RICARDO HOMS / Irreverente-mente / México, D.F.
Que se haya recurrido a la imagen de Lázaro Cárdenas para argumentar temas de la reforma energética ha puesto en el centro de discusión la figura de este presidente de la república.
Que en la Cámara de Senadores quienes representan a la izquierda llevasen una imagen fotográfica de él de cuerpo entero, confirma la importancia de su papel histórico.
Sin embargo, la polémica en torno a este personaje la desató el expresidente del PAN, Germán Martínez Cázares, quien al ver que los legisladores de izquierda utilizaban la figura de este presidente para fortalecer su postura de rechazo a la reforma energética, publicó en el periódico Reforma un artículo titulado «Cárdenas ha muerto», en que lo presenta como impulsor de la «cultura estatizadora, colectivista y presidencialista» y a lo largo de su artículo lo retrata como populista y responsable de las políticas que han frenado el desarrollo de México.
La visión de Martínez Cázares y de quienes piensan de forma tan radical como él, -así como la polémica desatada por quienes criticaron esta postura anticardenista-, y la actitud de los grupos opositores que lo toman como referente ideológico para calificar como atentado a la soberanía nacional la reforma energética, reflejan una actitud recurrente en la política mexicana, de tratar de resolver el futuro de nuestro país a través de clichés ideológicos.
Las actitudes pasionales de ambos extremos ideológicos son un lastre para poder dar respuestas oportunas y adecuadas a las oportunidades que hoy enfrenta México en el contexto de este mundo globalizado.
No se debe calificar la actuación de los personajes que marcaron la historia de este país con una actitud tan superficial e infantil como si fuesen parte de un mundo de «historietas de superhéroes», donde los buenos y los malos siempre están en los extremos; unos son 100% buenos y otros 100% malos, cuando la realidad nos muestra que las personas actuamos a través de claroscuros, con aciertos y errores y para calificar de forma definitiva la actuación de una figura pública debemos someter el impacto de lo logrado a la medición de una balanza, esperando encontrar que lo bueno sea mayor que lo malo.
El criterio de evaluación debe interpretarse de acuerdo al planteamiento puntual que definió el filósofo español José Ortega y Gasset: «Yo soy yo y mi circunstancia».
A Lázaro Cárdenas del Río debemos juzgarlo en el contexto social y político de sus decisiones en el momento que las tomó como presidente y no por sus declaraciones posteriores, vertidas a lo largo de su vida como las externaría cualquier ciudadano.
En el contexto social, político y económico de los años treinta, -cuando gobernó-, Cárdenas dio respuesta a las circunstancias prevalecientes en México y el mundo y debemos reconocer en él a un gran estadista, pragmático.
La expropiación petrolera de 1936, -sin justificaciones ideológicas de uno u otro perfil-, fue un acto de gobierno oportuno y visionario; cortar de tajo con las prerrogativas ilimitadas que ejercían las compañías petroleras de esa época, lo cual ya no tiene punto de comparación con las circunstancias de las grandes corporaciones petroleras que hoy compiten en un mundo altamente regulado jurídicamente y por las condicionantes de mercado.
La visión humanista de Lázaro Cárdenas frente al drama humano que se vivió en la España convulsionada por la guerra civil tuvo gran «visión de estado», y hoy que se conmemora al exilio español y su impacto positivo en la vida de este país, vemos que fue una gran decisión política, motivada por razones humanitarias, pero consciente de que el perfil de los exiliados sería de alto impacto para fortalecer con gente preparada a este país que se estaba modernizando.
Esta visión pragmática de Cárdenas se refleja en las instrucciones y comunicaciones sostenidas con su secretario de gobernación Ignacio García Téllez, respecto a este tema.
La UNAM y la educación en el México de esa época se vio fortalecida por la llegada de importantes intelectuales que se exiliaron en México y hoy vemos que han dejado un gran legado cultural. Muchas de las grandes corporaciones mexicanas que son importantes para la economía de México fueron fundadas por esos exilados. Como estos dos ejemplos, hay muchos en otros ámbitos.
El manejo de la política exterior de Lázaro Cárdenas dio presencia a México como actor con liderazgo, lo cual se fue consolidando en los años posteriores al término de su mandato presidencial.
Las decisiones agrarias tomadas por Lázaro Cárdenas respondieron a las condicionantes de un México post revolucionario y a las influencias ideológicas prevalecientes en el mundo en ese momento.
Debemos considerar que las actuaciones políticas y sociales siempre deben evaluarse en el contexto y las condicionantes a las cuales respondieron y nunca fuera de él, pues cuando cambian las condiciones del entorno, las respuestas seguramente deben ser diferentes.
Las declaraciones vertidas años después por el ciudadano Lázaro Cárdenas, -en otro contexto de país-, son significativas pero no determinantes para evaluar su figura y menos aún como referente para las decisiones políticas presentes, pues son las opiniones de un ciudadanos como usted lector y las mías propias.
Por lo anterior, es una aberración política que líderes políticos y sociales de hoy, pretendan que las decisiones que determinarán el futuro de México, -y debiesen ser tomadas en el contexto de hoy-, consideren como un referente determinante al criterio presidencial de hace más de setenta años.
El futuro de México debe ser encarado con un criterio de hoy y una visión futurista, no de pasado.
Por favor, dejemos a Lázaro Cárdenas en el pedestal que le corresponde como un gran estadista, -que lo fue en su momento- y a su legado como un referente histórico y no pretendamos que su criterio nos de rumbo para construir al México del futuro.

