuras blanquiazules de vieja data. “Ganamos la elección pero perdimos el gobierno”, o los puestos relevantes del Gobierno del Estado. Su vocera misma, María Luis Paulín, lo fue antes del PRI y de un Congreso de mayoría priista.

Práctico, poco dado a perderse en posturas ideológicas, Marcelo mantuvo la gobernabilidad.

Por más historial priista que presuma, Fernando Toranzo Fernández es otro caso de carta híbrida exitosa en las urnas y para el único y relevante fin de ganar elecciones.

A diputado local por Valles, Toranzo llegó más impulsado por su carrera de servicio en el sector Salud que por el partido. Necesitaba el PRI un candidato de pegada para una elección que se veía competida y no se dudó en capitalizar la trayectoria del médico en la región, aunque tuviera antecedentes discretos como admirador y simpatizante de Salvador Nava Martínez.

Como diputado, Toranzo no se distinguió por expresiones de fe tricolor. Se dedicó a la gestoría y no se metió en retorceduras ideológicas.

Cuando le preguntaban a Marcelo de los Santos porque reclutó a un priista como secretario de Salud, explicaba que el gobierno federal panista le pidió bajar unos indicadores infames en salud pública y entonces alguien le recomendó a Toranzo. El ahora gobernador fue con Marcelo un funcionario dócil.

La trayectoria como médico lo volvió a poner en el camino de una candidatura, la de gobernador, aunque el priismo ortodoxo levantara la ceja y promoviera otra opción. Fue su presencia social lo que le dio la candidatura, no su militancia apenas perceptible. La dirigente nacional del PRI, Beatriz Paredes Rangel, no confiaba del todo. Generaba muchas rispideces su falta “de formación” como priista, como político en general.

Para la sucesión de Toranzo, la capacidad de moverse con soltura en otros espacios políticos diferentes al PRI hace ruido en el priismo. De nuevo las bases tricolores quieren un priista de subrayada fe militante y esta aspiración tiene competencia.

El primero en promover es el propio gobernador. Dice que no impulsa a nadie, pero hace de la vista gorda, lo menos, con su secretario de Educación, Juan Manuel Carreras López.

Priista de coloratura discreta, amigo personal de Felipe Calderón Hinojosa, apoyó a éste públicamente como candidato presidencial panista y se fue a trabajar con él al gobierno federal, primero en Corett y luego en el Fideicomiso para el Ahorro de la Energía Eléctrica (FIDE). No ocupó puestos de primera línea, pero era invitado a las cenas de primer círculo de Calderón, las no oficiales, de cuates-cuates.

Un priismo duro se expresa “agraviado” porque Carreras haya hecho fe pública por un candidato presidencial de otro partido, y se haya ido a trabajar con él, pero al jefe político del Estado ni ruido le hace el antecedente. “El Güero” Carreras tiene además el impulso de figuras de influencia en el gobierno peñista.

Dicen que Marcelo de los Santos lo recuerda como el discreto “enviado” del calderonismo a la reunión que sostuvo con un Toranzo ya gobernador, promovida por Gobernación después que el panista le enderezó un desplegado en el que le respondía las acusaciones de haber endeudado al estado. Con todo y que el de la investidura era Toranzo, el ex gobernador fue el de la voz.

Un grupo de empresarios promueve también una carta híbrida, a su manera, la del empresario Juan Carlos Valladares. Priista, pero no político; de más peso social que historial militante. No tendría problema en jalar a su proyecto el apoyo de otros empresarios que se han distinguido por apoyar campañas panistas, ni de panistas molestos con el control del “Círculo azul” en el partido.

El titular de la Policía Federal, Enrique Galindo Ceballos, tampoco tiene problemas para moverse en bandos políticos diversos. Trabajó en administraciones panistas, es amigo del senador Octavio Pedroza Gaitán e incluso tiene a panistas entre sus colaboradores.

El presidente nacional del PRI vino a decir ayer que no hay nada para nadie. Y los priistas a dale y dale que quieren un tricolor de matraca en ristre, aunque los contradigan veinte años de historia.

Rollos Sueltos

AZULES ELIGEN. A sus candidatos a alcaldes y a diputados locales. En el proceso para definir abanderado por la capital los propios panistas no ven sorpresas: de Xavier Azuara y Miguel Maza, perciben una tendencia para el primero. Les preocupa que esta elección interna es demasiado temprana y deja abierto un largo espacio para el golpeteo.

DISTRITOS CAPITALINOS. Por los cuatro distritos capitalinos, la justa interna trae apuestas para unos y reservas por incertidumbre para otros. Por el V distrito van Víctor Sánchez Aguilar, Ana Mérida Trejo Ocaña y Moisés Rodríguez Tobías. El que salga debe ser muy competitivo, pues el distrito lo tiene el PRI desde hace dos elecciones.

MUY PELEADO. Para el distrito VI, se inscribieron cinco aspirantes: el ex presidente del comité municipal Juan Manuel Arredondo Ramírez, el diputado federal Felipe Almaguer Torres, Carlos Hernández Lara, Ulises Gómez Meraz y Miguel Jaime de Jesús López Mosqueda. Almaguer es la carta fuerte.

EL DE LUJO. Por el séptimo, otros cinco: Luis Ángel Olivares Guzmán, del grupo del diputado Rubén Guajardo; el zapatista David Antonio Servín Becerril; el ex dirigente municipal Mariano Niño Martínez; Alejandro Colunga Luna y, dicen que impulsado por el “Círculo Azul”, Hugo Almanza López.

EL DE LAS DAMAS. Para el octavo, una competencia que garantiza al PAN cuota de género: Brenda Toledo Coronado, empleada de la Secretaría General del Ayuntamiento a quien el regidor Gerardo Aldaco acusó de usar una incapacidad médica para irse a hacer campaña, y María Antonieta Ojeda Castillo, dedicada al comercio y una de las operadoras del grupo de Rubén Guajardo.

MUCHO INTERÉS. Entre los muchos asuntos que seguramente tiene pendientes de resolver en su agenda la delegación de la PGR, “eligió” subirse en el caso del notario suspendido Gerardo Parra Dávalos. El fedatario había ganado dos amparos contra la suspensión del fiat que le aplicó Gobierno del Estado.

CAIRELES LEGALOIDES. Y de la nada que la PGR decide meterse en la decisión del juez federal, una de las facultades que menos mueve, con un alegato de crisoles arrebolados y machincuepas sorprendentes. Entre sus gracias por ejemplo está alegar que el fiat es “una prerrogativa” y echa por debajo los amparos de Parra Dávila.

A PROPOS. El exclusivo colegio notarial se apresta a elegir presidente en enero y se perfila un agarrón con tufo PRI contra PAN. Por un lado, el actual presidente, Antonio Ávila Chalita, se quiere reelegir, mientras que el ex secretario general de gobierno Alfonso Castillo Machuca y el notario Mauricio Mier Padrón, promueven a Roberto Castañón.

EN JUEGO. Esta elección es particularmente interesante porque el Gobierno necesita meter sus manotas para repartir su cuota sexenal de notarías a algunos de sus más conspicuos colaboradores. El examen depende del Colegio de Notarios porque aporta dos de tres votos; el otro es del Gobierno. O sea, en contubernio con Gobierno, los fedatarios de camiseta oficialista necesitan garantizar dos sinodales “barcos” por aspirante “recomendado”. Y si no, al tiempo.

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