ROBERTO ROMÁN ARIAS / Fuego graneado / Villahermosa, Tabasco.
Transcurrido el periodo electoral y declararse ganadores o perdedores, los partidos políticos salen de la escena pública. Los antes candidatos y que se elevan como triunfadores en los comicios, se retiran a gozar de las prebendas y las jugosas dietas por la que tanto soñaron. De igual manera, los perdedores se retiran, muchos a mascullar su mala suerte, y otros a gozar también de buenos espacios en los que son ubicados como funcionarios públicos.
Durante ese largo periodo de casi tres años, sólo tienen vida pública a través de la prensa, si algún ciudadano pretende localizarlos para pedirle que cumplan con sus promesas, seguramente nunca podrá lograrlo, ya que se convierten en seres ilocalizables detrás de sus oficinas como funcionarios. Otros que corren con mala suerte de no tener ni un espacio en el presupuesto, se desaparecen para siempre del mapa.
No obstante, al acercarse las fechas del calendario político, todos comienzan a reaparecer. Salen de sus cubiles, de sus cubículos, dan entrevistas, acuden a los cafés, se hacen presente en eventos de todo tipo, y declaran tener aspiraciones, que no los descarten, que consultarán a sus seguidores si ellos aprueban y si le dan permiso para ser candidatos, se dicen defensores patrios, héroes de alguna revolución imaginaria, y comienzan a ofrecer, a prometer, a futurear, a pregonarse los superhéreos que vendrán a componer a este país desmedrado.
En Tabasco, durante el periodo cercano a campañas y durante las mismas, como por arte de magia, en una especie de generación espontánea en los últimos años, comienzan a surgir asociaciones de todo tipo y hasta fundaciones. Extrañamente también quienes dirigen las fundaciones y las asociaciones son los aspirantes a puestos públicos de elección popular, recorren colonias, poblados, villas en busca de adeptos; comienzan a pregonarse como seres filantrópicos cuyas asociaciones y fundaciones tienen el propósito de dar “regalos” sin condiciones, sólo a cambio de una copia de la credencial de elector, del compromiso de apoyar al líder de la asociación y de integrarse a la asociación, nada más.
En realidad esas asociaciones y fundaciones no regalan nada a nadie, sólo mantienen cautivos a quienes se creen el engaño, durante los pocos meses que dura la época electoral, para tenerlos como posibles electores potenciales a favor del líder.
Y así como aparecen las asociaciones y fundaciones durante el periodo de campaña y elecciones, súbitamente desaparecen al concluir la jornada electoral. Las puertas de los locales se cierran y desapareceren quienes se pregonaban filantrópicos. Se hace imposible localizarlos.
Durante esa época pueden venirse todas las catástrofes habidas y por haber, pero en ninguna de ellas aparecerá algún filántropo regalando cosas, auxiliando a la población, ni siquiera para tomarse la foto; no habrá declaraciones a la prensa, la población clamará por ayuda y todos estarán desaparecidos.
Así se mueve el submundo de los aspirantes a elección popular, así es la realidad política, así se hace política “profesional” en nuestro país y sobre todo en Tabasco.

